A finales de agosto, Cuenca se llena de movimiento y creatividad donde la tradición y la innovación conviven en perfecta armonía. La Feria de Artesanía se despliega como un pequeño universo dentro de un recinto bien organizado, donde cada puesto revela historias de oficio, pasión y experimentación. No es solo un lugar de venta, es un escenario donde los artesanos muestran años de experiencia, técnicas ancestrales y propuestas contemporáneas, mientras los visitantes se convierten en testigos de un diálogo silencioso entre materia, manos y memoria.

Philippe Lafont, con veinte años de presencia en la feria, no solo es uno de los expositores más veteranos, sino que también es el úncio expositor internacional que acude a la cita. Para él, Cuenca no es simplemente un lugar de trabajo, es un refugio donde combinar labor y disfrute. Desde su calcografía hasta el gofrado, cada pieza llega acompañada de un relato y de la satisfacción de un entorno acogedor. La feria, en su opinión, destaca por su accesibilidad y por la relación que permite mantener con su clientela, que repite año tras año en busca de novedades o simplemente se acerca a saludarle porque ya cuentan con alguna de sus piezas luciendo en las paredes. Lafont se ha convertido en algo así como un conquense de adopción, pues reconoce que la feria da «un entorno privilegiado» a los artesanos, que pueden escuchar los ecos del pasado en el casco antiguo, empequeñecerse ante la inmensidad natural de las hoces o disfrutar de una comida con sabor a hogar en cualquiera de los negocios de la provincia, una ruta que él cumple religiosamente en cada edición.

José Martín aporta la fuerza de la experiencia y la maestría de décadas que ya tiene su espacio propio en el hogar de muchos conquenses, que se han hecho con una de sus piezas. Su trabajo en plata y cobre esmaltados al fuego refleja una dedicación que aunque comenzó en su juventud hoy sigue vigente y que desde hace tres años tiene presencia en el encuentro conquense. Para José, la feria es un espacio para compartir su oficio con quienes valoran la paciencia y la precisión de cada pieza. Aunque percibe desafíos en el relevo generacional y en las nuevas formas de vender artesanía, mantiene una convicción clara: lo que hace no es un trabajo, sino un disfrute y jamás ha percibido la dedicación o el esfuerzo como una obligación laboral, sino como la oportunidad de superarse y crear piezas únicas que conforman una historia propia con cada uno de sus clientes. Para Martínez, cada feria representa un recordatorio de por qué eligió este camino y del valor de la artesanía hecha con vocación en la que disfrutar es una demostración de que el artesanado es vocación y legado

El talento joven conquense también encuentra su espacio en una profesión en la que prima el estereotipo de lo antiguo, lo anacrónico. Como si de un reto se tratase Colgadas QNK ha reinventado el conceptTo, poniendo sobre la mesa la idea de la artesanía como una fuente de explosión y creatividad que no entiende de generaciones, sino de creatividad y ganas de apostar por lo propio. Así lo entiende Vanessa Cano, de esta PYME conquense que ha conseguido hacerse un nombre dentro y fuera de la provincia con una presencia destacada en las redes sociales. Su propuesta combina moda y arte: prendas oversize, camisetas y sudaderas que incorporan referencias a Bellas Artes y guiños a la identidad de Cuenca.
Aunque este es su primer año en la feria, no han querido perderse la cita tras años sin poder acudir por problemas de agenda. Para ellas, la feria es un escaparate que permite mostrar colecciones inéditas y conectar con un público que hasta ahora solo los conocía a través de redes sociales e incluso con uno que se siente ajeno al lenguaje y códigos que utilizan en su propuesta, pero que no puede tener más raíz y conexión con Cuenca. La experiencia les ofrece visibilidad, interacción directa y la posibilidad de transformar la curiosidad en reconocimiento tangible para que se cumpla aquello de «ser profeta en su tierra».
A pesar de la diversidad en sus estilos, técnicas y productos los tres artesanos coinciden en hacer guiños en sus productos con la ciudad que los acoge. Así es especialmente destacable en las obras de Philippe y Vanessa, que incorporan en sus piezas referencias a Cuenca con motivos inspirados en sus paisajes, formas que evocan la arquitectura de la ciudad o en pequeños detalles que recuerdan la esencia local con esas frases de toda la vida que tanto representan a los conquenses. Estos guiños no solo personalizan sus creaciones, sino que también convierten cada obra en un puente entre su oficio y el espíritu de la provincia, haciendo que la feria sea, además de un escaparate de talento, un homenaje creativo a su entorno.
De este modo en el stand de Philippe se observan las curvas imposibles de las hoces alzándose a través del papel en una técnica del siglo XV que permite que no se pierda lo manual en una ciudad caliza cincelada en versos de artistas. Con un dardo de humor y sarcasmo Colgadas QNK cuelgan en su expositor el habla local hecha prenda de ropa en la que luce bordado el tradicional «¡Ea!» conquense, haciendo así que la moda deje de ser solo ropa para convertirse en conversación, complicidad y diversión compartida.
Así, la Feria de Artesanía de Cuenca se presenta como un espacio único donde convergen tradición, técnica y modernidad. Los relatos de Philippe, José y Vanessa se entrelazan en un mosaico de experiencias: veteranos que sostienen legados, maestros que enseñan con paciencia y nuevos talentos que buscan abrir caminos. Entre puestos y talleres, entre explicaciones sobre técnicas ancestrales y novedades creativas, la feria respira como un organismo vivo que celebra el valor de la artesanía en todas sus formas como una promesa de cultura e identidad para una tierra que no olvida su origen, sino que lo celebra.













