Una buena segunda parte no salva a un Rebi Cuenca que fue siempre por detrás del Bidasoa Irún (32-30)

Los irrundaras arrasaron en el inicio al equipo conquense, que pagó sus numerosas imprecisiones de la primera mitad y al que le faltó un plus para una reacción completa

El REBI Cuenca ha terminado la primera vuelta sin puntuar fuera de casa. Tampoco lo ha conseguido este sábado en una de las pistas más difíciles de la competición, Artaleku, en un choque ante el Bidasoa Irún en el que nunca fue por delante en el marcador aunque gracias a una excelente segunda mitad, especialmente en labores defensivas, pudo acercarse en el marcador (32-30) y mantener al menos el sueño y unas briznas de opciones hasta el final.

Más que dos partes, hubo dos partidos completamente diferentes, especialmente en lo que al rendimiento de los conquenses se refiere. La primera mitad rozó el desastre con un equipo local muy superior en todos los aspectos del juego -en aptitud y actitud- y un visitante que acumuló errores en ataque e inconsistencia en defensa. Con un parcial de 4-0 en menos de tres minutos, tocó remar contra la corriente desde el inicio ante un Bidasoa que demostró porque merecía clasificarse a la Copa de España: un juego contundente, coral, adaptado a cada tiempo. Y, para colmo, un Jakub Skrzyniarz muy solvente en la portería.

Al equipo de Lidio Jiménez le costaba mucho marcar y más defender. O faltaba intensidad o sobraba, con un Álvaro Martín sancionado por demasiado expeditivo o balones perdiéndose en pases que no se entendían. Ántúnez, que fue el máximo goleador del equipo al final, hallaba algún resquicio de vez en cuando, pero las distancias no bajaban de tres goles y llegaron a alcanzar los ocho. Un postrero gol de Mosquera consiguió poner el 19-13 antes del descanso, que era mucho, pero se hacía hasta poco.

El reinicio de la segunda mitad trajo otro fallo, esta vez de Perbelini, pero una rápida parada avanzaba que el guión iba a ser distinto. Y eso que Tavares hubo de retirarse retirado, que a perro flaco todos son pulgas. Es cierto que el Bidasoa seguramente levantó algo el pie de acelerador confiado en su renta, pero también que el Cuenca salió con otra mentalidad y se olvidó tanto de los problemas extradeportivos como de la mala primera mitad. La reacción no fue inmediata pero se empezó a mirar a portería ajena con más fluidez y acierto y a exigirle mucho más al Bidasoa para marcar. La defensa se fue creciento para primero contener la hemorragia y luego ir acortando la distancia poco a poco.

En el minuto 48 con 23-19 el equipo local pidió un tiempo muerto que no impidió que se recortase algo más la diferencia (23-20), pero sí que sirvió de acicate a los irrundarras que volvieron a los mandos del partido y en el ecuador de la segunda mitad estaban otra vez seis por encima 27-21.

Lo lógico es que el Cuenca se hubiese dejado ya llevar, pero este equipo, con todos sus errores y carencias, no es lógico, sino tremendamente profesional, competitivo y entregado. Así que siguió intentándolo con mucho oficio y pundonor atrás y destellos intermitentes en los lanzamientos de los Lima, Antúnez, Martín y cía. Arguillas se puso a parar también más y en el 47 se volvió a los tres de diferencia, con 27-24.

A partir de entonces las diferencias oscilaron entre tres y dos goles, pero al equipo castellano le faltó ese plus para rematar la machada. Se echó mucho de menos a El Sargal entonces y a algunos de los jugadores no disponibles. Sin confianzas pero sin pánicos, el Bidasoa manejó la situación y contuvo la situación hasta el 32-30 final.

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