En un municipio de poco más de 3.000 habitantes, donde más de un millar son cofrades, la Semana Santa tiene un arraigo profundo. Casasimarro recoge el legado de ese arraigo y le suma este año la innovación con una tamborada que aspira a convertirse en tradición. La iniciativa, impulsada por la Junta de Cofradías y liderada por su presidenta, Alicia Sahuquillo, junto a otro directivo del órgano cofrade, Antonio Leal, nace con vocación de continuidad y con la prudencia de quien empieza desde cero.
«La idea de la tamborada llevaba rondándonos la cabeza desde hace un par de años», explica Sahuquillo. Fue precisamente Antonio Leal -‘Toni’, como ella le llama-, quien trató de materializar lo que al principio solo era una idea. Tras ser sometida a vostación en junta el pasado año y presentada formalmente con el beneplácito popular comenzó el verdadero reto: dar forma a una novedad que esperan convertir en legado. «Ahí estaba la semilla de la idea. Ahora bien, ¿cómo lo hacemos? ¿De qué manera? ¿Cuándo? ¿Por dónde empezamos?», resume la presidenta.
Una primera cita marcada por la sencillez para lograr la unidad
Para encajar esta nueva actividad dentro de una Semana Santa ya consolidada, la Junta contó con la orientación del párroco local, don Fernando. La decisión ha sido comenzar con un formato modesto, casi experimental. «Una tradición no nace de un día para otro», subraya Sahuquillo. Por ello, este primer año se ha optado por celebrar la tamborada el Jueves Santo, de 12:00 a 14:00 horas para no interrumpir otros actos que se desarrollen durante la Pasión. Probar, observar, aprender y, si funciona, consolidar son los pasos de lo que Sahuquillo espera acabar convirtiendo en un éxito. «Las cosas se van haciendo y si gusta y esto se arraiga, pues al final nace una tradición», señala.
La tamborada comenzará con un pequeño almuerzo inicial para el que los participantes se concentrarán a las 12:00 en la puerta de la iglesia. Desde allí partirán hacia la residencia de mayores, con la intención de hacer partícipes también a los vecinos más veteranos. Posteriormente, recorrerán algunas de las calles céntricas del municipio antes de finalizar el acto a las 14:00 horas. La participación, en este primer año, será abierta y sin requisitos estrictos. «Este año es libre vestimenta, edad libre, siempre que tengas un tambor, incluso sin tener tambor te puedes acercar», detalla. No obstante, el creciente interés ya hace pensar en una futura identidad propia: «Estamos pensando en hacer distintivos, pañuelos, alguna camisola… algo que nos distinga y si sigue creciendo habrá que crear una asociación o algo para que exista de manra perfectamente regularizada»
Paso a paso: así se crea una tradición
Sin precedentes en el municipio, la tamborada no se ha diseñado tomando como referencia directa otros modelos, pese a la cercanía de citas emblemáticas como la de Hellín. «No hemos hablado con nadie», reconoce Sahuquillo, aunque para empaparse de cómo se vive una ectividad de estas características si han visitado otros lugares donde se celebran. Sin embargo la motivación no es competir ni replicar otras celebraciones, sino aportar unidad en una actividad por todos y para todos. Por eso, la incorporación de esta nueva actividad se percibe como una oportunidad. «Creo que es algo que va a llamar mucho la atención, que puede ser muy bonito y que la gente lo va a disfrutar muchísimo», afirma.
La tradición es el conjunto de costumbres, ritos, creencias y conocimientos transmitidos de generación en generación dentro de una comunidad. Un legado cultural que se entiende aún mejor si uno se remontal origen etimológico de la palabra que proviene del latín traditio, derivado del verbo tradere, que significa «entregar» o «transmitir». Aunque Sahuquillo reconoce que en el municipio intentan que «las tradiciones mantengan su esencia», también creen que «hay que ir un paso más allá», afirma. En este sentido, la tamborada nace también como herramienta para implicar a nuevos públicos, en especial a las generaciones más jóvenes que en el caso de su municipio están más distanciadas del mundo cofrade.
Más allá de cualquier simbolismo concreto, la iniciativa pone el acento en lo colectivo porque, señala Sahuquillo «lo que pretendemos es la unidad, es hacer algo como comunidad, es unir al pueblo en una señal de identidad». En palabras de la presidenta de la Junta de Cofradías local, se trata de «ver que la Semana Santa va más allá de una procesión», apostando por «el buen ambiente» y la participación. Las expectativas de participación son positivas. Aunque el grupo organizador ronda las 50 personas, Sahuquillo calcula que «sobre unos 60 o 70 participantes podrían sumarse» finalmente, incluyendo a numerosos niños interesados.
En cuanto a la música, se ha optado por ritmos accesibles para que se adhiera el mayor número de gente posible. Gracias al apoyo de la banda de trompetas a los que han dado «total libertad creativa» se han creado dos ritmos, «uno un poco más rápido», explica Sahuquillo, «adaptados a cualquier persona que no ha tocado nunca un tambor». Cajas, tambores y bombos serán los instrumentos de percusión con los que participarán en esta primera edición del evento.
El futuro de la tamborada dependerá de su acogida. La intención inicial en caso de que funciones es mantener en próximas edicione tanto el día como el horario, aunque no se descartan ajustes. Incluso se abre la puerta a una posible formalización como colectivo si la iniciativa prospera. Por el momento la cautela es la gran compañera de la entidad en este primer paso del que sin duda puede calificarse como uno de los pueblos más importantes en lo que a música se refiere en el ámbito regional. Cuna de artesanos de la música, Casasimarro espera añadir una nueva tradición basada en la música para seguir construyendo su identidad cofrade.












