Los diez mejores pueblos de Cuenca para recorrer en el Puente del 1 de mayo

Molinos, corbeteras, santuarios y bosques aguardan al viajero que elija la provincia conquense en el inicio del mes

El inminente Puente del Primero de Mayo tiene algo de frontera. No es todavía verano, lo que se agradece, pero el territorio ya ha cambiado y se ha sacudido casi plenamente de los rigores invernales: los ríos recuperan caudal, los montes se tensan de verde y los pueblos vuelven a abrir puertas y ritmos recuperando más actividad. Es, probablemente, uno de los mejores momentos del año para recorrer una provincia como Cuenca, donde la primavera no es uniforme, sino gradual, diversa y profundamente territorial.

Abundan lugares para una escapada de un día o que exprima los cuatro de asueto que muchos disponen de ellos. Ante tanta oferta es complicado decidirse y muchos criterios para realizar la criba. Esta es una selcción que esquiva una lectura superficial del mapa y fija sobre él diez destinos, diez destinos para descubrir y habitar efímeramente.

Uña y la laguna que respira

La laguna de Uña no es más que un recurso paisajístico. Signficia un sistema vivo que en primavera alcanza uno de sus momentos más expresivos. El agua gana presencia, las orillas se densifican y la actividad de aves y anfibios convierte el paseo en algo más que contemplativo.

El sendero perimetral —accesible y bien trazado— permite una lectura pausada del entorno, mientras que las rutas hacia la Serranía de Cuenca más agreste y que abren la posibilidad de alargar la estancia, pernoctando allí o en pueblos cercanos. Uña funciona especialmente bien en estas fechas porque no exige grandes desplazamientos ni planificación compleja, todo está a escala humana, humanísima, algo que agradecerán especialmente quienes vengan de grandes conurbaciones como Madrid, Valencia o Barcelona.

Corbeteras de Pajaroncillo: singularidad geológica sin artificio

Las Corbeteras de Pajaroncillo constituyen uno de los paisajes más insólitos —e incompensiblemente poco conocidos— de la provincia. Estas formaciones rocosas, modeladas por la erosión durante milenios, generan un conjunto de torres, agujas y siluetas que recuerdan, en cierto modo, a una Ciudad Encantada en miniatura, pero sin acondicionamiento turístico ni recorridos pautados.

Esa falta de intervención acaba suponiendo una ventaja competitiva como reclamo turístico. El visitante se mueve aquí con mayor libertad, sin itinerarios rígidos ni grandes flujos de público. En primavera, además, el contraste entre la roca desnuda y la vegetación circundante aporta una lectura más rica del paisaje. Pajaroncillo no es un destino cómodo ni inmediato, pero sí uno de los más auténticos y sorprendentes para quien busca algo distinto y que además se enmarca en un corredor tremendamente interesante para los amantes de la naturaleza, el que une Cuenca con Teruel y relativamente próximo a otros hitos interesantes como Las Torcas de los Palancares, las Lagunas de Cañada del Hoyo o el pintoresco Cañete.

Uclés y la escala monumental

El Monasterio de Uclés domina el paisaje desde una posición casi escénica. En primavera, el contraste entre la arquitectura y los campos abiertos de La Mancha conquense alcanza una claridad especial: luz limpia, horizontes largos y ausencia de bruma. Más allá de la imprescindible visita patrimonial a la antigua sede de la Orden de Santiago, el entorno permite paseos tranquilos y una lectura más amplia del territorio. Y es que a tiro de piedra en coche quedan otros grandes hitos del catálogo turístico conquense, como el yacimiento celtibérico, romano y visigótico de Segóbriga, la laguna de El Hito y la monumental ciudad de Huete. Uclés, con su Escorial manchego, es un destino que introduce una dimensión distinta en el viaje, la del tiempo histórico integrado en el paisaje.

Ercávica y la arqueología abierta

El yacimiento romano y visigodo de Ercávica (en el término de Cañaveruelas y en la literaria comarca de La Alcarria que Cuenca comparte con Guadalajara y Madrid) es uno de esos lugares que incomprensiblemente no están en los must de cualquier guía turística. Ruinas, paisaje, silencio y restos que fascinan y enseñan, que dicen más de lo que parece. En primavera, el entorno, con el embalse de Buendía cercano,aporta una capa adicional de interés. Es una visita que exige cierta disposición y que permite redescubir espacio todavía no domesticado por el turismo masivo.

Valdecabras, renacentismo y Ciudad Encantada

A pocos kilómetros de Cuenca capital, la pedanía de Valdecabras sigue siendo sorprendentemente, un lugar poco transitado en muchos de sus rincones y entornos. Sus pinares, sus formaciones rocosas y sus rutas permiten una inmersión en la Serranía sin grandes flujos de visitantes. Cuenta en su iglesia de La Asunción con un maravilloso retablo renacentista de Martín Gómez del Viejo, uno de los grandes pintores que dejaron también su huella en la Catedral de Cuenca.

La localidad es la puenta de entrada a la Ciudad Encantada, que se describe sin exceso de presunción como uno de los parajes más espectaculares del país. Fue declarado Sitio Natural de Interes Nacional en junio de 1929, hace casi un siglo. Allí se puede conocer aprender el proceso geológico del karst y admirar caprichosas formaciones. Es un destino especialmente adecuado para quienes buscan caminar sin prisa, detenerse, desviarse. En estas fechas, el verde es intenso y el aire aún fresco.

Beteta y la profundidad del territorio

Beteta abre la puerta a uno de los espacios más complejos de la provincia: la Hoz de Beteta y, un poco más allá, el Alto Tajo conquense. Aquí la primavera no es inmediata, la estación llega más tarde, pero con mayor densidad. Bosques, cortados, cursos de agua y una geografía más abrupta configuran un paisaje exigente, pero profundamente atractivo. El otoño es su tiempo predilecto, sin duda, pero la primavera también ofrece otra buena colección de oportunidades sensoriales. Merece la pena una gran exploración.

Garaballa: espiritualidad y paisaje en el santuario de Tejeda

En el extremo oriental de la provincia, muy cerca ya del límite con Valencia, Garaballa ofrece un destino distinto, menos evidente, articulado en torno al Santuario de Nuestra Señora de Tejeda y su antiguo monasterio, ahora hospedía, anejo. Es un gran enclave religioso y foco de devoción para un amplio territorio que se extiende por tierras conquenses, valencianas, turolenses e incluso albaceteña. Y es también una interesante obra arquitectónica y artística, con una valiosa colección de retablos barrocos y una atractiva decoración rococó.

El conjunto, rodeado de monte bajo y pinares, configura un espacio de recogimiento donde paisaje y tradición se entrelazan con naturalidad. La combinación perfecta para una ruta bien aprovechada es la ciudad medieval y deshabitada de Moya, una de las grandes joyas conquenses.

Huélamo y la altura como experiencia

Huélamo ostenta actualmente el título de Pueblo más Bonito de Castilla-La Mancha que otorga la televisión autonómica de Castilla-La Mancha. Y ciertamente es bien merecido, porque no es un destino convencional. Está ubicado a unos 1.316 metros sobre el nivel del mar, en la margen izquierda del Júcar. Clima más variable, con trazos invernales, tipismo serrano y paisajes privilegiados.

Desde el pueblo, las vistas sobre la Serranía son amplias, casi geológicas. La zonaes rica en quejigos, encinas y arbustos como el boj, el enebro y la sabina, además de los ricos pinares que la tapizan. A Es un lugar para quienes buscan algo íntimo y rotundo a la vez. Un punto para observar fauna como aves rapaces o ciervos, que es ideal para los amantes del senderismo. Puede decirse que queda a un paso (un paso por las no siempre fáciles carreteras serranas, eso sí) de los nacimientos del Júcar en Tragacete y del Tajo en la ya inminente provincia de Teruel. Mediterráneo y Atlántico se dividen el territorio.

Villalba de la Sierra como punto de partida

Villalba de la Sierra ofrece muchas razones para integrarse en una visita en este puente. Su cercanía y buena accesibilidad a Cuenca capital suponen una gran baza. También su condición de centro de empresas que ofrecen actividades en la naturaleza y deportes de aventura, como saltos de barrancos, espeleología, paintball o vías ferratas. Más que un destino en sí mismo, aunque también lo es, funciona como base. Desde aquí se accede con facilidad a enclaves como el inminente Ventano del Diablo o el Barranco del Júcar. Muy eficaz para un puente no muy largo.

Quijotesca Mota del Cuervo

Si la Serranía aporta verticalidad y agua, la Mancha introduce horizonte y escala. Mota del Cuervo, con sus molinos alineados sobre la sierra, es probablemente una de las imágenes más reconocibles de ese paisaje abierto y quijotesco. Pero reducir la localidad a esa postal sería un error. El municipio mantiene una actividad constante, con servicios, vida local y una dinámica cultural y festiva que se intensifica en primavera. Cuenta con monumentos interesantes como su iglesia parroquial de San Miguel Arcángel o su referente Museo de la Alfarería. En estas fechas, el entorno se suaviza: los campos verdes dominan sobre el ocre que vendrá y la cercana Laguna de Manjavacas presenta sus credenciales. Mota puede ser además hito de un itinerario que comprenda también Belmonte y Villaescusa de Haro, referentes manchegos para quienes aman la historia y el arte.