«Tras los síntomas respiratorios, los neurológicos son los más frecuentes de la COVID-19»

Entrevista con Alicia Alonso, neuróloga conquense que trabaja en el Hospital Universitario de Amberes (Bélgica)

Alicia Alonso (34 años) aclara que, aunque nació en Madrid, creció en Cuenca y siempre se ha considerado conquense. Aquí vivió hasta que marchó a su localidad natal para estudiar Medicina en la Universidad Complutense. Tras licenciarse, hizo la residencia de Neurología en el Hospital Universitario de Salamanca y se subespecializó en enfermedades neuromusculares en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en Barcelona. Actualmente trabaja en la unidad de enfermedades neuromusculares del Hospital Universitario de Amberes, en Bélgica. Desde esa experiencia profesional y formación académica analiza en esta entrevista por correo electrónico los peligros neurológicos que encierra la COVID-19.

«Un estudio del Hospital de Albacete señala que más de la mitad de los ingresados por COVID manifestaron síntomas neurológico, una cifra muy alta para un virus respiratorio»

Cuando se habla de COVID se piensa inicialmente en problemas respiratorios, aunque su catálogo de síntomas y consecuencias es extenso. De una forma sintética, ¿qué daños neurológicos puede producir? ¿Cuáles son los más comunes y los más graves?

Lo cierto es que, después de los síntomas respiratorios, los neurológicos son los más frecuentes. Grosso modo yo los dividiría en tres: los más frecuentes y en gran medida inespecíficos (esto quiere decir que no solo se producen en la infección por COVID, sino también en otras muchas enfermedades), como son el dolor de cabeza, las mialgias (dolor muscular) la anosmia y ageusia (falta de olfato y gusto respectivamente); los graves pero afortunadamente menos frecuentes, como los infartos cerebrales, encefalitis y crisis epilépticas; y los derivados de la estancia prolongada en UCI, como las miopatías y neuropatías, que pueden llegar a ser muy invalidantes y necesitar mucho tiempo de rehabilitación. 

¿Qué porcentaje de infectados por el coronavirus presenta complicaciones neurológicas?

Estimar un porcentaje siempre es difícil porque muchos pacientes son asintomáticos o tienen síntomas leves y no suelen incluirse en los estudios pero, según un estudio del hospital de Albacete publicado en Neurology, más de la mitad de los ingresados por COVID-19 manifestaron síntomas neurológicos de algún tipo. Me parece una cifra muy alta si lo comparamos con otros virus respiratorios.

¿Hay una relación entre el grado de gravedad de la enfermedad y la probabilidad de que aparezcan estos problemas neurológicos?

Pues en el caso de algunos síntomas sí, y otros no está tan claro. Parece que la anosmia y la ageusia es más frecuente en los casos leves mientras que las alteraciones cognitivas como la confusión, desorientación y alteración del nivel de conciencia son más frecuentes en casos graves. Los infartos cerebrales parece que pueden suceder tanto en casos graves como leves o moderados.

¿Son comunes los deterioros cognitivos, cuestiones como la pérdida de memoria? ¿Qué es esa niebla mental o cerebral de la que algunos pacientes hablan?

Las alteraciones transitorias de la memoria o la atención sí son frecuentes en pacientes hospitalizados, sobre todo en los casos graves. Afortunadamente estos síntomas mejoran poco a poco, aunque algunos pacientes siguen refiriendo problemas para concentrarse incluso meses tras haber superado la enfermedad. Esto es lo que llaman “niebla mental”. De momento no está muy claro por qué se produce ni cuánto tiempo puede durar.   

¿Hay algún perfil de paciente más propenso a experimentarlos? ¿Edad, patologías previas, etc…?

Son más frecuentes en casos graves y en pacientes mayores, que en la mayoría de los casos también tienen patologías previas como diabetes, hipertensión y obesidad, pero también los vemos en pacientes jóvenes sin enfermedades previas.

¿Y cómo se afrontan clínicamente estos daños neurológicos? ¿Qué tratamientos se aplican?

Lo cierto es que no hay un tratamiento específico para las complicaciones del COVID, sino que se tratan de forma dirigida según la patología: por ejemplo, los ictus se tratan igual que los ictus en otros pacientes.

Por otro lado, los pacientes que sufren debilidad como consecuencia de una larga estancia en UCI, necesitan muchos meses de rehabilitación.

«Complicaciones más graves como alteración del nivel de consciencia o los ictus, si las hay, suelen aparecer en la segunda semana de enfermedad»

¿Cuándo aparecen estos problemas? ¿A los pocos días de la infección de manera simultánea a otros o días después? ¿Hay casos de gente que se da por curada, con el virus negativizado, y en la que semanas o meses aparecen estos daños?

Es variable, pero en general los síntomas leves como cefalea, ageusia o hiposmia aparecen en la primera semana. Cuando hay complicaciones más graves como alteración del nivel de consciencia o los ictus suelen aparecer más tarde, en la segunda semana. Yo creo que ahora mismo no hay evidencia de que una vez superada la enfermedad puedan aparecer estos problemas si no lo han hecho antes.  

¿Se sabe ya por qué el SARS-CoV-2 afecta al sistema nervioso y al cerebro?

No está del todo claro, pero fundamentalmente hay dos mecanismos que se barajan: el primero es la afectación directa del sistema nervioso central: se piensa que el virus podría acceder o bien transportado desde otros órganos como el pulmón a través de la sangre, o bien desde la cavidad nasal a través de los nervios olfatorios. El problema de esta teoría es que en la inmensa mayoría de pacientes en los que se busca el virus en el líquido cerebroespinal, no se encuentra. Es decir, se hace una PCR como la que te hacen vía nasal, pero del líquido cefalorraquídeo y no se encuentra el virus. Por ello hay una segunda teoría que supone que el sistema nervioso central se daña de forma secundaria como consecuencia de una respuesta inflamatoria que llega también al cerebro. Probablemente se trate de una combinación de mecanismos.

¿Los problemas más comunes son consecuencia directa de la enfermedad o de los tratamientos para atajarla?

De la enfermedad, claramente. Como siempre, en algún caso aislado puede haber una complicación del tratamiento, como un sangrado por el uso de anticoagulantes, pero no hay ninguna duda de que los beneficios superan enormemente los riesgos.

¿Se ha comprobado algún patrón que asocie el tratamiento o ingreso precoz de la enfermedad con menor daño neurológico a medio y largo plazo?

Lo desconozco.

«Parece que la pérdida de olfato y gusto se produce por la invasión directa del virus de los nervios olfatorios y de las células que lo rodean»

Un factor muy característico de la COVID-19 es la pérdida de gusto y de olfato, ¿se sabe por qué se produce, qué mecanismos hay detrás? ¿Puede ser irreversible?

Parece ser que se produce por invasión directa del virus de los nervios olfatorios y las células que los rodean. Estos se encuentran en la parte superior de la cavidad nasal, donde captan los olores y transmiten la información al bulbo olfatorio, que es la estructura del sistema nervioso central donde se procesan los olores. El COVID-19 bloquea esta transmisión de la información lo que conduce a una pérdida de percepción no solo del olor, sino también del sabor de los alimentos. La inmensa mayoría de los casos es reversible, aunque en ocasiones puede durar más tiempo. Hace un año que comenzó la pandemia, por lo que es pronto para decir si puede ser irreversible o no.

¿Hay alguna evidencia, o al menos indicio, de que haber pasado la COVID-19 eleve el riesgo de padecer Parkinson o Alzheimer?

No, hasta donde yo sé no hay ninguna evidencia al respecto.

«Me considero muy afortunada de vivir en una época en la que hay tantos miles de personas dispuestas a trabajar para desarrollar fármacos tan prometedores como las vacunas»

Al margen de la enfermedad en sí misma, como profesionales de la salud ¿están observando problemas relacionados con los confinamientos, el mayor aislamiento social o el aumento del sedentarismo que han traído la pandemia? 

Sin lugar a duda. Yo me dedico a las enfermedades neuromusculares. Son en su mayoría enfermedades crónicas afectan a la movilidad, a la fuerza y a la sensación del tacto. Muchos de mis pacientes necesitan seguir tratamiento rehabilitador a largo plazo para mantenerse en una condición física lo mejor posible. Durante los picos de la pandemia esta rehabilitación se suspendió, lo que ha supuesto un gran impacto en muchos de los pacientes, que han perdido fuerza y resistencia… si a eso le sumamos el impacto emocional de la reducción del contacto social, de las actividades al aire libre, de la falta de ejercicio, de ocio y en ocasiones la pérdida de seres queridos, el impacto es enorme. Algunos de mis pacientes necesitan también tratamientos farmacológicos periódicos para los que tienen que acudir al hospital. Durante los picos de mayor incidencia del virus nos preocupaba no poder tratarles, pero afortunadamente en mi centro hemos conseguido hacerlo sin demasiado retraso.

Algo que no me atañe a mí de forma directa (porque no forma parte de mi subespecialización) pero que me parece muy grave son aquellos pacientes que han sufrido ictus estando en casa, y que por miedo no han acudido al hospital hasta mucho tiempo después. El ictus es una emergencia médica y el pronóstico puede cambiar drásticamente si se trata dentro de las primeras horas, por lo que es de vital importancia que si alguien tiene síntomas sugestivos contacte inmediatamente con los servicios sanitarios de urgencias.  

Las vacunas que ya se están aplicando, ¿suponen algún riesgo desde el punto de vista neurológico?

Las vacunas de Moderna y Pfizer-biontech han demostrado en ensayos clínicos con más de 70.000 ser muy seguras. No se detectó ningún efecto adverso grave (ni neurológico ni de otra índole), lo que fue sin duda una excelente noticia. A mi personalmente me fascina toda la investigación y esfuerzo que hay detrás de estas vacunas y me considero muy afortunada de vivir en una época en la que hay tantos miles de personas dispuestas a trabajar para desarrollar fármacos tan prometedores. De las demás vacunas que se están aprobando en estos días todavía no he leído los ensayos clínicos, pero no tengo ninguna duda de que si son aprobadas por la FDA y la EMA es que son seguras.

Cualquier cuestión que quiera añadir… 

Me gustaría concluir diciendo que nos ha tocado vivir una época muy difícil que ninguno hemos elegido. Pero ignorar el problema, mirar para otro lado y buscar culpables no nos va a sacar de esta. Creo que cada uno de nosotros tenemos que asumir nuestra pequeña parte de responsabilidad y hacer lo que esté en nuestra mano para frenar la expansión del virus.