Un conquense exhuma a dos represaliados de la Guerra cuyo asesinato dejó un trauma en Mesegar de Tajo

Las familias de Agustín y Timoteo podrán dar sepultura digna a sus familiares gracias a la colaboración de los vecinos del municipio

Los trabajos de exhumación del Plan Cuatrienal impulsado por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática han permitido localizar en Mesegar de Tajo los restos de Agustín Felipe Labrado Bolonio, de 30 años, y Timoteo Higuera Ocaña, de 17, asesinados en otoño de 1936 por una centuria falangista de Las Palmas. En los trabajos antropológicos y arqueológicos han intervenido el conquense José Luis Córdoba como director arqueológico y el toledano Víctor Barrer como director antropológico.

Cuando una de las nietas de Agustín, que en el momento de su fusilamiento tenía dos hijos, solicitó recuperar los restos de su abuelo para darles sepultura digna, la Asociación de Memoria Histórica Manuel Azaña promovió y coordinó la intervención con fondos estatales procedentes del plan cuatrienal para la exhumación de fosas procedentes de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Fue la entidad quien puso en contacto a la familia con los profesionales que se han ocupado de los trabajos de exhumación.

Para poder localizar dónde se encontraban los restos en la fase de investigación, José Luis Córdoba señala que fue esencial la memoria colectiva, que se mantuvo intacta entre los habitantes del pueblo debido al «hecho traumático» que supuso el asesinato. Tras hablar con varias personas, los especialistas reconstruyeron los hechos y motivaciones que condujeron al asesinato de los dos jóvenes.

Trabajos de exhumación de la fosa. FOTO: Cedida

Agustín y Timoteo eran hijos de cargos locales republicanos que operaban tanto en el propio Mesegar como en los pueblos cercanos, sus padres se marcharon del pueblo antes de la llegada de las tropas nacionales al pueblo por temor a las represalias y ellos decidieron quedarse con el resto de sus familias, pensando que no les ocurriría nada. Una noche de septiembre la centuria falangista de Las Palmas los sacó de sus casas y los condujo a unas parcelas ubicadas en la misma calle donde vivía Agustín con su familia. Allí les fusilaron y dejaron sus cuerpos expuestos «a modo de aviso», según concreta el arqueólogo, algo que dejó una profunda huella en el pueblo. Tras días con los cadáveres comenzando a descomponerse el dueño de la parcela solicitó enterrarlos, quedando ambos cuerpos sepultados en una fosa común.

Ubicar dónde se encontraba exactamente la fosa fue un trabajo complejo debido a la transformación que había sufrido el pueblo con el paso del tiempo. La parcela se había dividido y en esas divisiones había zonas en las que se había construido, además, la fase de investigación no sirvió para dilucidar el punto exacto, por lo que los profesionales tuvieron que comenzar la excavación con maquinaria, resultando negativo en la primera parcela en la que intervinieron.

Imágenes de la exhumación de la fosa. FOTO: Cedida

Gracias al testimonio del albañil que había construido una vivienda en una parcela cercana, Córdoba y Barrer averiguaron que al hacer uno de los muros de separación en los años 80, los obreros creían haber encontrado restos humanos. De este modo comenzaron los trabajos en esa segunda parcela que fueron positivos. La intervención se produjo primero con maquinaria, algo que les permitió observar que debido a las obras anteriores la fosa al completo había quedado «muy afectada» y que los restos que allí yacían se encontraban en posición secundaria, lo que significa que los huesos no se habían quedado tal cual se enterraron los cuerpos, sino que se habían alterado, quedando desordenados, en muy mal estado y con partes perdidas. A pesar de esta circunstancia los profesionales pudieron dilucidar que se trataba de, al menos, dos personas al tener vestigios tanto del tren superior como del inferior.

Actualmente continúan desarrollándose en la exhumación el estudio histórico así como la intervención arqueológica, pues es necesario realizar un análisis antropológico así como pruebas de ADN para confirmar las identidades de los fallecidos. Sin embargo y, según señala Córdoba «los primeros hallazgos apuntan a la confirmación de lo que se esperaba encontrar». Por su parte, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, destacó en redes sociales la importancia de este hallazgo a través de sus redes sociales.

Casi noventa años después, la historia de Agustín y Timoteo avanza hacia la justicia simbólica y hacia la reparación del dolor de las familias de los represaliados en el transcurso del conflicto fraticida nacional. Una vez concluyan los trabajos y se confirme sus identidades sus familias podrán darles una sepultura digna y la localidad de Mesegar de Tajo podrá curar una herida que llevaba demasiado tiempo abierta.