La prevención del suicidio continúa siendo uno de los retos más urgentes en materia de salud pública pues ya se trata de la primera causa de muerte no natural en España según datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Un asunto que desde las organizaciones y entidades como Cruz Roja se toman con especial seriedad a través de diferentes recursos y la formación de profesionales que pueden enfrentarse a situaciones de tentativa de autolisis con final fatal. Desde la sede local de la entidad apuntan que, aunque las cifras globales son desgarradoras puede llegar a percibirse como algo lejano que golpea en entornos hiperurbanizados pero que tiene poco o nulo impacto en la provincia de Cuenca, sin embargo nada más lejos de la realidad pues según refiere Marta del Pozo, coordinadora provincial de Cruz Roja en Cuenca, «las cifras son una realidad que puede transponerse directamente tanto al ámbito provincial como al local».
Del Pozo recuerda que en el año 2023 en España fallecieron más de 4.000 personas por esta causa y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se cifran en cerca de 800.000 las personas que pierden la vida como consecuencia del suicidio; unos números con nombres propios tras ellos que se vuelven aún más escalofriantes teniendo en cuenta que «aproximadamente hay un intento de suicidio cada tres segundos», señala Del Pozo. Acercando el mapa a la región y la provincia, la coordinadora provincial de la entidad subraya que «el suicidio es un tema que tiene una incidencia muy alta», una máxima que ejemplifica apuntando que como parte del convenio que mantienen en esta materia con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en ciertas temporadas reciben varios avisos de suicidio en la región «todas las semanas».
El suicidio cuenta con una «incidencia elevada» en la provincia de Cuenca
Esta situación, subraya la coordinadora provincial, no entiende de perfiles ni hay nadie ajeno a ella, pues desde la entidad han atendido todo tipo de casos en la provincia, desde personas jóvenes hasta personas de avanzada edad que habían decidido acabar con su vida. En este sentido, Del Pozo apunta los datos que maneja que, aunque subraya que «son muy sesgados, porque no se trata de las actuaciones globales de suicidio en la provincia, sino en las que ha participado Cruz Roja», la mayoría de sus intervenciones se han centrado en varones de todas las edades. Entre los principales factores que llevan a una persona a este punto, la coordinadora provincial ha señalado la falta de bienestar emocional, los estilos de vida actuales por la falta de cuidado a la salud mental y balance, los roles de género vinculados a las convicciones sociales del blindaje emocional masculino o la fortaleza de la mujer como el alma del hogar, la desesperanza y la soledad no deseada como algunos de los factores clave que desembocan en el suicidio.
En una provincia como la de Cuenca, que batalla con la despoblación en un entorno con los núcleos de población de mayoría rural y especialmente alejados entre sí y con una mayoría de población de edad avanzada, Del Pozo apunta que desde la entidad conocoen de primera mano la realidad y que su principal objetivo siempre es dar respuesta a las dificultades que se encuentran en la realidad del entorno, por ello trabajan la soledad no deseada de forma continua y despliegan una estrategia para la España despoblada cuyo objetivo es el llegar a todos esos municipios con menos población y que «en ocasiones cuentan con menos recursos para identificar todas las dificultades que existan y darles respuesta», ya sea con con recursos propios o derivando y acompañando a los recursos que sean necesarios. Precisamente sobre la soledad no deseada trabajan con especial ahínco desde la entidad pues, apunta Del Pozo, que cuando alguien se encuentra en estas circunstancias «es más difícil que pida ayuda y que se acerquen a los recursos de apoyo necesarios», una problemática que la coordinadora asegura que «no tiene edad aunque normalmente se asocia a las personas mayores» y que cada vez tiene más incidencia en personas jóvenes.
Cómo actuar y detectar un posible caso de tentativa de suicidio
Teniendo en cuenta la situación geográfica de la provincia, muchas veces son las personas cercanas, como familiares o vecinos, quienes hacen esa ‘primera barrera’ clave en la detección de casos, personas que, en su mayoría no están formadas ni cuentan con la información necesaria para manejar la situación. Del Pozo señala como las señales más comune de alarma para una tentativa de suicidio que la persona utilice expresiones directas sobre querer suicidarse, así como comentarios del tipo “soy una carga”, “no valgo para nada” o “mi vida no tiene sentido”. Del Pozo también apunta la sensación persistente de desesperanza y visión totalmente negativa del futuro, el aislamiento social, el desinterés por aficiones, rutinas y responsabilidades laborales o familiares o descuidos notables en la higiene y la apariencia. Del mismo modo, cambios repentinos de conducta, irritabilidad o consumo elevado de sustancias como el alcohol, acumulación de fármacos o autolesiones, una mejoría repentina e inexplicable tras un periodo de fuerte decaimiento o conductas de despedida como llamadas inesperadas, mensajes finales o arreglar documentos también pueden ser señales de alerta.
La coordinadora provincial de Cruz Roja subraya que no todas las señales aparecen siempre, pero ante cualquiera de ellas es fundamental acompañar, escuchar y pedir apoyo profesional aunque no se sepa cómo gestionar la situación, porque, asegura que escuchar a la personas afectada y pedir ayuda salva vidas.
Las instituciones, en primera línea de respuesta
Cruz Roja trabaja en la provincia con un enfoque integral que combina apoyo emocional, prevención, educación y acompañamiento. Su intervención se articula a través de varias líneas como el apoyo psicosocial inmediato en emergencias, incluido en tentativas de suicidio; talleres de gestión emocional en diversos colectivos, desde mayores hasta jóvenes y programas específicos de prevención del suicidio en colegios e institutos, donde la sensibilización temprana resulta clave. Asimismo Del Pozo recuerda sus programas ‘Cruz Roja Te Escucha’, un servicio telefónico anónimo de apoyo psicológico disponible para quien necesite hablar y ‘Cruz Roja Te Acompaña’, centrado en combatir la soledad no deseada, especialmente en zonas rurales.
En todos estos proyectos, la coordinadora señala que el trabajo sería «imposible» sin el apoyo de los voluntarios formados y los profesionales técnicos. Asimismo, Del Pozo pone el foco en su gran apoyo en todo este camino, las instituciones y administraciones que también han mostrado una preocupación por el suicidio que se manifiesta en líneas de colaboración con la entidad, como en el caso de la Junta de Comunidades o con el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 del Ministerio de Sanidad que articula ocho líneas para mejorar la atención ante estos casos.
Son también muchos los profesionales que se forman para actuar adecuadamente ante estas situaciones, como los intervinientes de Protección Civil, que apenas hace una semana estaban siendo instruidos en la materia, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, voluntariado y otros profesionales.
Un reto que implica a toda la comunidad
Para Cruz Roja, la prevención del suicidio no puede quedar únicamente en manos de los profesionales de emergencias. Es un objetivo colectivo que pasa por hablar abiertamente de salud mental, generar espacios seguros y romper tabúes. “Pedir ayuda es un acto de fortaleza, no de debilidad”, insiste Marta, quien también recuerda que «hablar de cómo nos sentimos es la clave para acceder al apoyo que necesitamos», ya que solo así podrá evitarse que la desesperanza se convierta en silencio y en riesgo.












