De La Junquera al sol de medianoche en el Ártico: la conquense que planea cruzar Europa

Más de 8.000 kilómetros, siete países y una historia marcada por la pérdida y la resiliencia.

Si algo saben los conquenses, que recorren el empedrado siempre en cuesta de su Casco Antiguo y que desde niños están acostumbrados al frío feroz arañándoles la cara, es de tesón, paciencia y desnivel. Haciendo gala de tales valores, entre caballerescos y quijotescos así como de su buena forma física como habitual del pedal, la conquenses Beatriz Muñoz se ha lanzado en una trepidante aventura para recorrer Europa en bicicleta junto a su pareja, Sandra Morán. Ambas partirán el próximo 10 de marzo desde La Junquera, en la frontera francesa con un objetivo tan ambicioso como simbólico, llegar a Cabo Norte, en Noruega, tras más de 6.000 kilómetros a golpe de pedal desde el 2 de abril, fecha de inicio del viaje.

Un viaje con origen sentimental y una preparación de infarto

En el caso de Bea, la bicicleta no es una moda ni un capricho. Es herencia. Es identidad. Hija del fundador de Todo Bici Cuenca, creció entre ruedas, cadenas y alforjas. Con solo siete años ya hizo el Camino de Santiago en bici junto a su padre, una experiencia que marcó el inicio de una larga relación con el cicloturismo. «Todo lo que somos de adultas tiene mucho que ver con lo que vivimos de pequeñas», reflexiona argumentando que «sin aquellos viajes, hoy no tendría el valor de afrontar algo así». Muñoz además señala a su padre, quien cruzó Estados Unidos en bicicleta, como un apoyo incondicional en todo este proceso pues le está construyendo un ciclo ex profeso para este viaje.

La extrema aventura nace de una de esas lecciones de vida que las circunstancias arrancan a golpe de realidad y que en el caso de Muñoz fue la muerte de su madre en un accidente de tráfico hace un año y medio. La ciclista señala que si algo extrajo de tan terrible situación fie que «la vida no espera» y que decidió hacer aquello que la ilusionaba «sin tener que esperar a jubilarme, a tener tiempo o a tener dinero». Así, Muñoz relata como una noche le propuso a su pareja la idea «y ella siempre me dice que si a todo, al principio duda, pero luego se acaba apuntando», por lo que tras consultar ambas en sus respectivos trabajos la posibilidad de solicitar sendas excedencias y se decidieron a prepararlo todo.

Beatriz Muñoz y Sandra Morán. FOTO: Cedida

Un viaje de esta mangnitud requiere una preparación digna de mención. En total, ambas jóvenes recorrerán más de 6.000 kilómetros en su itinerario por Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Suecia y Noruega. A pesar de que Muñoz señala que la ruta ya está trazada pero es flexible, prevén que se prolongue algo menos de tres meses, aunque asegura que los vivirán «sin prisas» y con margen para adaptarse al cansancio, al clima y a los imprevistos.

En lo económico, lejos de idealizar la aventura, Bea habla con claridad de los números señalando que «el viaje cuesta dinero y da vértigo cuando haces cuentas». El gasto diario estimado ronda los 30–40 euros, incluyendo comida y alojamientos puntuales. A eso se suma una inversión previa de entre 5.000 y 6.000 euros en material, entre bicicletas, alforjas y equipo de grabación.

Beatriz Muñoz y Sandra Morán. FOTO: Cedida

Un viaje hecho documental y dos puntos muy esperados del recorrido

Entre testigo y recuerdo, las viajeras documentarán su itinerario de un modo semiprofesional en su canal de YouTube, con un enfoque más trabajado y narrativo e incluso con espectaculares clips a vista de pájaro, mientras que Instagram y TikTok mostrarán el día a día de forma más espontánea. Bea ya tiene experiencia previa creando contenido, especialmente relacionado con el Camino de Santiago aunque confiesa que esta apuesta es «muy diferente» de lo que suele hacer.

Aunque las ciclistas se muestran ilusionadas por todo el recorrido, a título personal, Muñoz revela que cruzada la frontera pasarán por Sarrians, el pueblo de Francia donde se crió su madre, lo que será un momento de conexión con su pasado. Después vendrán Dinamarca, con su cultura ciclista y sus rutas llanas, y finalmente los fiordos noruegos. El objetivo es alcanzar Cabo Norte en verano, cuando las temperaturas son más llevaderas y el territorio es ciclable.

Logística de la ruta

Para conseguir superar todas las dificultades, la mayoría de las pernoctaciones están planteadas en tienda de campaña a modo acampada, algo que en territorio nacional puede resultar más complejo dado que no está restringido salvo en zonas habilitadas a diferencia del vivac, una forma de pernoctar al raso en la naturaleza, durmiendo directamente en saco y esterilla, sin tienda de campaña. A pesar de esta experiencia, la ciclista conquense señala que combinarán la experiencia en plena naturaleza con camping para cargar baterías -en sentido literal y figurado- en función del clima, el cansancio y las necesidades aunque esperan reducir estos gastos especialmente a la vuelta.

Cambios de última hora en el viaje, un golpe antes de comenzar

El itinerario se concibió con un plan bastante distinto. El objetivo de las ciclistas era partir de Tarifa y cruzar la Península hasta Francia, lo que sumaba dos meses y 2.000 kilómetros a la ruta, esto iba a ser el mayor reto del viaje ya que, en palabras de Muñoz, «España era, con diferencia, la etapa más exigente, solo aquí acumulamos más de 20.000 metros de desnivel, más del doble que Francia y Alemania juntas en la misma distancia», explica.

Otro de los grandes cambios y quizá el más doloroso para ambas ha sido el tener que dejar en tierra a Eiden, su gato y la ‘tercera pata’ del equipo. Las jóvenes tenían planeado llevarse a su compañero de cuatro patas, para lo que incluso habían diseñado una estructura específica, un portabultos delantero reforzado, una cesta de fruta como base y un transportín pensado para perros, adaptado a su peso con protección contra la lluvia y mosquitera incluida. Incluso habían hecho un viaje de prueba Cuenca-Madrid para comprobar que todo funcionaba.

Los cambios han venido motivados debido a que la excedencia que habían solicitado en sus trabajos, inicialmente con una duración de seis meses, no ha sido admitida, por lo que han tenido que reducirlo a tres. Muñoz confiesa que habían esperado para solicitar este trámite y que hasta poder solventarlo y saber que «al menos nos daban tres meses» fueron unos días complicados a nivel emocional, y que ver reducida la ruta y trastocados sus planes ha sido «un golpe duro», pero, afirma que «así son los viajes» y que «seguro que hay otros muchos cambios que todavía no conozco», ha sentenciado.

No hay obsesión con la fecha ni con el éxito porque, tal y como señala Muñoz «el destino es solo un punto en el mapa». Por ello la ciclista toma el reto con filosofía y comenta que «si por cualquier cosa no llegamos, para mi no sería un fracaso porque la meta es el propio viaje». Aun así, hay un sueño compartido, llegar cerca del 21 de julio, cuando en Cabo Norte se produce el sol de medianoche y el sol no se pone durante 24 horas. Un sueño que curiosamente los últimos imprevistos han situado más cerca al haberse reducido el peso que llevará cada una y las exigencias de parada y ritmo que iban a encontrar con la compañía de su gato. Si finalmente consiguen que ese sueño llega a materializarse, Muñoz ha prometido una imagen para el recuerdo de ambas oneando una bandera de Cuenca, una postal final inmejorable para una historia que empezó en esta tierra.