Cuenca no suele aparecer en los grandes itinerarios del románico español que incluyen localidades como Zamora, Jaca y la Seo de Urgell, entre otros topónimos imprescindibles. Pionera en el gótico con su Catedral, taller de maestros renacentistas y referencia del específico barroco rococó religioso, la capital del Júcar y el Huécar es más conocida por otras virtudes patrimoniales y paisajísticas. Sin embargo, la ciudad conserva testimonios interesantísimos de ese gran lenguaje artístico paneuropeo que acompañó a la conquista cristiana de 1177 y a la creación de la Diócesis. No son grandes iglesias intactas, sino templos transformados, restos arqueológicos y piezas litúrgicas de primer orden que permiten reconstruir el momento de sun incorporación en la Edad Media al Reino de Castilla y a la civilización occidental.
Este recorrido se detiene en algunas de las joyas románicas más significativas conservadas en la capital conquense, un atractivo añadido de esos que justifican el turismo de los propios locales o una reiterada visita de los turistas que ya conocieron lo más mainstream en su primer acercamiento.
San Pantaleón, evocadores restos
La iglesia de San Pantaleón presume de antigüedad en el siglo XII y está rodeada de misterio, propicia a la leyenda y a ver en ella reminiscencias exóticas. Su fundación se inscribe en el proceso inmediato de reorganización urbana y religiosa del antiguo enclave islámico. Sus evocadores restos, situados muy cerca de la Plaza Mayor en la ascensional calle San Pedro, muestran el arco de entrada ojival de la fachada principal. Uno de los capitales de sus jambas muestra a un jinete alanceando un dragón. En su interior está actualmente la estatua que Cuenca dedicó al poeta Federico Muelas.
San Martín, un ábside sorprende entre callejas
La iglesia de San Martín, en el barrio del mismo nombre junto a los pintorescos rascacielos medievales, fue una de las parroquias cruciales en la historia de la ciudad. Allí, por ejemplo, se bautizó a Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno y sucesor como pintor de cámara de Diego de Velázquez. De origen románico, incorporó pronto elementos protogóticos y góticos y, más adelante, renacentistas. El templo es uno de tantos ejemplos de patrimonio menguado por las desamortizaciones: pasó a manos privadas y actualmente sus vestigios están inmersos en una propiedad particular. Sí que se puede ver desde el exterior, callejeando, los restos de su ábside, llenos de sabor románico y medieval. Una sorpresa urbana de tantas como premian en Cuenca a los buenos caminantes.
San Miguel, románico y topografía urbana
Situada en un enclave estratégico asomado a la hoz del río Júcar, la iglesia de San Miguel conserva restos de su fundación románica, pese a las importantes modificaciones sufridas en epocas posteriores. Su emplazamiento responde a una lógica medieval clara: dominio visual, límite urbano y presencia simbólica. El ábside es el elemento más característico de este estilo románico y contibuye a dotar al edificio de un encanto mayúsculo. Templo desacralizado, ha sido escenario de la Semana de Música Religiosa y actualmente acoge el doble espectáculo audiovisual Luz Cuenca, un mapping que acumula premios.
San Miguel es uno de los mejores ejemplos de la relación entre arquitectura monumental y popular con el paisaje natural, una constante en la Cuenca medieval.
El báculo de San Julián, orfebrería excepcional
El báculo de San Julián, conservado en el Museo-Tesoro de la Catedral, el conocido también como Diocesano, es una de las piezas románicas más relevantes de la ciudad. Datado en el siglo XII y vinculado al segundo obispo y patrón de Cuenca, constituye un ejemplo excepcional, tanto por su calidad técnica como por su carga simbólica. Es una joya de orfebrería de finales del siglo XII en cobre, dorado y esmaltada que se relaciona con el Taller de Limoges (Francia). Representa la victoria de San Miguel sobre el dragón según el relato del Apocalipsis.
El Calvario de Alfonso VIII, un ejemplo único

También en el Museo-Tesoro y con una excelente escenografía se conserva el Calvario de Alfonso VIII, una obra a caballo entre el románico y el gótico que asombra por su calidad, su delicadeza y por su valor histórico. La tradición señala que el rey castellano donó el conjunto a la Catedral conquense. La imagen de Cristo, que está en el centro de la composición y mide 1,34 metros, se identifica como románica tardía y es más antigua que las de San Juan y la Virgen, probablemente del siglo XII. Es uno de los pocos ejemplos que hay en España de crucificados majestuosos o triunfantes, más habituales en el centro y norte de Europa.
Pilas bautismales de San Pedro y el Museo Arqueológico
La iglesia de San Pedro, en la zona más alta del Casco Antiguo, guarda una pila bautismal románica sin pedestal de estilo románico que procede de la población conquense e Villarejo de Fuentes. De decoración sencilla pero eficaz, rezuma verdad y siglos. También románica es otra pila bautismal que actualmente se encuentra en la entrada del Museo de Cuenca, el Arqueológico. Su origen es la ya desaparecida iglesia de Santa María de Gracia, que se encontraba en la actual Plaza de Mangana y que anteriormente fue sinagoga.
En el mismo centro museístico también se exhiben cruces parroquiales de la época, como las de Arrancacepas y Ribagorda así como varias esculturas también inscritas en este movimiento.
Alrededores
Los amantes del románico que hagan de Cuenca capital su campamento base tendrán, sin necesidad de moverse demasiado, sobresalientes enclaves de este arte en su provincia. Quizás los más conocidos y atrayentes sean las iglesias de Valdeolivas y la de Arcas aunque conviene no perderse tampoco ejemplos más modestos pero interesantes del románico rural de repoblación de comarcas como El Campichuelo. También sobresale la antigua iglesia de Santo Domingo en Alarcón.













