Bach y Gubaidulina: diálogo para violonchelo solo

Crítica del concierto de la Semana de Música Religiosa, Martes Santo 31 de marzo. Diálogo por la Paz. In memoriam Sofía Gubaidulina. Guillermo Pastrana violoncelo, Sala Millares, Fundación Antonio Pérez.

Belén Estival

El violonchelista Guillermo Pastrana presentó un programa ecléctico, unido por el diálogo entre lo barroco y lo contemporáneo. Dos estilos muy diferentes con los que Pastrana conversó demostrando su unidad en lo diverso. A diferencia del Lunes Santo, donde pudimos escuchar un monográfico de Isabella Leonarda (1620-1704), en la Fundación Antonio Pérez asistimos a una conversación plural, que partía de tres Preludios para violonchelo de Sofía Gubaidulina (1931-2025), recientemente fallecida y a la que estaba dedicado el concierto. 

Gubaidulina nació en la República Socialista Soviética Tártara. Cuando Dimitri Shostakovich (1906-1975) escuchó sus primeras composiciones, no dudó en animarla a seguir su propio camino creativo. La manera de Gubaidulina de crear fuera de lo políticamente correcto hizo que, en 1979, su música fuera denunciada y prohibida en los escenarios del eje soviético. Dos años después, su concierto para violín Offerturium fue sacado clandestinamente de la URSS para que el director de orquesta Gidon Kremer (n. 1947) lo presentara en Viena. En esta obra, la compositora rusa manifestó su profunda comunión y diálogo con la Ofrenda musical de Johann Sebastian Bach (1685-1750). En la tarde de ayer, esta conexión con Bach se percibió en los tres Preludios para violoncelo solo interpretados en la sala Millares. Estas piezas breves, inicialmente concebidas como estudios didácticos, surgieron de la idea de Gubaidulina de evocar más de una voz en un solo instrumento, a la manera de Bach en sus suites para instrumentos solistas.

La sala Millares fue el espacio idóneo, por su acústica e intimidad, para la escucha del diálogo que diseñó Pastrana entre las obras de Gubaidulina, la Suiteno. 2 en re menor, BWV 1008 de Bach y otras piezas renacentistas, barrocas y contemporáneas. Saber idear un programa, hilando estéticas diversas es una habilidad obligatoria para cualquier virtuoso que se precie de tal. Es el propósito que da sentido a cualquier acto de concierto, instrumental, vocal o mixto. Las intervenciones habladas de Pastrana situaron al público ante este diseño de obras vanguardistas y barrocas, muy separadas en el tiempo, pero unidas por su filosofía de convertir el violonchelo en un instrumento completo y autosuficiente.

Como pudo apreciar el público, Pastrana no es un intérprete centrado en un solo estilo, sino en la versatilidad de repertorios. Una de sus señas de identidad es su capacidad de hacer dialogar obras históricas con otras de nueva creación. Este violonchelista  granadino ha colaborado con compositores españoles del prestigio de David del Puerto (n. 1964) o Jesús Navarro (n. 1980) del que presentó su Bach revisited, última obra del concierto de ayer. Esta cooperación de Pastrana, se ha extendido en su trayectoria al plano internacional, llegando hasta la propia Sofía Gubaidulina. 

En una de sus disertaciones, Pastrana relató su aprendizaje personal con Gubaidulina cuando estudiaba su Preludio no. 5 sul ponticello-ordinario-sul tasto. Fue un lujo escuchar la versión de un intérprete que ha tenido trato directo con la autora, ya que no existe nada más auténtico en la música que un contacto así. El granadino deleitó con un sonido limpio, gran control dinámico y claro dominio técnico. Demostró la potencia y belleza que posee el violoncelo como instrumento solista. Su gestualidad acompañó cada frase, ayudando al público a interiorizar las diferencias estilísticas y el ambiente emocional de cada pieza.

En la tarde del Martes Santo, pudimos escuchar el violonchelo de Pastrana como voz desnuda y puente sonoro entre Bach y Gubaidulina. Su propuesta propició el disfrute estético y, además, creó un marco de reflexión ética sobre la paz en lo personal y en lo social. La sala Millares fue testigo de un diálogo armonioso entre tradición y vanguardia. Una conversación musical que, más allá del contraste de estilos invitó a escuchar el pasado desde el presente y a encontrar en él un sentido renovado a través de la paz.