La devoción llena las calles de San Antón para acompañar a Jesús Amarrado a la Columna en su Vía Crucis

Los conquenses, con presencia destacada de jóvenes, han dado una lección de devoción no dejando solo al Señor durante todo el recorrido.

Como es tradición el Vía Crucis de la Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna ha cumplido con su cita de cada primer viernes de Cuaresma recorriendo las calles de San Antón. Las angostas y tortuosas calles del barrio gritaban necesidad este 2026 tras la suspensión del evento nazareno por excelencia para inaugurar el tiempo litúrgico hasta la Semana Santa el pasado año por la lluvia. Los conquenses han respondido a la llamada de la hermandad con el fervor y la devoción que los caracteriza, llenando cada parte del recorrido.

La jornada ha comenzado con la celebración de la Santa Misa en la iglesia de la Virgen de la Luz, sede canónica de la Hermandad. El obispo de la Diócesis, José María Yanguas, ha presidido la Eucaristía con el acompañamiento musical del Coro de Cámara Alonso Lobo, que ha elevado a través de la música el alma hacia los cielos en una catarsis espiritual para todos los asistentes.

Poco después de las ocho de la tarde el sueño se hacía realidad cuando las puertas de la iglesia de la Virgen de la Luz se abrían y la patrona de la ciudad iluminaba el crepúsculo para que el látigo invisible perdonase y fuera más liviana la condena al herir la piel del nazareno. Como es habitual, una repleta Avenida de los Alfares abrigaba a Cristo en esta fría tarde para que los primeros pasos de su ascenso hasta el Gólgota conquense estuviesen inundados de un silencio repleto de almas.

El trazado del nazareno se ha replicado desde el origen del Vía Crucis en 1998, sin embargo la fotografía evoluciona cada año y sirve de pulso espiritual del inicio cuaresmal en la ciudad. Aunque es normal, dadas las dificultades y orografía del recorrido, que los devotos y público se reduzcan a medida que avanza el cortejo, Cuenca ha dado este viernes una lección de fe y compromiso, protagonizada especialmente por los más jóvenes, que no han dudado en acompañar al Señor en su desfile de principio a fin junto a los más veteranos, en una muestra de que el relevo de la devoción está asegurado.

Paso a paso, estación a estación, a pesar del nutrido acompañamiento se ha respirado un ambiente de recogimiento y silencio solo quebrado por la oración y la música de la mano de un trío de Capilla de Cuenca, que ha marcado el pulso a los banceros con la percusión de las horquillas sobre el empedrado. Clarinete, oboe y fagot se han entrelazado en una interpretación magistral y sobria, acorde con el momento, para sostener musicalmente las catorce estaciones, favoreciendo un clima de meditación y el examen interior que define este Vía Crucis, considerado por muchos nazarenos como uno de los momentos más íntimos y auténticos de la Cuaresma conquense.

El obispo de la diócesis y además pregonero así como el cartelista de la Semana Santa 2026, Pedro José Ruiz Soria, han acompañado a Cristo durante todo el recorrido. Una particular imagen para el recuerdo que ha completado el cartelista del Vía Crucis 2026, Tomás Bux ejerciendo como bancero de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, dejando que el peso del banco dibujara sus propios trazos sobre su hombro.

Las lágrimas de cera han ido cubriendo al ritmo del rezo cada parte del recorrido desde las manos de los devotos por la calle San Lázaro, avenida de los Alfares, calle Belén y calle Hermanos Pérez del Moral, regresando posteriormente por el mismo recorrido en sentido inverso hasta descender para que cuando el último cirio se apagase y el feroz arañazo del frío del Júcar amenazase con arañar las heridas de Cristo, Cuenca ya hubiera acompañado al ‘Amarrao’ hasta su templo, donde descansará el látigo perpetuo hasta que vuelva a acariciar las calles de Cuenca el próximo Jueves Santo.

GALERÍA DE IMÁGENES DEL VÍA CRUCIS