La campaña de setas en la provincia de Cuenca llega con retraso y con malas perspectivas debido a las temperaturas y, fundamentalmente a la falta de lluvias durante el otoño según asegura el presidente de la Asociación Cultural, Micológica y Botánica Morchella, Javier Marcos Martínez. Solo en las últimas semanas gracias a las lluvias recientes se ha empezado a notar un ligero repunte en las zonas más altas de la Serranía Alta y en el este provincial, más próximo a la Comunidad Valenciana, lo que se traduce en «un inicio tardío y de una mala temporada micológica», tal y como resume Marcos, que añade que «están apareciendo sobre todo especies saprófitas, como puede ser la seta de chopo, la seta de cardo, los champiñones, y muy pocas micorrícicas, como los níscalos o los boletus”.
Sobre la falta de esta tipología fúngica, el experto recuerda que las setas micorrícicas son «claves» para el equilibrio de los ecosistemas forestales, ya que «establecen relaciones simbióticas con las raíces de las plantas al aportarles agua y sales minerales, y a cambio reciben los azúcares de la fotosíntesis». Su ausencia, advierte, puede tener consecuencias directas en la salud del bosque pues «aumentarán los patógenos y muchos árboles empezarán a enfermar y morir», alerta. Según Marcos, la escasez de humedad prolongada impide que estos hongos fructifiquen y, con ello, se debilita la capacidad de las masas forestales para resistir enfermedades o sequías.
Boletus y amanitas, las grandes ausentes
Entre las especies más afectadas este año destacan los boletus y las amanitas cesáreas, muy apreciadas por los aficionados. El el presidente de la Asociación Cultural, Micológica y Botánica Morchella asegura que aunque es pronto para hablar con certeza, “parece que ya es un poco tarde» para estas variedades, algo que se ha evidenciado hasta el momento en la temporada debido a que “apenas se están dando algunos ejemplares sueltos y muy localizados”, ha apuntado.
El micólogo explica que “toda la provincia de Cuenca” se ha visto afectada por igual, aunque «había alguna especie de interés científico sobre todo en zonas con mucha humedad como son bordes de arroyos o de ríos», sin embargo «variedades comestibles hay pocas», apunta.
Un fenómeno que se repite desde hace una década
La tendencia no es nueva según asegura el presidente de Morchella pues, «desde hace varios años vemos temporadas tardías que se alargan hasta Navidad». Así, si «después del 15 de noviembre antes era imposible hacer jornadas micológicas porque las heladas lo paralizaban todo», ahora «pueden encontrarse setas incluso en diciembre”. Este cambio, sostiene Marcos, «es una muestra más de los efectos del calentamiento global sobre la naturaleza» que, asevera, «está afectando tanto a la flora como a la fauna y a la funga, el reino de los hongos».
Desde hace «una década más o menos los veranos son más largos y los inviernos más templados» lo que, tal y como apunta el presidente de la entidad «retrasa el inicio de la temporada micológica y también su final”, explica. Marcos refiere que «el clima ha cambiado». Si antes los otoños eran más húmedos y frescos, ahora se han vuelto más cálidos y se concentran las lluvias en muy pocos días o directamente no llueve lo suficiente en los momentos clave», lamenta.
Este cambio de tendencia «favorece unas variedades y perjudica otras», tal y como señala el presidente de Morchella. Las especies termófilas, como boletus o amanitas crecen en mayor medida ante otoños cálidos y lluviosos, habiendo sido la falta de este segundo elemento el que ha impedido que estas variedades se reproduzcan en abundancia.
Aunque los aficionados aún podrán disfrutar de algunas salidas micológicas durante las próximas semanas, las perspectivas no son buenas pues la 2025 es «una temporada tardía, mala y con poca variedad». Si se mantienen temperaturas suaves por el día, sin heladas nocturnas y con algo de lluvia, «podría alargarse hasta Navidad, pero no será una campaña abundante», reconoce aunque «cada vez las setas aguantan mas», sin embargo, «resulta más difícil predecir cuándo y dónde van a salir» porque el clima cambiante ha descuadrado la costumbre de ir a buscar setas en otoño tal y como se concebía.













