Alex Sorian Brown: «Cuando no suena el teléfono, hay que crear»

El actor y productor conquense explica la 'trastienda' de Hollywood sin mitos, desde el trabajo, la constancia y el sacrificio.

La ciudad de las estrellas que tantas veces ha retratado el cine —de La La Land a Mulholland Drive, del sueño luminoso al reverso oscuro— existe, pero no se parece a ninguna película en concreto. Los Ángeles es tanto la promesa como la espera, el lugar donde los sueños conviven con las audiciones fallidas, los trabajos invisibles y la inevitable pregunta que se repite una y otra vez: ¿qué es lo siguiente? En ese espacio entre el mito y la realidad lleva más de diez años moviéndose Alex Sorian Brown (Cuenca, 1994). Actor, productor y conquense, se formó en la American Academy of Dramatic Arts y ha construido una carrera lejos del relato del éxito inmediato, alternando cine independiente, teatro y producciones para plataformas como Netflix, Prime Video o Movistar. Sin épica impostada. Sin atajos.

Un primer salto sin red

La historia de Alex no comienza de la manera romántica que muestra el cine con un casting que sale bien y lleva al estrellato a un completo desconocido. Lo que Sorian Brown si tuvo fue una buena dosis de vocación con una familia en la que el cine era un lenguaje de conexión y tiempo compartido aunque nadie se dedicara al mundillo. Así, con el runrún de la claqueta subyacente en la mente, Álex partió a Estados Unidos con una beca para estudiar inglés durante el instituto. Aquellos meses en Los Ángeles fueron suficientes para despertar su inquietud.

Al regresar a Cuenca, el actor se sentía entre dos aguas, «con un pie allí y otro aquí», explica. Sabiendo que el mundo artístico que protagoniza Los Ángeles le había hecho una llamada que no podía ignorar, empezó a formarse con los recursos disponibles en la provincia entonces con el bachillerato de artes, cursos de interpretación y clases de canto. No había un plan definido, pero sí una certeza incipiente que hacía una necesidad seguir explorando ese camino.

Poco después regresó a Estados Unidos bajo la pragmática premisa de ser profesor de inglés, un objetivo que explicaba su marcha y que «era la salida fácil», reconoce. Pero la actuación terminó imponiéndose. Entró en la American Academy of Dramatic Arts, obtuvo una beca y decidió apostar por una formación sólida, consciente de que el talento sin técnica no sobrevive en una industria tan competitiva.

Crecer desde la periferia

Hablar de cine desde Cuenca implica asumir una realidad: durante años, las oportunidades han sido limitadas. Alex no lo disfraza. «Siempre es más fácil cuando creces rodeado de gente que se dedica a esto», afirma. Sin embargo, también señala un cambio evidente en la última década. Al bachillerato artístico se ha sumado la implantación de la ESAD en Castilla-La Mancha y el crecimiento de cursos, actividades de networking de la industria y aumento del papel de Cuenca en el mundo audiovisual.

El aumento de la oferta formativa y la llegada de rodajes a la provincia han creado un contexto nuevo. «Ahora existe un peldaño intermedio, antes te ibas a Madrid sin haber hecho absolutamente nada», reconoce el conquense. Ese espacio no elimina la necesidad de marcharse, pero permite hacerlo con más herramientas. Para Alex, ese tiempo previo es fundamental para entender que la actuación no es un golpe de suerte, sino una carrera larga, llena de momentos de duda y aprendizaje constante.

Una industria en la que las conexiones lo son todo

Foto: Pablo Riesgo

El cine, explica Sorian Brown, no funciona como suele contarse. No es solo talento ni tampoco puro azar, es una combinación de ambas. Además, el actor relata como para trabajar en la industria es necesario construir una red de conexiones profesionales que se construyen proyecto a proyecto. «Si trabajas bien y sabes estar en un set, te vuelven a llamar», asegura desde la propia experiencia. Entrar es difícil. Mantenerse, aún más. Hay años de abundancia y otros de silencio y poder continuar hasta que se consigue hacerse un nombre se convierte en una combinación de perseverancia y suerte, y llegar a labrar una carrera supone un sacrificio económico y una habilidad creativa sin precedentes.

Los primeros años, reconoce, suelen ser económicamente duros. «Casi siempre pagas por trabajar», asegura, aunque haya pequeñas remuneraciones, la mayor parte se reinvierte en formación. Ser actor es caro, especialmente en Estados Unidos, donde incluso con becas el coste de los estudios es elevado. Por eso defiende una visión menos romántica y más honesta del oficio. Complementar ingresos, dar clases o desarrollar otras facetas creativa no es una renuncia, sino una forma de sostener una carrera sin perder la dignidad profesional. «Hay que dejar atrás la imagen del artista que sufre por sistema», además Sorian Brown señala la necesidad de dar valor al trabajo propio y saber encontrar el factor diferencial.

Para encontrar ese valor y convertirse en un actor 360 grados, capaz de tener fluidez de acentos, idiomas, e incluso cantar y bailar, entre rodajes no hay descanso real. Así, clases, talleres, audiciones, preparación física y emocional se solapan en un trabajo que Sorian Brown define como «constante». En su caso, el bilingüismo y el acento americano le han permitido acceder a producciones internacionales rodadas en España, a lo que se suman habilidades como el canto y el baile. «Es saber qué producto eres y cómo adaptarte a una industria que cambia todo el tiempo», sentencia.

De la vocación a la técnica y crear cuando nadie llama

Para Alex, la actuación nace de la curiosidad por el ser humano, por entender cómo piensan y sienten los demás, pero advierte que actuar es una técnica que se entrena, no cualquiera puede subirse a un escenario y emocionar. También alerta del peligro de idealizar la figura del actor protagonista y apunta que «si no sabes por qué haces esto, la industria te mastica y te escupe sin que te des cuenta». Tener claro el motor interno —la necesidad de contar historias— es lo que permite resistir cuando los resultados no llegan.

Es precisamente de esos periodos de silencio y de la búsqueda creativa para vivir del sector cinematográfico de donde nació Soren Films, la productora que impulsa junto a su familia. La pregunta fue sencilla: ¿qué hago cuando no suena el teléfono? La respuesta, crear. A partir de esta iniciativa han surgido proyectos ligados a Cuenca y colaboraciones con instituciones públicas que se anunciarán próximamente. Para Alex, producir no sustituye a su carrera como actor, pero la complementa porque le permite conectar personas, apoyar a otros creadores y crear el universo que otros imaginan en sus historias.

Foto: James Valdez

Volver a llenar las salas

Con la mirada puesta en el futuro y en los sueños y objetivos, Sorian Brown señala que si tuviera que dejar un legado en su tierra más allá de atraer rodajes, le gustaría recuperar la relación colectiva con el cine, una imagen que recuerda de cuando era pequeño. «Antes las salas estaban llenas, ahora muchas veces no hay nadie», apunta. El actor y productor conquense defiende el cine como experiencia compartida, como espacio de encuentro y señala el papel que juegan en esa concepción del séptimo arte iniciativas como el Cine Club Chaplin que representan, para él, esa manera de entender el cine como algo que se vive en comunidad y no solo en solitario en casa frente a una pantalla.

Alex Sorian Brown no habla de fama. Habla de trabajo. Mucho y constante. Sueña con colaborar con directores como Luca Guadagnino en el panorama internacional y con voces del cine español contemporáneo como Alauda Ruiz de Azúa o Carla Simón, sin relatos prefabricados ni finales cerrados. Como en la mayoría de películas que merecen la pena, la historia sigue abierta y el siguiente plano, como casi siempre en el cine y en la vida, aún está por rodarse.