Jonathan, su legado familiar por el monte y su lucha por renacer los pueblos de la Serranía de Cuenca

El joven natural de Henarejos se especializó en medio ambiente para emprender en su pueblo con una consultoría ambiental.

Aquellos que se han criado en un pueblo desde la cuna les cuesta después dejar atrás su casa para tener que labrarse un futuro formativo y profesional por la falta de recursos en el medio rural. Con el paso del tiempo, son muchos los municipios de la provincia de Cuenca que cada vez más ven cómo sus vecinos tiene que emigrar hacia la ciudad con el fin de continuar su proyecto de vida. Una situación que, a la vez que van creciendo los más pequeños del pueblo y no hay más nacimientos, provoca la pérdida de muchos servicios.

Jonathan Casas se ha criado toda su vida en Henarejos, un municipio de la Serranía Baja conquense que actualmente tiene censados unos 137 habitantes. Viene de una familia con un legado muy arraigado al monte, ya que su abuelo se dedicó toda la vida a trabajar de ganadero, a pelar pinos y a esquilar ovejas, «a cualquier cosa que le diera de comer para salir adelante», ha señalado Casas a este periódico. Su padre, además, fue uno de que creó las cooperativas forestales, las cuales se encargaron de gestionar los incendios forestales de Castilla-La Mancha en la provincia de Cuenca antes de Tragsa y Geacam.

En definitiva, Jonathan lleva el medio ambiente en la sangre. Algo que, cuando dejó Henarejos con su familia para trasladarse a Valencia a estudiar el instituto y la universidad, decidió seguir profesionalizándose. «Lo he mamado siempre desde pequeño y lo he vivido muy de cerca, y cuando empecé a tener edad para trabajar estuve realizando trabajos forestales con ellos, pues conduciendo el tractos, yendo a triturar con la motosierra o la desbrozadora….», ha destacado.

A pesar de vivir en la ciudad, Casas siempre volvía al pueblo. «En verano o en fines de semana volvía al pueblo y trabajaba con mi padre porque me gusta mucho estar en Henarejos», ha resaltado. El arraigo por su pueblo hizo que Jonathan comenzara a realizar proyectos para «intentar mantener mi pueblo con vida». Por ello, estudió el grado de Geografía y Medio Ambiente para «dar un paso adelante».

Fue a partir de entonces cuando conoció a su socia Rosario y decidieron emprender con Sylva Hábitat en Henarejos, una consultoría ambiental en la que llevan trabajando ya cinco años. Además, hace algo más de un año, y viendo que su padre se iba a jubilar al igual que el resto de sus compañeros en la cooperativa forestal, Jonathan también quiso apostar por las empresas ya levantadas en el pueblo y hoy en día también gestiona esta sociedad.

«Me gusta mucho trabajar en el monte y desde que me hice autónomo he intentado hacer actividades y aportar al municipio, al ayuntamiento, y colaborar entre la poca gente que todavía quedamos con ganas de hacer cositas», ha subrayado Jonathan Casas.

El joven ha reivindicado la vida en el pueblo frente al ambiente urbano. «La libertad de poder correr y que nadie te tenga que estar controlando, que si te caes con la bicicleta te levantas y te apañas… Te enseña un modo de vivir que no tiene ningún punto de comparación y toda persona que tenga un pueblo lo sabe», ha destacado, quien además ha reprochado a los que dicen que van al pueblo «a desconectar y a la tranquilidad». «Los pueblos, y sobre todo las personas mayores que viven aquí, son más felices cuando es verano, cuando hay ruido en la calle, cuando los chiquillos están corriendo», ha resaltado.

Asimismo, Jonathan ha lamentado que su pueblo esté perdiendo actividad con el paso de los años, algo que provoca que también se pierdan habitantes y trabajos. «Habían muchas actividades tanto económicas como sociales que actualmente se han ido perdiendo y entonces es lo que me niego a dejar morir», ha señalado.

El apoyo de los vecinos para emprender

A Jonathan le surgieron una serie de factores determinantes que la ayudaron a comenzar a emprender en su pueblo. El primero de ellos, el apoyo de los vecinos de Henarejos, así como el propio Ayuntamiento y municipios aledaños que también están intentando moverse para que los jóvenes comiencen un negocio nuevo en los municipios, ha indicado.

Asimismo, ha destacado que es una persona «polifacética» que le gusta hacer varias cosas por el pueblo y «tenía esa libertad que a lo mejor un trabajo fijo en Valencia no me da». Se le juntó también que, cuando terminó el máster, comenzó la pandemia por la Covid-19 y en los pueblos «se abrió la famosa ventana del teletrabajo». Y por último, fue una época en la que coincidió que en los municipios de la Serranía conquense comenzaban a instalar la fibra óptica.

Foto cedida

«Todo esto y la libertad que yo podía tener de moverme siendo autónomo es lo que me terminó convenciendo y dando esa idea de probar y aventurarnos a intentar hacer estos trabajos», ha remarcado.

Para Jonathan son necesarios tres pilares fundamentales para arraigar trabajo y habitantes y que actúen a la vez: «que venga gente, que crees oportunidades de trabajo y que crees servicios. En este contexto, ha explicado que si viene una familia que se tiene que desplazar a un colegio lejos del pueblo «se van a terminar por ir».

Cuenca, una provincia propicia a la actividad forestal

Jonathan Casas ha puesto en valor que la provincia de Cuenca sea uno de los territorios con mayor masa forestal de Europa, una característica que daba «muchos trabajo» antiguamente a las cooperativas forestales, que había una cuarentena y que «todas vivían y no daban a basto».

En este sentido, el consultor forestal ha destacado que el trabajo medio ambiental «no es tan efectivo y no vende tanto» y el primero que «siempre hay una crisis, como no se ve de primera mano, pierde dinero, pierde apoyo y pierde potencial». Sin embargo, ha insistido en que en esta provincia «si se quiere y si se ponen los medios, puede dar muchísimo trabajo».

Además, ha aclarado Casas, los montes «son agradecidos». «Hay gente que dice que lo que haces no vale para nada porque vuelve a crecer, porque en lo que tarda no sufre un incendio, como ya sufrimos en Henarejos en 1994, que arrasó el municipio y todo el monte se quedó pelado», ha destacado.

Por ello, el henarejero ha insistido en que una provincia como Cuenca podría sacarle «mucho partido» al sector forestal, además de realizar actividades forestales de las cuales puedan lucrarse habitantes del propio territorio, «que puedan vivir de ello y que le pueden sacar un provecho». Asimismo, ha subrayado que esta pérdida de actividad en el monte supone un riesgo potencial mayor para cualquier incidente.

«Tienes toda una cadena que se ha ido perdiendo, que se rompió, y que evidencia que en el pasado daba mucho trabajo, se ha abandonado, no se da dinero a este sector, y por lo tanto se han perdido muchos puestos de trabajo y oportunidades», ha dicho Jonathan, que ha aclarado que «si en el pasado daba trabajo, significa que actualmente también podría darlo, y depende de los recursos que se destinen y el interés que haya por cada parte».