En menos de 30 minutos el cielo descargó toda su furia sobre las comarcas de la Serranía y La Manchuela. Viento huracanado, granizo de gran tamaño, lluvias torrenciales y un fenómeno que muchos definen como “una especie de tornado” convirtieron la tarde del jueves 24 de julio en una pesadilla para los vecinos de Sisante, Casas de Benítez, La Pesquera y Minglanilla, donde los campos han quedado arrasados y las localidades han registrado amplios daños materiales.
En Sisante, el epicentro de la tormenta, los daños son desoladores. Daniel Villanueva, concejal de Desarrollo Rural, Agricultura y Riego y agricultor, pone cifras a la tragedia que ha destrozado las hectáreas de viña, olivo y almendro, que fundamentan el ecosistema agrario de la zona. Villanueva ha señalado que «lo que ha quedado es muy poco», especialmente de las viñas, que tal y como afirma el concejal han quedado «insalvables» prácticamente en su totalidad. Entre viñas, olivas y almendros el concejal cifra las pérdidas en «unos 15 o 16 millones de euros».
Por su parte, Pedro Garde, alcalde del municipio confirma que el daño en el campo «llega desde el pueblo hasta la carretera de Benítez» y que en las primeras previsiones los agricultores han cifrado las pérdidas «entre 10 y 12 millones de euros». Del mismo modo en el municipio han quedado deteriorados «tejados, ventanas y persianas» entre otros objetos personales. Garde asegura que, aunque se reunirán con los damnificados van a cursas las solicitudes para solicitar que se declare la zona catastrófica.



El campo no ha sido el único damnificado. En La Pesquera, el vendaval se llevó techos, muros y placas solares e incluso el muro del campo de fútbol municipal, que ha quedado «completamente destruido», según refiere la teniente de alcalde, Mercedes Benítez. Ella asegura que los tejados de uralita que quedaron «llenos de agujeros» e incluso las portadas que se habían colocado recientemente en el colegio. La fuerte tromba de agua, con grandes cantidades de granizo desembocaron en lo que la teniente de alcalde ha definido como «una especie de tornado». Aunque no hay que lamentar daños personales graves, Benítez ha comentado que dos jóvenes que fueron sorprendidas por la tormenta «a pocos metros de llegar al pueblo» han resultado magulladas. La teniente de alcalde explica que al igual que Sisante solicitarán la zona catastrófica, para lo que están pidiendo a todos los vecinos que registren los daños causados por la tormenta y les hagan fotografías a los desperfectos.



También en Casas de Benítez se vivió una situación similar. Samuel Mondéjar, alcalde del municipio explica los múltiples daños que sufrió el pueblo debido al «tornado» que, asegura «levantó la cubierta del polideportivo, rompió placas solares y tejados». La situación en el campo es aún más desoladora donde «la viña y el olivo han quedado arrasados, en algunas zonas, ni los sarmientos han quedado en pie”. En este caso «el epicentro estuvo a unos 2 o 3 kilómetros del pueblo», según afirma el alcalde. A pesar de ello, el primer edil del municipio aseguraba que han tenido que trabajar «para que los edificios oficiales pudieran abrir hoy». Por todo ello, Casas de Benítez se une a los municipios que solicitarán la zona catastrófica.
En Minglanilla, Iñaki Puig concejal de Agricultura, Medio Ambiente, Industria y Empleo ha pasado la mañana recorriendo el término municipal y observando los daños, que han sido especialmente acusados en el paraje del llano de Contreras. Este municipio ha optado por la cautela como estrategia ante la situación desoladora de los municipios vecinos y que, según Puig «aquí, en principio, no ha llegado a tanto», por lo que, por el momento y ante datos que el concejal no quiere precipitarse a la hora de dar, no tienen previsto solicitar la zona catastrófica.
Economía destruida e incertidumbre ante las compensaciones que se puedan percibir
El golpe económico es brutal. En pueblos como Casas de Benítez o Sisante, más del 90% de la economía depende directamente de la agricultura y Minglanilla también es «un pueblo de agricultores» según su concejal, en el que «600 familias trabajan en la cooperativa». En esa suerte de zona cero, el punto caliente de la tormenta fue un paraje llamado Meco que, aunque se encuentra en el término municipal de Sisante, «lo trabajan en su mayoría vecinos del pueblo», indica el alcalde benicense.
La situación en el campo es tan delicada que los agricultores sitúan a los seguros agrarios están en el punto de mira. Daniel, el concejal-agricultor denuncia los elevados precios que cuesta contratar un servicio de estas características, cifrado en «30.000 o 35.000 euros». En sus cuentas, el sisanteño denuncia que «con suerte te dan 50.000, pero ya te has gastado 35.000. ¿Qué recuperas? Nada. Es una vergüenza».
Todo ello desemboca en frustración general y el miedo a que la acción institucional sea insuficiente. En todos los pueblos afectados se están recogiendo fotos y vídeos para justificar la petición de zona catastrófica. Las imágenes que llegan muestran campos anegados, racimos reventados por el granizo, techos derrumbados, muros destruidos y cosechas sepultadas bajo barro.
Un verano cruel para una comarca agrícola
Este verano parecía prometedor en una zona que «se había salvado» de los reveses meteorológicos. La cosecha del cereal consiguió salir hacia delante a pesar de las inclemencias, pero ahora el desastre se ha cebado con estos pueblos en el peor momento posible, a apenas un mes de la vendimia. Daniel Villanueva tira de refranero y hace el que quizá sea el mejor resumen de la situación concluyendo: «decimos por aquí que ‘se ha chuscarrado la clara y ha quedado la yema’. Esta vez no nos hemos librado. Nos ha tocado de lleno».














