Exigencia, belleza y altura en la obra de encargo de Jesús Villa-Rojo para la 63 SMR, el PluralEnsemble y Fabián Panisello

Crítica del concierto de la 63 Semana de Música Religiosa de Cuenca, Miercoles Santo, 1 abril, 2026, 20:00h en el Teatro Auditorio "José Luis Perales".

Jesús Saiz Huedo

Canciones del alma en paz. Lo sagrado en la música y la naturaleza.

Obras de Bach (arreglos y reelaboraciones de Kurtag, Tarnopolski y Webern), Villa Rojo (estreno absoluto de la obra de encargo de la 63 SMR, Canciones del alma en paz), Dozza y Panisello (estreno absoluto de Change).

Interpretación del PluralEnsemble (Fabián Panisello, director) con las voces solistas de Celia Alcedo (soprano), Carlos Mena (contratenor), Andreas Jankowitsch (bajo-barítono) y Ryoko Aoki (voz noh).

Ayer tuvo lugar en el Teatro Auditorio el concierto reservado al emblemático estreno absoluto de la obra de encargo de la SMR de Cuenca que fue interpretado por el PluralEnsemble y su director Fabián Panisello, junto a los solistas vocales Celia Alcedo (soprano), Carlos Mena (contratenor), Andreas Jankowitsch (bajo-barítono) y Ryoko Aoki (voz noh). Este año el compositor propuesto ha sido Jesús Villa Rojo (n. 1940). Su obra se titula Canciones del alma en paz. Como síntesis de conceptos relacionados con el contenido, el programa completo tomó el mismo título con un subtítulo añadido, Lo sagrado en la música y la naturaleza. En efecto, en primer lugar, se ajusta al lema “Pax” de esta edición -tan plenamente justificado en todos sus posibles contextos y acepciones, debido a este insoportable presente de agresiones bélicas, destrucción y genocidio que vivimos-; por otro lado, alude a los poemas de San Juan de la Cruz, Canciones del alma, en los que se ha inspirado Villa Rojo; además el subtítulo invita a pensar en diversas combinaciones entre “música”, “religiosidad” y “naturaleza”. Yendo un poco más lejos, reparamos en cómo la expresión “alma en paz” toca de cerca la espiritualidad que la música a menudo representa y la SMR cultiva como seña de identidad.

Una mirada a Juan Sebastián Bach (1685-1750) a través de los arreglos o reelaboraciones de Gyorgy Kurtag (n. 1926), Vladimir Tarnopolski (n. 1955) y Anton Webern (1883-1945) nos ubica en el reconocimiento incontestable de su obra como transmisora de emociones de enorme valor, no solo artístico, sino también espiritual.

La inicial proyección en vídeo de los entonces casi nonagenarios György Kurtag y Marta Kurtag interpretando en piano a 4 manos el coral Das Alte Jahr vergangen ist (El viejo año ya sa ha ido), BWV 614, surtió un eficaz efecto como prólogo, debido a la belleza de la interpretación, lo entrañable de la escena misma y la reflexión a la que invita sobre el arte de la música como íntima y genuina manifestación del ser humano.

Este mismo vídeo y el coral inspiraron a Tarnopolski a componer su arreglo. De todo el programa, esta obra es quizás la que busca transmitir sentimientos de horror y rechazo a la guerra de manera más explícita. Su impacto en el público es inmediato al escucharse, entre la textura musical, “el retumbar de las explosiones”, “las fanfarrías militares” o “los redobles de tambores de guerra”. Con ellos, la mente además puede perfectamente imaginar aviones amenazantes acercándose, sirenas, derrumbamientos, gente corriendo desesperada o gritos de terror. El PluralEnsemble supo perfilar con gran detalle todo este realismo haciendo prevalecer en todo momento la consistencia estructural y discursiva de la música.

La obra de encargo de esta edición, que se estrenó ayer, fue encomendada a Jesús Villa Rojo (n. 1940), uno de los principales representantes de la música española contemporánea como compositor e intérprete. Felizmente se suma al elenco de notables compositores que a lo largo de los años han contribuido con su prestigio al de la SMR y viceversa.  Canciones del alma, inspirada en la poesía de San Juan de la Cruz, supone un nuevo hito artístico. Está escrita para un conjunto de instrumentos antiguos y modernos, contratenor y soprano. La excelencia del propio Villa Rojo volcada en esta obra queda patente desde los primeros compases. Aunque él ha explorado extensamente las vanguardias a lo largo de décadas (su legendario Laboratorio de Interpretación Musical, LIM, lo fundó en 1975 y lo dirige desde entonces), en esta obra, sin renunciar en absoluto a la innovación, ha conseguido una estética capaz de evocar la música asociada en nuestro imaginario al Renacimiento y a San Juan de la Cruz. Desenvolviéndose entre lo modal, lo tonal y un cromatismo en el que la consonancia y la disonancia se diluyen con fines estructurales y expresivos, consigue recrear un discurso de texturas y timbres de una gran riqueza.  La instrumentación, con preponderancia de los registros graves, da soporte a las voces solistas. El contratenor Carlos Mena y la soprano Celia Alcedo estuvieron brillantes y supieron transmitir con claridad y belleza la profunda carga poética que se debate entre lo divino y lo humano de los poemas de San Juan de la Cruz.

FOTO: Zona Cuatro

La obra de Bruno Dozza (n. 1962), Euridice, scena drammatica, de 2018, para voz noh (Ryoko Aoki) y violonchelo (David Apellaniz) produjo un gran efecto estético. El compositor dijo en su día que había sido creada como “teatro imaginario”, que se ve “con la mente […] a través de los oídos y no de los ojos”. La centenaria técnica vocal japonesa utilizada en el teatro noh para buscar el máximo rendimiento dramático desempeñó un papel narrativo sobre el marco rítmico y armónico-contrapuntístico que diseñaba el violonchelo.  Aunque en la obra esté latente el contraste entre los elementos -tan diversos- en los que se inspira (en palabras del autor, el teatro noh y los orígenes de la ópera italiana, junto a los personajes mitológicos de Euridice, Orfeo y Hermes que el poeta austriaco Rainer Maria Rilke trata en uno de sus poemas), es su coexistencia como propuesta artística lo que cobra más relevancia y disuelve las posibles diferencias en una estética nueva, intemporal y de vanguardia. Los dos intérpretes crearon un discurso meticuloso y delicado y consiguieron transmitir todo un torrente de emociones, Apellániz, con el cello, más dramático y de un gran virtuosismo y Aoki, con su técnica vocal noh, más narrativa, pero igualmente llena de sutilezas y expresividad.

El concierto ofreció un segundo estreno mundial, la obra Change (2024-2025) del propio Fabián Panisello. El director y fundador del PluralEnsemble es también un reputado compositor y es una suerte haber podido escuchar su doble vertiente en el concierto. En una antigua entrevista ya dijo que, para él, “componer es lo más importante, lo central” y que había fundado el PluralEnsemble “para conocer la música más de cerca, desde la dirección, para componer mejor, para estar cerca de las fuentes de sonido y los intérpretes”. El título “Change” alude al cambio climático y la composición busca ayudar a despertar la conciencia colectiva del enorme peligro que supone. Es una obra semiescénica para barítono, voz noh, conjunto instrumental y electrónica. La experiencia de escuchar esta obra es verdaderamente rica -y múltiple-. El fuerte contraste entre el canto, la declamación hablada, el recitativo o el sprechgesang puso a prueba a los cantantes solistas, Ryoko Aoki (voz noh) y Andreas Jankowitsch (bajo-barítono), que bordaron sus intervenciones e hicieron convivir y complementarse con éxito y gran intensidad los textos poéticos y en prosa según el audaz planteamiento del compositor. El conjunto estuvo espectacular. El frecuente desplazamiento del foco entre instrumentos atrapaba la atención del público y lo hizo disfrutar de la puesta en escena tanto como del sonido. En este sentido, hay que decir que el equilibrio sonoro de las partes no era precisamente fácil. La amplificación de las voces, por ejemplo, no siempre estuvo del todo equilibrada; la presencia de la percusión a veces parecía excesiva; la electrónica, por el contrario, se mantuvo todo el tiempo perfectamente integrada en la acústica del conjunto, lo cual fue muy de agradecer. A título personal, tengo que reconocer mi admiración por este conjunto, por algunos de sus integrantes cuyo trabajo en otros contextos he tenido la suerte de conocer, como los oboístas, Ana Ruiz y Vicente Fernández (por lo que quizás estuve más pendiente de ellos), y, por supuesto, por su director Fabián Panisello, cuya andadura y logros en el ámbito de la música contemporánea son encomiables.

El concierto cerró regresando a Bach con el arreglo de Anton Webern del Ricercar a 6 de su Ofrenda musical BWV 1079, una obra de carácter especulativo que, a modo de epílogo del concierto y, a través de una interpretación sosegada, Panisello hizo caminar inexorable, pero sin más alardes expresivos que el obligado punto álgido y su breve distensión final. La obra en sí invitaba al reposo y la reflexión de lo escuchado.  La técnica de la “melodía de timbres” aplicada por Webern es algo que incrementa en gran medida la interdependencia de los instrumentos y, con ello, la condición de indivisible del todo. No puedo dejar de pensar en que estos conceptos de interdependencia e indivisibilidad, tan frecuentes en la música, bien podrían invitarnos a una reflexión simbólica sobre cómo se aplicarían, en el contexto del lema “Pax”, para beneficio de la humanidad.