Sevilla dialoga con el silencio nazareno de Cuenca este sábado en el Concierto de Inicio de Cuaresma

La Oliva de Salteras ha preparado un montaje estelar con sorpresas, como la presencia del compositor José Alberto Pina.

Existe un poder ritual en el recogimiento, cuando la intimidad danza en el corazón y en la mente de cada nazareno con los sentimientos a flor de piel inscritos como una sagrada escritura en el alma. Sin ornamentos, sin barroquismos, Cuenca cuenta en silencio su gozo y su dolor, carga la cruz en el Calvario y celebra la resurrección del Señor con la única compañía de la música, esa que exterioriza lo que se vive bajo el capuz y que pone melodía a lo que los cofrades solo pueden expresar callando.

Aunque en Sevilla la Pasión se vive como «una gran ópera en la calle» en la que todo es escena y la marcha procesional dialoga con el color, la multitud y la luz cambiante de la tarde, la Oliva de Salteras acude a su cita en Cuenca este sábado sabiendo que la fe conquense nace de la intimidad. En ese diálogo con dos maneras de expresar una misma fe, dos acentos de una misma lengua, el director de la formación hispalense, José Peña Rubio, señala que existe «una unión» marcada por el lenguaje universal que es la música.

Así, a pesar de que se antoje una tensión insalvable que el metal acostumbrado a proyectarse aprenda a recogerse y que la brillantez conviva con la sobriedad sin perder autenticidad, los 75 músicos que conforman la banda y que este sábado pondrán melodía a la devoción en el Teatro Auditorio José Luis Perales, demuestran que todo es cuestión de conexión. Como muestra de ese hermanamiento sonarán como parte del repertorio Tulipas en el Cielo o Entre Banzos, dos míticas composiciones de la tierra como invitación a dejarse llevar sin prejuicios a través de la lectura hispalense. Ahí se produce el verdadero ejercicio de comprensión en el que la Oliva de Salteras no tratará de imitar el acento local, sino que dará su propia mirada y dejará una interpretación única para el recuerdo de los conquenses en la que sin duda se ha convertido en cita imprescindible del calendario nazareno, el Concierto de Inicio de Cuaresma.

El Jerusalén en piedra ibera en una sala: una misión que solo podría cumplir la música

La marcha de Semana Santa está hecha para sonar en la calle, existe una medida casi científica en la que los propios músicos estudian su auditorio al aire libre, desde las condiciones climatológicas hasta la cantidad de público, pasando por la orografía, la altura o los materiales a su alrededor y, en base a ello, modifican el sonido de su instrumento para que la melodía cofrade se perciba siempre con la grandiosidad que merece.

La diferencia no es retórica, es física, y la acústica se transforma en un campo de batalla. En la calle, el sonido puede rebotar o expandirse e incluso perderse si no se gobierna. Por ello, explica el director, «la banda eleva el volumen natural». En el auditorio, en cambio, el sonido encuentra amparo porque la arquitectura lo sostiene, lo devuelve y equilibra. La obra puede interpretarse con naturalidad y es el recuerdo de cada nazareno el que hace la magia y lo transporta a través de la melodía a un recuerdo de su Semana Santa sin importar su origen.

José Peña, director de la Oliva de Salteras. FOTO: Cedida

Un montaje espectacular y sorpresas para dejar la estela hispalense en Cuenca

El amor, esa es la receta del éxito de la banda para conseguir levantar al público del auditorio. Un amor que ha estado presente en la preparación al estudiar y tratar de entender una Semana Santa tan diferente y a la hora de planear cada detalle de concierto. Aprovechando que la Oliva de Salteras no es la primera banda hispalense en la capital conquense, su director asegura haberse puesto en contacto con La Cigarreras, que hace apenas un año desfilaba junto al Prendimiento. Peña señala que la experiencia que le trasladaron fue «muy positiva» y que esperan que el público conquense les reciba «con los brazos abiertos» y les traslade el mismo cariño que ellos pondrán sobre el escenario.

En cuanto al montaje, el director ha avanzado a este medio de comunicación que han trabajado mucho para trasladar a los asistentes un espectáculo único. Peña ha destacado que hay muchas sorpresas preparadas para que la velada sea el inicio que merece la Semana Santa de Cuenca y ha desvelado a Voces de Cuenca que se interpretarán dos marchas del compositor José Alberto Pina, Crucifixus y Promesa, un momento que se coronará como uno de los más especiales del concierto con la presencia del propio Pina, quien dirigirá a la banda en ambas interpretaciones.

El auditorios se volverá este sábado templo y elevará hasta los cielos a los asistentes con el sonido con de una arquitectura propia que la calle no puede ofrecer. Y en ese momento de intimidad y de escucha se encontrará la verdadera comunión. Porque cuando el metal aprende a recogerse y el silencio acepta vibrar, la diferencia deja de ser contraste y se convierte en armonía. Quizá entonces la música consiga hacerse oración y se produzca el milagro, la catarsis, esa capaz de hacer que no esté físicamenta la imagen de la Pasión para convocarla. Que basta con el pulso justo, con la intención precisa, para que en la memoria de cada oyente se levante su propio paso.