F. Javier Moya del Pozo.
Es mágica fiesta de Navidad;
la nostalgia no impide la alegría,
presentes y ausentes , todos están,
cantando al Jesús, que de María,
nació esta Noche en mísero portal.
No hay ausencia, su presencia está viva,
no hay sillas vacías en Navidad.
En vísperas de Noche Buena, mientras escucho a Neil Diamond y le tomo prestado el título de su canción, yo, que conservo celosamente la cinta de Cristopher Croos (la del Pelícano) porque es el primer regalo que me hiciste ( bueno, el primero fue el que me hicieras caso), estoy contento de que estés conmigo esta Noche.
Yo, que desde pequeño me emocionaba con el montaje del belén familiar; que no entendía a los mayores cuando se les saltaban las lágrimas a la hora de la bendición de la mesa en esa Noche tan especial al recordar a los que ya se habían ido; que me costaba dormirme cuando, aterido de frío, regresaba al calor de la casa después de asistir con mis padres y hermanos a la Misa del Gallo; estoy contento de que estés esta Noche conmigo.
Yo, que no podía mantenerme despierto en la noche de Reyes mientras tú me indicabas cómo ayudarte a montar el fuerte o el circo de los Play Mobil, y colocar cintas con las chocolatinas en el pasillo de puerta en puerta de los dormitorios de nuestros hijos, estoy contento de que estés aquí conmigo esta Noche.
Yo, que me empeñaba en poner siempre la misma película en la tarde del día 22 de diciembre, “¡ Qué bello es vivir!”, mientras los niños me decían que era un pesado; que era el más soso cantando villancicos y bailando en las madrugadas navideñas, a pesar de que creía que esta Noche era la más mágica que podíamos compartir; y que la Navidad es un mágico concierto que nunca cesa, estoy contento de que estés esta Noche conmigo.
Yo, que hubo un tiempo en el que tu silla, como la de aquéllos otros que nos dejaron con el alma quebrada y con el deseo de que estas fechas, tan especiales para mí desde la infancia, pasaran rápidamente para volver a sumergirme en la vorágine del día a día y que el tiempo aliviara tu ausencia, pensaba que eran sillas vacías, que nunca se ocuparían, sé que eso no es así, y, por eso, estoy contengo de que estés conmigo esta Noche.
Porque ahora sé que tú, como todos los que tanto nos han amado, siguen acompañándonos y abrazándonos, silenciosa y dulcemente; porque es en estas fechas, cuando nos arrodillamos ante un humilde pesebre y celebramos el nacimiento del Niño Dios, cuando más frágiles nos presentamos ante un mundo que se nos presenta con numerosos interrogantes y escasas respuestas sobre ausencias, debilidades y miedos. Y es entonces, sobre todo entonces, cuando las sillas dejan de estar vacías, nuestros corazones se llenan de ese amor que nos ha sido regalado durante toda nuestra vida por quienes tanto nos han querido y que, lejos de perderse en el tiempo, surge rebosante en el cuenco de nuestra alma.
Y es por eso, por todo aquello que me gustaría saber expresar mejor, y que como dice Rita, la entrañable nieta de unos amigos, hoy es el cumpleaños del Niño Jesús, porque celebramos su nacimiento, y a ese cumpleaños todos estamos invitados, y nadie estará ausente, es por lo que estoy contento de que estés conmigo esta Noche; y poder compartirla con todos aquéllos a los que hemos amado juntos.












