Cinco pueblos a menos de 25 minutos de Cuenca capital que sorprenden al viajero

Arte romano, románico, renacentista y neogótico se ofrecen al turista junto a enclaves naturales y rurales repletos de originalidad

La ciudad de Cuenca ofrece tanto, más de lo que el viajero no demasiado informado espera de ella, que atrapa al turista y no le deja salir, siempre sacándose de la manga un rincón único más, un mirador inesperado o una iglesia que no aparecía en la guía turística nacional. Pero quienes quieran empaparse del rural conquense sin alejarse demasiado de la capital cuentan a distancias casi simbólicas de una colección de pueblos peculiares y demasiado desconocidos. En menos de 25 minutos de viaje en coche el viajero puede pasar de la piedra dorada del casco histórico a aldeas silenciosas, iglesias con retablos renacentistas o parajes que parecen de otro planeta. Estas son siete escapadas perfectas para una tarde, un domingo o una visita improvisada.

Palomera

Distancia: 10,5 km · Tiempo: 19 minutos

A través de la Hoz del Huécar se llega por un paisaje apabullante a Palomera, uno de esos pueblos que conserva un encanto que no necesita artificios. El caserío, encajado entre paredes calizas, y el murmullo constante de fuentes y las aguas crean un ambiente sereno que invita a pasear sin prisa. Es una de esas salidas rápidas que permiten “entrar” en la Serranía antes incluso de darse cuenta.

Molinos de Papel

Distancia: 7,1 km · Tiempo: 14 minutos

Pedanía de Palomera que está todavía más cercana aún a la capital. Se puede incluso ir andando en un agradable paseo, especialmente en primavera o inicios del otoño. Pura Hoz del Huécar también, pura naturaleza. El evocador nombre recuerda un enclave industrial que data del siglo XVII, cuando se instaló el papelero genovés Juan de Otonel. Otro gran atractivo es el neogótico panteón de los Marqueses de Cuba y Clemente. Allí también se puede rastrear el legado de Gregoria de la Cuba y Clemente, una pionera en el mundo de la pedagogía, algo así como una Maria Montessori conquense. Y el enlave también conserva una hermosa y atrayente devoción, la de la Virgen del Trapo.

Arcas

Distancia: 14,2 km. · Tiempo: 17 minutos

Arcas tiene una de las joyas artísticas más relevantes del entorno inmediato de la capital conquense: la iglesia de la Natividad, una pieza románica de líneas limpias y proporciones elegantes. Es habitualmente una de las sedes de la Semana de Música Religiosa de Cuenca. La visita se completa con un paseo por sus calles tranquilas, que aúnan la serenidad de la Cuenca rural de siempre con la pujanza infantil y juvenil de una de las localidades dormitorio de la capital. Cerca del pueblo están complejos lagunares como los de Ballesteros y Los Cáñamos.

Noheda

Distancia: 18,6 km · Tiempo: 17 minutos

Noheda es una pedanía del municipio de Villar de Domingo García que, a pesar de su cercanía a Cuenca capital, ya se encuadra en la comarca de La Alcarria. Lo que hace famoso esta enclave, que cuenta con una coqueta iglesia, es su valiosa villa romana, en la que se encuentra unos de los mosaicos figurativos más grandes y atractivos de todo el imperio. El yacimiento, que se puede visitar en visitas guiadas concertadas, cuenta también con otros atractivos como las termas.

Valdecabras

Distancia: 18 km · Tiempo: 23 min

Valdecabras, pedanía de Cuenca de estética rural serrana, guarda uno de esos secretos artísticos que aguardan en la provincia: el retablo renacentista de 1534, obra de Gonzalo de Castro, Pedro de Villadiego y Martín Gómez el Viejo, que preside la iglesia de la Asunción. El templo también es interesante por sus alfarjes y su bóveda gótica de crucería estrellada. Un tesoro inesperado para un pueblo tan pequeño. Desde allí, en apenas unos minutos más, se alcanza la Ciudad Encantada, el paraje kárstico que ha fascinado a generaciones enteras. La combinación de ambas visitas —arte y naturaleza, recogimiento y grandiosidad— forma una excursión perfecta que puede completarse con gastronomía casera y serrana.

Un mapa pequeño con grandes destinos

Estas cinco escapadas resumen bien la suerte de vivir —o de visitar— Cuenca: en cuestión de minutos, el viajero pasa de la vida urbana a aldeas mínimas, retablos renacentistas poco conocidos o paisajes geológicos que impresionan incluso al que ya los ha visto mil veces. Un catálogo breve pero extraordinario, pensado para aprovechar esa media hora escasa que separa la ciudad de algunos de los mejores rincones de la provincia.