Del éxtasis al bostezo

El toreo se ahoga en la indiferencia de una tarde que nunca despegó. Marco Pérez se marchó con un apéndice poco justificado.

Jesús Domínguez

Después de la embriaguez histórica vivida ayer, la tarde de hoy no fue sino un vaso de agua tibia. Una corrida sin norte ni fundamento, plana, sin emoción, que hizo languidecer la expectación levantada en vísperas. Como dice el Apocalipsis: «Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Nada hay peor para el toreo que la indiferencia, y esta fue una de esas tardes de hastío en las que la plaza se sumerge en el silencio y la rutina. No hubo drama, ni gloria, ni tan siquiera el amago de una rebelión torera capaz de despertar al público. Lo vivido ayer parecía un sueño distante y hoy la realidad se mostró cruda: cuando falla la emoción, la fiesta se desploma.

Los toros de El Pilar, de mejor presencia que comportamiento, no pasaron de ser una comparsa en el ruedo. Su naturaleza, más que brava, fue tibia, y su escasa fuerza dejó a los toreros en una encrucijada de la que no supieron o no pudieron salir. A pesar de la presencia de los toreros en la plaza, el verdadero espectáculo se dio en los tendidos, con un pequeño altercado en el tendido 4 y una «cantante improvisada». Como bien dice el refranero español: «Cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo».

Talavante: Presencia hueca

Talavante, con un traje de blanco y oro y una muñequera en su mano izquierda, se enfrentó a un lote sin alma. El primer toro, un castaño de 490 kg llamado «Jabalero», embistió humillado pero con una constante pérdida de manos que impidió cualquier conexión con el público. La faena, con muletazos sueltos de gran factura, careció de la rotundidad necesaria para emocionar.

El cuarto, «Sombrerero», un inmenso negro mulato, subió en trapío, pero no en bravura. Este toro fue la viva imagen de la insipidez, sin definirse en los primeros tercios y moviéndose sin raza. Talavante, que lo dominó en un meritorio inicio de faena, se vio sin opciones y se despidió del ruedo con un lote que no le permitió ir más allá de la corrección.

Juan Ortega: La pureza estéril

Si en Talavante el toreo se mostró como una forma sin fondo, en Juan Ortega la pureza se convirtió en una virtud estéril. Vestido en un suave rosa palo y oro, el sevillano salió al ruedo cargado de la responsabilidad del arte, de esa búsqueda incesante de la belleza en la que el tiempo se detiene. Pero el tiempo en la plaza de Cuenca no estaba para pararse, sino para arrastrarse. A Ortega le tocó un lote que exigió más de lo que ofreció, un par de astados que fueron, en sí mismos, una declaración de principios contra el toreo de arte.

El primero de su suerte, de nombre «Guajiro», era un toro de más cuajo que de bravura, una estampa de la desgana. Su embestida, recta y sin entrega, era un muro para cualquier intento de ligazón. El animal se movía sobre las manos, sin fijeza, sin humillación, como un robot programado para el mínimo esfuerzo. Ante él, Ortega intentó lo imposible. La pureza del sevillano, su toreo al ralentí, su búsqueda de la armonía, se estrelló contra la indiferencia del toro. Cada muletazo era un deseo que no se cumplía, una pureza que no encontraba su eco. Fue una faena de más disposición que lucimiento, una demostración de buenas intenciones en un contexto sin alma. La estocada, al segundo intento, fue un mero trámite que certificó el vacío de la lidia.

En su segundo toro, «Resistente», el panorama no mejoró. Un colorado remiso, sin la viveza necesaria para permitir el toreo ligado. Se quedaba corto a partir del tercer muletazo, limitando las opciones del torero y frustrando cualquier atisbo de faena. Ortega lo intentó, bregó, puso voluntad y oficio, pero la colaboración del astado fue nula. Toro peligroso en sus embestidas. Se fue con ovaciones del público, ovaciones por su disposición más que por su resultado. Y es que el toreo, cuando se queda en la superficie, sin el compromiso total del toro y del torero, se desvanece en la memoria como una brisa de verano.

Marco Pérez: Tremendismo bailón

El joven charro Marco Pérez, que vistió de grana y oro y saludó desmonterado al pisar la plaza por primera vez como matador en Cuenca , mostró una entrega que se ahogó en un «tremendismo bailón». Su primer toro, «Portador», fue un negro salpicado muy largo y exigente. El joven diestro, a pesar de su entrega, tuvo una faena falto de colocación, pero que contó con la aprobación del público. Obteniendo un trofeo a «a todas luces desproporcionado». Si la feria de San Julián aspira a ser algo más que una verbena de verano, si quiere un lugar en el calendario taurino nacional, debería reflexionar seriamente sobre estas actuaciones ‘tombolescas’

El sexto, «Sombreto», un toro que marcó más clase en su embestida pero con nula fuerza, fue protestado por el público por perder las manos incluso antes de entrar en el tercio de varas, pero el presidente lo mantuvo en el ruedo. El resultado fue una actuación desdibujada en los terrenos de cercanías, con falta de colocación y el habitual bailoteo del torero. La petición para otra oreja no llegó a ser mayoritaria y se marchó con una ovación.

En una plaza de toros, la decepción no se mide con el pañuelo ni se aplaude con la ovación. Se siente en el estómago, en el silencio de los tendidos, en la inapetencia del público ante una obra que no es arte, sino un simulacro. La tarde de hoy en Cuenca ha sido la viva estampa de ese hastío. Ha sido una crónica de lo que pudo ser y no fue, de un toreo sin alma frente a toros sin fuelle.

Ficha del Festejo

PLAZA DE TOROS DE CUENCA. Miércoles, 27 de agosto de 2025. Dos tercios de entrada.

AMBIENTE: Tarde calurosa con pequeñas ráfagas de viento. El ambiente en los tendidos fue más animado que lo visto en el ruedo. Hubo un pequeño altercado en el tendido 4 y una «cantante improvisada».

GANADERÍA: El Pilar: “Mejor presentación de los toros que comportamiento”.

TOROS:

  • 1º Jabalero (490 kg, 02/21): Castaño. Justo de fuerza, embistió humillado pero se quedó sin gas.
  • 2º Guajiro (537 kg, 07/21): Castaño. Con cuajo, pero deslucido por una embestida sin entrega, recta y sobre las manos.
  • 3º Portador (522 kg, 08/21): Negro salpicado. Con hueso y largo. Más móvil que entregado, exigente por su codicia.
  • 4º Sombrerero (532 kg, 06/21): Negro mulato. Inmenso, con buen trapío, pero nula bravura y querencia a tablas.
  • 5º Resistente (481 kg, 04/21): Colorado. Muy remiso y peligroso, se quedaba corto en las embestidas.
  • 6º Sombreto (512 kg, 05/21): Colorado. De buena clase, pero con nula fuerza y protestado por el público.

ESPADAS:

  • Alejandro Talavante: Silencio y silencio. Una tarde de «presencia hueca» con un lote sin opciones.
  • Juan Ortega: Ovación y ovación. «Pureza estéril» ante toros sin entrega que limitaron sus opciones de lucimiento.
  • Marco Pérez: Oreja y ovación. «Tremendismo bailón» con una oreja «a todas luces desproporcionada» en su primero y una actuación desdibujada en el sexto. Salió desmonterado al hacer su debut como matador en esta plaza.

OTROS DATOS:

  • Trajes: Talavante (blanco y oro con muñequera izquierda), Juan Ortega (rosa palo y oro), Marco Pérez (grana y oro).

GALERÍA DE LA FAENA DE TALAVANTE, MARCO PÉREZ Y JUAN ORTEGA