J. Alberto Torrijos Regidor (Plataforma Cívica por Cuenca).
Vamos a empezar comentando algunas cosas sobre lo que es una Información Pública. La razón de ser del trámite de información pública sobre actuaciones que una administración pretende realizar es que estas sean correctas legalmente y positivas para la sociedad en su conjunto. Para tales fines, en materia de infraestructuras, esa administración debe informar a la sociedad, con suficiente publicidad, exponiendo: lo qué quiere resolver, las alternativas que existen para ello (donde no debe faltar la alternativa cero, que consiste en no hacer nada), la valoración de cada una de ellas desde varios puntos de vista (el económico -lo que cuesta-, el ambiental, el de funcionamiento de cada solución, y otros aspectos de estudio que se consideren), por último debe lanzar a la sociedad una propuesta de solución tras comparar las alternativas que ha considerado. No siempre las administraciones están obligadas legalmente a realizar el trámite de información pública; sólo lo están cuando existe una ley sectorial (sea ambiental, de carreteras, o de lo que sea) que obligue a ello o cuando la naturaleza de lo que se pretende realizar lo requiere (esto es interpretativo por la administración).
Se da el hecho de que las administraciones, con frecuencia, prefieren eludir la Información Pública e, incluso, a veces lo hacen estando obligadas por ley.
Este es el caso del proyecto de los remontes al caso antiguo de Cuenca. Que sepamos, los titulares de la actuación (Ayuntamiento y la Junta de Comunidades) no la hicieron, estando obligados a ello por la legislación ambiental y por tratarse de una obra urbana con efectos sustanciales sobre la accesibilidad. Ese proyecto ha conllevado un fuerte impacto sobre la flora, que ha desaparecido, sobre su fauna asociada y sobre los humanos votantes, pocos e ignorados, que han tenido la desgracia de vivir en la zona de las obras.
Teniendo en cuenta los precedentes que acabamos de describir, sorprende, por lo extraño, que el Ayuntamiento de Cuenca, ahora y sin existir una ley que los obligue, haya sacado a Información Pública algo parcial relacionado con el futuro del Mercado de Abastos; ese “algo” ha sido tan solo el estudio de viabilidad económica de unas posibles actuaciones futuras que no se sabe materialmente en qué consisten y que, por tanto, se desconoce cuál es realmente su costo. Pero, además, ese estudio carece de una determinación realista y racional de la demanda que pudiera existir. Lo que establecen en cuanto a la demanda se puede calificar de ilusorio; a vuela pluma dan un número de visitas a “ese no se sabe qué”, de 600.000 visitas/año que generarán un gasto de 8 millones de euros. Imaginemos lo que significan estas cifras y hagamos algunos contrastes. 600.000 visitas al año suponen más de 1.644 personas al día como media, es un número próximo a los que salen en las turbas el Viernes Santo (¡menudo estropicio en la plaza del mercado, si se juntan de golpe!); la media de los turistas que visitan Cuenca por día es de unos 500 (datos de 2024), por tanto, suponiendo que todos los turistas visitan ese “no se sabe qué”, para llegar a esos 1.644, son necesarios 1.144 residentes por día que tienen que acudir diariamente y gastarse unos 400 euros al mes para llegar a esos 8 millones de euros.
¿Qué pretende en realidad el Ayuntamiento con esta Información Pública? En el documento sometido a información pública, con bonitas palabras se dice que la finalidad del proyecto es crear un espacio multifuncional, sostenible y abierto a la ciudadanía,que combine usos culturales, dotacionales, gastronómicos, deportivos, comerciales y de ocio, y que se convierta en un nuevo polo urbano para el centro de Cuenca. Sin embargo, lo que se ha comentado lleva a grandes dudas que hacen pensar en un caso más de cinismo y frivolidad de la clase política. En el mejor de los casos, quizás, esta extraña y fantasiosa información pública, sea una cura en salud sobre algo que ellos mismos prevén de dudoso éxito y permanencia; si fuera así, deberían tener una ética más sincera con el pueblo que los sostiene.












