LUX IN TENEBRIS; audacia, riesgo y espiritualidad

Crítica de Manuel Millán de las Heras del nuevo espectáculo de luz y sonido que se presenta estos días en el Monstario de Uclés

Vivimos tiempos convulsos. La crisis, la pandemia y una guerra en Europa han trastocado nuestra sociedad y nuestros valores. También sabemos que son justamente esos tiempos de crisis los que ayudan a germinar proyectos arriesgados, trascendentes y comprometidos con la creación.

La Fundación Fernando Núñez es la encargada de gestionar uno de los monumentos más impresionantes de la provincia de Cuenca: el monasterio de Uclés. En su propósito de revitalizar un espacio de 14.000 m² ha iniciado una aventura arriesgada y sin concesiones, que aúna la música con criterios historicistas y la vanguardia creativa, tanto teatral como visual. El primer resultado lo pudimos disfrutar el Jueves Santo, con unos oficios de tinieblas diferentes e inolvidables.

Los oficios de Uclés fueron una experiencia total. No se trataba de un simple concierto ni de una preparación personal para vivir la pasión y muerte de Cristo. Nos encontramos ante un trabajo audiovisual impactante, basado en fotografías de Santiago Torralba sobre la catedral y el museo. No hablamos de fotografía tradicional, sino la recreación expresiva de los detalles más nimios, buscando el movimiento, el dolor y la muerte. El trabajo realizado por Ana Yedros, Mercè Rodríguez y Josep Maria Mañé se compaginó con la interpretación musical de la Academia de los Nocturnos y la Ensemble La Danserye, mientras que el teatro de Eusebio Calonge componía un contrapunto terrenal, temeroso y agnóstico, magníficamente interpretado por la actriz Laura Gómez-Lacueva.

El conjunto creativo se adentraba en un espacio tan bello como el monasterio, con un frío que se calaba poco a poco. Ahí es donde los cuerpos experimentaban una nueva dimensión, que podía ser incómoda o un suplemento de misticismo. Cada cual lo sintió diferente, pero pocos lo olvidarán.

Centrándonos en la faceta musical, la selección de obras fue realizada por Miguel Ángel Albares y contrapuso los responsorios de Tomás Luis de Victoria con las lamentaciones de Cristóbal de Morales, el canto llano toledano, las prácticas polifónicas improvisadas del fabordón, ministriles y la música renacentista de la Colección de Uclés. Tanto el conjunto vocal la Academia de los Nocturnos como el Ensemble La Danserye tuvieron que luchar contra el frío, importante enemigo para los músicos. Ello fue la causa de los primeros desajustes, tempranamente corregidos por un buen hacer constante y el profundo conocimiento de estilo, que demostraron en los fabordones homofónicos, en los organum melismáticos y en la libertad ornamental. Sólo se silenciaban cuando el monólogo de la muerte y la duda tomaba el escenario en un contraste extremo, actual y eterno.

Lux in Tenebris es una apuesta diferente que asume el riesgo con valentía y profesionalidad. Preveo un gran futuro para esta isla de personalidad y aventura en un mundo inestable y por momentos banal.


MANUEL MILLÁN DE LAS HERAS