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06/08/2019 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard Literario Conquense: Adiós labriego, adiós

ADIÓS LABRIEGO, ADIÓS.- Aurelio Yuste Valero.-Edición de autor.-1985.-Ilustraciones de Salvador Monleón Solera

El propio autor califica este libro como estampas costumbristas, un autor que oculto en el anonimato no deja de aparecer una y otra vez a lo largo de toda la obra dividida en dos partes: en la primera como un humilde vecino que va recorriendo despacio las callejas empinadas de Fontanara, nombre mítico de Salvacañete, en la segunda   como un aldeano que vuelve al terruño tras largos años de ausencia.

Gran observador, de una delicada sensibilidad humana Aurelio Yuste Valero, va deshojando página a página un  inmenso  mosaico de personajes peculiares que pueblan Fontanara y  aldeas limítrofes, todos bajo la pátina común de un pasado centrado en la España de la postguerra y en los años  amargos del éxodo rural hacia las grandes ciudades, un pasado de penuria  económica y de enorme valor espiritual, que no ha de volver, y que el autor quiere dejar constancia para futuras generaciones.

Tras una exhaustiva y grata lectura, es preciso destacar los siguientes rasgos y características:

Lenguaje popular: léxico campesino

El léxico propio de un ambiente rural aparece a lo largo de toda la obra, sin duda es Aurelio un excelente recopilador de palabras olvidadas, no en vano es autor también de un libro muy importante en el panorama lingüístico de investigación VOCES DEL PASADO.

Palabras como bardal, cándalos, escriño, reñal, vedija o zurriago y un larguísimo ecétera imprimen a la obra un peculiar ambiente semántico, por lo que este libro figura en la próxima, esperemos, publicación de la ENCICLOPEDIA LINGÜÍSTICO-LITERARIA DE AUTORES CONQUENSES.

Transcripción fonética de giros y usos populares:

El habla del pueblo al desnudo, un pueblo que nada sabe de sintagmas, morfemas o lexemas, que habla como se le viene a las mientes. Lengua viva que Aurelio recoge en parte y nos brinda, dosificada en aperitivos lingüísticos para abrir las ganas de    conocer el verdadero sabor del lenguaje, el que vale para entendernos: Sirva este fragmento como muestra:

“Yal pasar la calera queai en la curva del camino, según se sube, al dar vista a la casa, se le planta en metá elcamino un bulto grandismo con unos ojazos así de relucientes, como deun gato montés. Yel bisagüelo quera muechao palante dice ¡quien vive! y na. El bultaco en metá el camino Y dice otra vez el bisagüelo quera mu bragao ¡quien va, o tabraso! Y amartilla el pistolón, que llevaba siempre en la faja, cuando iba a ver a la corteja. Y na. Los ojones, ca vez más relucientes…”

Uso peculiar y constante de sufijos:
Sufijos despectivos
En ote:
-Unos muchachos rubiejos, coloradotes juegan por entre las mesas.
-Un crío ya zanganote, pelón entra corriendo. 
-La tía Irene saca de la faltriquera un navajote renegro y rebana un trozo de levadura.
-El cuarto corbella, Locadio, zagalón infelizote, romo de entendederas.
-La maestra  observará pronto que casi todos los niños de aldea son buenos chicos. Respetuosos, noblotes, fieles.
-Aquel hombrezote medio barbiño, con sombrero de señorito, no trajo ni se llevó ninguna solución.
-El muchacho pequeño le echa un canterote, que Cochises atrapa en el aire. 
-Viste el peque un pantalonzote viejo, corto y escaso.
-Los Urdiales, pueblezote lejano de Aragón.
-Una cabra coja, rumia tristemente atada de un sogote.

En ucho/ucha

-Es una mujer enjuta, renegra, de ligero bigote, y un par de lunares con  con peluchos muy largos.
-Tenía toda la traza de curandera: vieja, altucha, desgarbada, sin gracia alguna.
-La borrica granducha, tranquilona y gris mordisquea una mielga con desgana asnal.
-La tía Felipa trastea por un cuartucho despensa.
-De unos viejos llares cuelga un pringoso caldero, donde cuecen con tufo blanducho, gamones para los cerdos.

En ota/eto
-Una faldota que se fue quedando cada vez más pobre y escasa.
-Es campechana como su padre, noblota.
-Era el mejor escopeto del contorno.

En on/ona y plurales:
-Los ojones, ca vez más relucientes…”
-Más adentro cuelgan fantásticos chupitones de hielo.
-Sus ojeras grandonas  y tristes…

En azo:
-Un gatazo holgazán se acerca inflando el lomo desafiante.
-Llegaban sus retoños: unos zagalones grandazos, con atroces ganas de comer. 

En uca/uco/ucho/usco/uzco/arro/arra/arrón
-La tía Regina, una viejuca medio curandera, medio bruja…
-Madre, que ledicho a usté que me cosa la bragueta o no me pongo más estos pantalonzucos.
-Anselmo, ya es tuyo, por mu rabioso que esté el perrucho.
-Unas gallinas parduscas, escarban macilentas en un estercolero
-Tiene el belfo entre costurones negruzcos de cicatrices y la sangría reciente de la serratilla.
-Mana un fuentarrón de agua.
-Parecía algo tontarra.

Diminutivos:
-Ahí está también el porroncillo del anís, pegajoso y dulcete.
-Se quedará contemplando el humear de sus ropejas cortas.
-El regordete Quico recorta aún más sus pantorrillejas sucias con unos calcetines pardos.

Una de las características peculiares es el uso del lexema medio, usado como partitivo, a veces adjetivo, a veces adverbio, que imprime a los sustantivos y verbos correspondientes un significado enigmático, una alternancia semántica con la que el lector ha de decidir su significado exacto:

-Medio sabe, medio pregunta el tío Simón.
-Ambos abuelos se levantan medio apoyándose  en sus garrotas, medio estirándose torpemente.
-Se oye el medio arrastrar  de las alpargatas de cáñamo.
-Las vigas, con los grandes tablones clavados son arrancados con furia y desaparecen torbellino abajo, medio hundiéndose, medio asomando…
-La cocina, el medio aseo, la casa entera despedía un penetrante olor indefinible.
El medio hombrecillo de dentro…pregunta en voz alta…
-Resultó ser un medio tonto de La Cierva.
-El tufo penetrante, medio de humo, medio de meriendas, medio de torpeza, medio de prisas, medio de humana desidia…
-Solían andar ligeras de ropa: una mala blusa, medio desabrochada, medio forzada por unos pechos agresivos…medio descalzas, en ese medio abandono atrayente.

Como recurso estilístico  usa contrastes de significado, otorgando a la frase una densa carga significativa que raya en una secuencia visual o cinematográfica:

-Los gestos ariscos de la Naty, desmentidos por  la dulzona expresión de sus ojazos acariciadores…
-Los pechos son apenas un calor turgente, minúsculo, en las manazas ávidas del hombre…
-Los tábanos, grandazos, han clavado su potente aguijón y un hilacho de sangre, primero roja, luego negruzca, gotea por la piel resudada de los animales. 108
-Ladra un perro enfurecido bajo una puerta. Los muchachos zanganotes, le hurgan con un palo por la gatera.
-El tío Cecilio lía del tabaco ajeno con regusto de avaricia. Se le nota en la forma glotona de coger la petaca, en el modo de recalcar el picado, hasta en la medio rebaba que le retiembla en el labio de abajo, aparentemente blando y fofo.

Abundan las frases poéticas que infunden a toda su obra una pátina metafórica, sensible y lírica a un tiempo:

-El otoño dibuja el paso del río con sus curvas apretadas de álamos.
-El sol corta de sesgo los tejados y una diagonal de sombra separa la calle de abajo.
-En el hueco de un portalón el sol corta en dos a la bisabuela Bernarda.
-La noche se arremete. La luna, empañada de frío parece colgada de unas nubecillas endebles.
-El sol es tan solo una rodaja grana, allá al comienzo del sabinar.
-Un silencio que parece abrazarse a la oscuridad colgada hacia el barranco.
-El rumor acompasado del río como una vieja letanía cansada y distante.
-Sobre la calzada del puente se recoge el último aliento de la tarde.

Abundan también descripciones de la Naturaleza, fruto de su amor al campo, al monte, a la tierra… Aparecen muestras del saber popular como predicciones del tiempo y sobre todo una buena recopilación de refranes, algunos poco usuales en la paremiología clásica:

-La que está picá cebolla come.
-No se crían rosas pa jumentos.
-A tu tierra grulla aunque sea con una pata sola.
-Los duelos con buena bota son buenos.
-Donde humea no escarchea.
-A caballo viejo poco verde.
-Oveja que bala bocado que pierde.
-No hay bien ni mal que cien años dure.
-O la gran secá o la gran remojá.
-Por la boca muere el pez.
-La cabeza el comer al endereza
-De la panza sale la danza.
-La perdiz y la oveja donde entra la reja.

Digna de una mención especial es su gran maestría en la descripción de personas:

-La tía Irene es una mujer enjuta, renegra, de ligero bigote, y un par de lunares con peluchos muy largos, debajo de la barbilla.
-La tía Leonarda  es grandona, huesuda, zanquilarga, cargada de espaldas. Tiene el ojo izquierdo inútil, velado por una nube azul.
-En mangas de camisa, con ese mandilón de lona a rayas blancas y verdes, parece un gracioso tonelillo que tuviera cabeza  y brazos peluchos y piernas macizas, que se mueven con agilidad asombrosa.
-El tío Soguilla, pequeño, chaparrote, de piernas sobrestevadas. La cara chupada, de barbilla huida, picón de dientes y nariz enorme y colorada, cual pimiento morrón, asomada hacia delante.

O situaciones especiales, argumentos y temas que bien pudieran ser aprovechados por artistas pintores para  cuadros inmortales:

-La tía Irene, enfrentándose con sus vecinas y echando pestes de su marido un mostrenco que pa ella está de sobras… desabrochándose con rabia la  pechera de la blusa les muestra un pecho escurrido, amoratado y con visibles muestras de ensañamiento: “Veis como estoy de seca y consumía”.
-Un hermoso gallo rubio galantea a una gallina oronda, de color ceniza. Es una gallina particularmente esquiva. Pero el apuesto macho la persigue en una breve poderosa carrera, la gallina se esponja ahuecando las alas…
-Juana la hornera huele a pan de aldea, a sudor sano de hembra en pleno vigor…En la misma punta de los pechos, donde marcan unos pezones robustos, el jerseyzote, raído y viejo, muestra sendos agujeros que abriera el tiempo y el mismo empuje lozano de los senos… 
Y en  decir las cosas sin decirlas, rara habilidad, propia de esa sabiduría que dan los años y el haber sabido  observar continuamente, hablar sin hablar, decir sin decir…  
-La verdad es que palangana y toalla se podrían quejar del tiempo, pero no de un trato abusivo y despiadado….
-Botella de aguardiente en el siglo pasado,  en la actualidad es un casco renegro…el aguardiente parece también de sospechoso color acaso porque haya tomado el de la botella…

Así mismo abundan las tradiciones y costumbres propias del ámbito etnológico-popular:

- LOS HORNOS DE  PAN COCER
-EL MATAGORRINO
-LOS MAYOS A LA VIRGEN 
-EL GALANTEO
-LA RONDA DE LAS MAYAS
-LA BARBERÍA
-EL ESQUILEO
-LA SIEGA
-CENCERRADAS A LOS VIUDOS QUE VUELVEN A CASARSE

Si peculiar es la forma que configura el estilo literario, es preciso destacar el fondo, el tema o tesis que todo autor imprime a su obra, en ¡ADIÓS LABRIEGO, ADIÓS! destacan:

1) Prototipos de ensalzamiento:
*  Homenaje  a la mujer campesina cuyo prototipo está encarnado en la tía Casta, mujer de temple de acero: “una de esas mujeres que no tienen tabas, que crió una docena de hijos, a los que trajo más derechos que una vela. Crió también a cientos, miles de corderos  y bichos de corral….segando hierba, estirándose con avaricia por los ribazos…”

*A los sufridos hombres del campo, papel encarnado por el abuelo Mariano, omnipresente en toda la obra, hombre bondadoso,  sabio y  recio como el olmo de la plaza, el primero en tender su mano franca y campechana a todo el que lo necesitara.

*Profesiones rurales, encarnadas en la maestra de aldea y en el médico, personas sufridas y abnegadas:

“Nadie como la maestra sentirá tan angustiosa la soledad de la aldea. Pocas veces debe sentirse el corazón de una mujer tan desvalido como el de esa maestra, desvelada en la encogida en la encogida soledad aldeana. Nadie como ella sentirá   tan angustiosa esa soledad, ese temblor del candil que se apaga, de las sombras fantasmas…
O el médico: que tanto sabe de enfermos de aldea, de caminos retorcidos, de alcobas sin aire y sin luz, de camastros sin sábanas, y de cansinas cabalgaduras…”

2) Grandes temas
Éxodo rural: Es el trasfondo de la obra, protagonizado por el abuelo Mariano, que  ha de dejar su pueblo natal para marcharse a Barcelona siguiendo a sus hijos, impregnado de un regusto amargo: “a mis años ir a dar con los güesos a la ciudad”, allí se encontrará con toda serie de sinsabores y contrariedades a las que hará frente con humor, paciencia e ingenio, incluso con sabia socarronería.
El autor, viajero que retorna, en el epílogo del libro contempla con nostalgia una naturaleza  expoliada, ya nada volverá a ser como antes: una irreparable mueca de la Naturaleza, torcida por la mano del hombre.

Realismo crítico:
*Iglesia: El cura del pueblo, don Celedonio es el prototipo del cura de  misa y olla, preconciliar, que defiende a una iglesia jerárquica, absolutista y carente de humanidad, dueña del púlpito y administradora de penas   infernales:

–Vamos tío Mariano, lo que debe hacer usted es venir los domingos a misa, y confesarse, que me parece que lleva camino de ir derecho al infierno…

Enfrente el abuelo Mariano: humano y por eso tan divino, con su petaca grandona dispuesta a ser compartida en fraternal y animada charla:

–“A las gentes   se les gana con el ejemplo y conviviendo con sus   defetos y sus miserias, y ustés, por el contrario, tien debilidá por los buenos rincones: busca un cura ande haiga buena mesa, buen vino y buena moza, si las tres cosas juntas, mejor…Pero no los verás en casa de los pobres, ande harían falta pa remediar o condoler una miseria…”

*Social: Pobreza crónica, encarnada por las chicas de servicio, con frecuencia vejadas, y engañadas, explotadas la mayoría de las veces: “Somos pobres y no hay más remedio que aguantar”.

*Burocracia administrativa: Algo funcionaba de mal en peor: fuera la propia administración; las prisas de las personas a su servicio, o fuera la misma sociedad beneficiaria…aquel tinglado social  entendía que habría sido montado con algún sentido humanitario, pero cuya humanidad no aparecía por ninguna parte…

*Guerra civil: Crítica amarga y feroz : Rojos o azules…¡Qué miserables formas de complicar la vida más allá de una traspuesta aldeana…..parece una burla áspera del destino el que esas gentes tuvieran que sufrir en sus carnes la brutalidad de una guerra inútil… 

*Servicio militar: A Fernando le horrorizaba el servicio militar…se sublevaba íntimamente en presencia de aquellos casos en que las ordenanzas se confundían de puro viejas,  haciéndose una rutina machacona y vulgar.

¡ADIÓS LABRIEGO, ADIÓS! condensa de forma admirable toda una época que efectivamente, no volverá, pero que es indispensable conservar en el recuerdo y convertirla en  ley de  memoria colectiva. Libro para ser leído con deleite y que nos ofrece la oportunidad de disfrutar sosegadamente de un estilo de vida basado en el compartir, valorando  la amistad, la camaradería, el difícil arte de  la sana vecindad, el humor y el amor por la Naturaleza a la que aún estamos a tiempo de conservar. 

 

10/06/2019 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Arcángeles del siglo XIII

Arcángeles del siglo XIII.-Catedral de “Santa María” de Cuenca.-José Mª Rodríguez González.-Entidades colaboradoras: Instituto de Estudios Conquenses y Cuenca Abstracta 2016

Tras la lectura de la Introducción y del Prólogo, ya puede hacerse el lector una idea del contenido tan especial de este singular libro, tanto por el tema como por el ámbito artístico y religioso que representa la catedral de Cuenca.
Después de un breve recorrido histórico sobre los reyes   que intervinieron en la construcción de la catedral Fernando III y Alfonso X el Sabio, el autor describe minuciosamente las figuras de los 11 arcángeles que coronan el   falso triforio de la catedral conquense: los más populares Miguel, Rafael y Gabriel junto a otros aún  desconocidos por el gran conjunto de la sociedad.
José María Rodríguez maneja con maestría el bisturí de historiador y enamorado de  la iconografía de los coros celestiales que vigilan desde lo alto el recinto catedralicio. He aquí los centinelas arcángeles del siglo XIII:
–Ángel Custodio o Ángel de la Guarda.
–San Uriel: Fuego de Dios, a sus pies el demonio Rahad, representante de la insolencia, el orgullo, la oscuridad y el caos.
–San Zadkiel: Justicia de Dios, el ángel de la benevolencia.
–San Egudiel: la penitencia de Dios, es el arcángel que estuvo junto a Jesús en el huerto de Getsemaní.
–San Miguel: ¿Quién como Dios? Representante de la Justicia y la lucha por el Bien.
–San Rafael: Curación de Dios.
–San Gabriel: El arcángel de la Anunciación.
–San Jophiel: Luz de Dios.
–San Azrael: A quien Dios ayuda.
–San Sealtiel: Plegaria a Dios.
-San Chamuel : El que ve a Dios, se le representa   sonriendo y con una rosa entre las  manos “como referencia al  amor puro y a la belleza que refleja el alma al encontrar el amor de Dios.” Su rostro ha sido el elegido por el autor como portada de libro, como símbolo y leimotiv vital del mensaje que envían los ángeles: Amando a los demás se descubre el sentido de la vida, el sentido de vivir y dar la vida por Amor.
El conjunto de los 11 ángeles (falta el nº 12 que según investigaciones del autor debió ser Jeremiel cuya  imagen desapareció en el incendio de 1767), es a todas luces una catequesis doctrinal que en la época medieval la Iglesia acostumbraba a hacer  mediante figuraciones y representaciones escultóricas, ornamentos, retablos, etc.
En la actualidad la catequesis religiosa se condensa en este libro tan especial por su humanidad divina, fruto de la investigación histórica y afán literario de su autor, que desmenuza y analiza magistralmente hasta el último detalle   cada una de las figuras angélicas. Libro para sonreír, como Chamuel y guía imprescindible para deambular de forma celestial  por la catedral de Cuenca.

01/04/2019 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Alex y el lobero - Paz López

Alex y el lobero.-Paz López López.-Ilustraciones: María Arribas.-Editorial Babibibu

“Desde la perspectiva de Álex, con la complicidad de su inseparable Mixta, vivimos en primera persona el sentirnos mayores e importantes al hacernos partícipes de una experiencia ancestral que une a la comunidad. Aportando al mismo tiempo una visión amable y enriquecedora del Lobero, un personaje real de los siglos XVII y XVIII. La convivencia en el mundo rural entre las distintas generaciones ayuda a comprender el presente, respetando y agradeciendo el pasado”.

Alex y el lobero es un  cuento dirigido a niños y niñas   que rompe esquemas tradicionales y parámetros clásicos de la Literatura Infantil  y lo hace de manera    apenas perceptible en una primera lectura rápida y ligera.

Sin duda, la autora, Paz López, ha correteado durante su infancia por los campos de Castejón tejiendo ramilletes de flores silvestres, llenando sus pulmones de aire limpio y ha escuchado repetidamente al calor del hogar  el tradicional relato del lobero alcarreño.

En Alex y el lobero podemos ver metáforas como: “El silencio cubrió todo el espacio”  y bellos párrafos descriptivos de sentimientos y emociones: “Cuando la escuché, sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo y mi garganta se cerraba  cuando intentaba tragar saliva”.

Un cuento singular  vertebrado por dos ideas fundamentales:

a) Sentimiento atávico de pertenencia a una comunidad a través de la exaltación popular de la tradición. Con sus derivadas consecuencias de amor a la naturaleza identificada en los animales, especialmente de la  perrita Mixta  con capacidad de  “oler  el miedo”, así como ovejas y  lobos. Acierto magistral el de los lobos invisibles: que alertan a los perros pastores para que el ganado esté a salvo.

b) Implícito, oculto, apenas insinuante aparece con claridad  la manifiesta variedad de familia: Alex tiene dos mamás. Situación  real en nuestra sociedad actual que la autora defiende  con sutil maestría.

Las ilustraciones, muy coloristas,  llenan de  atracción    festiva cada una de sus páginas, contribuyendo a una  obra excelente para el público   infantil  que gustará igualmente a los mayores. Una sutileza final: ¿Alex es nombre de niño o de niña? Juzguen Vds.

 

28/10/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Gaviotas amarillas.-Elena Sáiz Sepúlveda.-Ediciones Atlantis

Dicen los entendidos que la gaviota  es símbolo de libertad, el tótem ideal para marineros, poetas y artistas; que el  color    amarillo serena y anima. Que el amarillo es el color  propio de los optimistas.    
También es el color principal de la amabilidad,   del gozo de vivir, de la actividad y de la energía. El amarillo reluce como un relámpago y esto lo hace el color de lo espontáneo y de la impulsividad.
Solo falta unir las dos palabras para darle título a un libro que destila por los cuatro costados un ansia de libertad creativa y gozo supremo del arte literario, pictórico y musical:

“El color amarillo es muy importante para mí; me da fuerza, me da vida, siempre llevo algo amarillo conmigo. Por ejemplo, hoy, en mi bolso, llevo una piedra pintada de amarillo". Son palabras de una de las protagonistas de “Gaviotas amarillas”, libro singular por el ambiente literario que rezuma a lo largo de sus páginas, olor a tertulia, a poemas declamados, a cuadros, a bohemia parisina, artistas, pintores, literatos y sobre todo la voz de la mujer que se alza poderosa reivindicando el derecho a compartir la creación literaria con  los hombres.

Se advierte en la obra claras referencias al Romanticismo, la autora   revive personajes literarios muy importantes de esa época: Juan Eugenio de Hartzenbusch, Washington Irving, José de Espronceda, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer, en clara camaradería con una distinguida pléyade  de escritoras: Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Carolina Coronado, Robustiana Armiño, Faustina Sáez de Melgar  y la omnipresente Gertrudis Gómez de Avellaneda, adalid de la mujer escritora y prototipo del romanticismo español:

“Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras”.

Entre tertulia y tertulia, viajes y lances amorosos, Elena Sepúlveda   pone al descubierto temas de gran importancia, no solo en el siglo XIX, época en la que está ambientada la novela, sino que son de la más absoluta realidad actual: entre los que cabe destacar  la homosexualidad en sus dos vertientes, masculina y femenina,  la lacra de las   adiciones, situación política convulsa  y sobre todo el machismo atroz de la época:

“Tenemos que escondernos desde niñas para poder leer y escribir”

El leimotiv de la obra es sin duda la reivindicación de la mujer que pide a gritos abrirse paso en la sociedad dominada por el hombre. No sería hasta el año  1978 cuando la mujer, en la persona de Carmen Conde fuera elegida por primera vez académica de número de la Real Academia Española.

Como forma artística literaria Elena ha elegido el tiempo presente en toda su obra, dándole a la misma un carácter  fresco y continuo haciendo  evolucionar a sus personajes en un escenario cuasi teatral, en un  diálogo progresivo que da paso a los  personajes secundarios. Utiliza la sorpresa contenida como recurso, centrada en el personaje misterioso que galantea asiduamente a Gertrudis y cuya identidad sorprendente solo se revela al final, como asimismo el lector  encontrará en las últimas páginas  un desenlace amoroso inesperado. Quedando la novela abierta en total libertad, sin normas clasicistas de desenlace obligado.

“Gaviotas amarillas” es una  invitación a leer las obras de los autores mencionados y sobre todo la de Gertrudis, atormentada en su búsqueda vital,como nos dice ella misma en uno de sus poemas:

Yo como vos para admirar nacida,
yo como vos para el amor creada,
por admirar y amar diera mi vida,
para admirar y amar no encuentro nada.

Gaviotas amarillas” es la primera obra en prosa de   Elena, en la que revela veladamente sus grandes dotes literarias   poéticas en estos sencillos y proféticos versos:

Mañana la lluvia será alegre,
el cuenco de mis manos
convertirá su tristeza en alegría

Buenos días, Elena, sigue ofreciendo el cuenco de tus manos para  que en ellas aniden nuevas obras, libres y alegres gaviotas. 
 

 

20/06/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard Literario Conquense: Batalla blanca

Batalla blanca.-Paz López.-Editorial Adarve

Elegir el título de su obra es para el autor cuestión capital   que  puede  decidir el destino de un libro. Batalla blanca, tan solo dos  palabras, denota inteligencia sutil  para condensar una totalidad abrumadora y envuelta en la penumbra de un paraíso habitado por amor y   desamor en continua lucha. Título de contrarios, convivencia  de dos realidades contrapuestas, anticipo de lucha interna, autora atrapada en una encrucijada vital, metáfora  exquisita, porque las batallas blancas no existen, pero sí el color blanco en las batallas, el color de la paz de quien prefiere parlamentar y no derramar sangre inútilmente.

Figuras retóricas

Tesis…antítesis…síntesis…reto de Paz López al mundo literario con una obra singular cuya forma aparece estructurada    en canales poéticos bien delimitados, destacando el uso   de la prosopopeya, exposición permanente de  bellas metáforas, donde la naturaleza puede tomar forma humana, donde   el  sol es capaz de tener hijos difusos y juguetones

-Uno de ellos, el más atrevido posó sus labios en los míos y me besó…

El espejo puede llorar:

-El espejo vertía las lágrimas de aquel rostro oculto tras el vaho…

El viento dar bofetadas:

-Fue entonces, la bofetada del viento la que me dio los buenos días.

O arrullos  dulces, refiriéndose a las hojas:

Justo antes de transformarse y mezclarse con la tierra, el viento contra el que había luchado la mecía en un leve arrullo, haciendo más agradable su último viaje.

El sol de nuevo, convertido ahora en rey,  y las nubes en plebeyos:

-El sol, amable y sensual, el rey de los plebeyos que me despertó se ocultaba cobarde y callado detrás de los soldados grises…

El sueño se convierte en un dios:

-El sueño hizo su presencia; entró de puntillas, con aires de dios romano con la victoria reflejada en su rostro.

Los colores bailan:

-Los tonos apagados los veía ahora deslumbrar, bailaban en leve celosía el tierra siena con el rojo cadmio claro, mientras el prusia, el carmín de garanza y el blanco entonaban un dulce vals.

En una esquina, bajo una luz de neón, miraba celoso el marrón sucio.

Las heridas respiran:

-Ángel me había dejado una herida y esta, después de casi seis meses, todavía se podía oír respirar bajo mi piel.

Y la nostalgia se vuelve viajera:

-Necesitaba alejarme de todo aquello, pese a que la nostalgia viajase en mis maletas.

Sintagmas  poéticos y de fuerte plasticidad  van brillando por toda la obra, no en vano Paz se inició en el mundo literario con una obra poética:

-Aspirar tinieblas transparentes…

-Su mano era suave, tersa y firme en la justa medida; nada de dedos blandos que se deshacen como mantequilla.

-Con agua y lágrimas me lavé la cara.

-Sus ojos, un túnel oscuro con una luz al final del trayecto, me sonrieron.

-Utilizando mi cadáver vivo como lienzo, deslizó con suavidad los pelos de marta impregnados de pintura…

Decorado conquense

Como si nos llevara de la mano, la autora nos acompaña en un paseo  relajado por calles y lugares de Cuenca capital, rememorando rincones y  parajes entrañables que sirven de marco y decorado para la trama novelística de la obra:

Hoz del Huécar – Plaza Mayor – Carretería – Parque de San Julián- Calle del Agua- Río Huécar -   Almudí - Museo de Arte Abstracto - Casas Colgadas - Puente de San Pablo, etc…

Vocabulario

Destacan palabras  no corrientes como hipermimia, frotis, falafel… otras propias del argot artístico del arte pictórico  y algunas,   reflejo del habla popular y origen alcarreño, tales como  empero, ínterin, farfullar, noche de perros, matorral de brezo, gazuza y  restrangueros:

-Así llamábamos a las cuestas con poca vegetación que, arrasada por nuestro descenso insistente, acabábamos convirtiéndolo en un perfecto tobogán. 

Recursos narrativos

Destaca la reiterada utilización del flash back técnica narrativa que consiste en intercalar en el desarrollo de una acción pasajes pertenecientes a un tiempo anterior, utilizada para mostrar al lector la relación con Ángel, uno de los principales contendientes en esta batalla blanca que Lucía Noray, la protagonista, mantiene a lo largo de la obra:

-Una vaga imagen me visitó…navegué en mi mente y allí estábamos en el estudio una tarde de primavera…

Acierto es también la introducción y contacto con otros medios artísticos como la radio el cine y la literatura, que  revisten de movimiento e interés a la totalidad de la obra:

-Magazine radiofónico “Madrugadas contigo”

-Tierras  de penumbra (Film)

-Los recursos de la astucia (Pío Baroja)

De gran importancia, por el simbolismo reinante, es la frecuente alusión a las diosas de la  Mitología que la autora aplica a las mujeres amadas por  Lucía Noray. Por las páginas del libro desfilan  como arquetipos  clásicos femeninos Venus y Hestia/Vesta, en contraste con Anjara, nombre de la  diosa cántabra de la guerra y de la caza, prototipo de mujer valiente, libre e independiente y  la poetisa Safo, atormentada por un amor no correspondido,   muy querida y representada por los grandes pintores europeos del siglo XIX.

Tras todos estos prolegómenos formales nos adentramos ya en el tema central de la obra, el fondo, el contenido: la homosexualidad femenina que   Lucía Noray defiende una y otra vez   contra viento y marea:

-No es fácil ser mujer y amar a otra mujer en esta “sociedad tolerante”.

-Nosotros somos una raza distinta, un ser inferior, tan diferentes que precisamos de un día en el calendario.

-Formamos parte de las víctimas de las operaciones de limpieza social en algunos países y somos tema tabú en otros tantos.

Si  Paz López se hubiera quedado en una exposición más o menos novelada de esta sexualidad lesbiana  Batalla blanca habría sido otra obra más, sin embargo, la utiliza  para convertirse en el leimotiv de un engranaje literario que ella misma describe así:

Mi cabeza y mi corazón se batían sin tregua en una batalla blanca que parecía no ver fin, ese punto de luz que me  mostrase la salida y me ayudase a escapar de este cuarteto de apegos  y necesidades en el que me enredaba y enredaba a los demás a mi paso.

Este cuarteto de apegos y necesidades da origen a una lucha interior de la protagonista  por su condición homosexual  que se debate entre el rechazo de:

Su familia

Aparecen frases desgarradoras, fuertes, que sumen a la protagonista  Lucía en un gran desconsuelo:

-Vertí lágrimas sobre el cristal por una familia a la que quería tanto que me dolía verla.

-¿Dónde guardas ese beso milagroso que curaba todas mis heridas? ¡Mamá! ¿Qué fue de ti?

-Te quiero, sí te quiero y no importa que me rechaces por mi condición, eres mi madre y, por mucho que me desprecies, te seguiré queriendo.

-…cuando decidimos contárselo: mi madre, mi dulce madre, nos llamó guarras, nos echó de casa, de su vida; no quería volver a verme…

Su   primer gran amor

Para guardar las apariencias, en un principio su primer amor lésbico recibe el nombre de Ángel, que termina por abandonarla por otra mujer. Lucía nunca olvidaría a Ángel:

-Al otro lado de mi lecho no había sino el vacío, la nada, el frío exudado del amor que una vez más me dejaba perdida, con los pies cansados y la garganta seca.

-Se enamoró de otra mujer. Con lo cual ya no tenía mucho sentido que siguiésemos juntas; eso sí, Ángel desde el primer momento, fue muy sincera conmigo… – Ángel es una mujer, ¿sorprendida?

Su amor platónico

-Lo peor era ver a Irene y no poder decirle nada, disimular y mostrar una falsa sonrisa de complacencia….

-El amor se desvanecía como la niebla al salir el sol magnánimo y poderoso, convirtiéndose en sufrimiento y odio.

Ella misma hacia un amor secundario

Itziar, contraste literario más, a quien en el fondo envidia, por no haber sido rechazada por la madre, como ella lo fue en su día:

-No me importa con quién compartes tu cama. Solo quiero que seas feliz.

–Itziar  empezaba a padecer, sin saberlo, la indiferencia que me envolvía con su fina tela de araña, era partícipe de mi sórdido deseo hacia ella.

–La engañé, pero no sentía compasión por ella, al contrario, la envidiaba…

–…diosa que vigilaría constantemente el fuego del hogar. Eso representaba para mí Itziar: el hogar; la ama de casa perfecta…la fiel esposa a la que acabaría queriendo con los años…

Como consecuencia de los enredos mentales y sentimentales se forja en la obra un ambiente brumoso, poblado de fantasmas que azuzan la mente y el corazón de Lucía, sin darle tregua en la batalla incruenta.

Lucía puede ser calificada como uróboros femenino que se devora y alimenta de sus propios fantasmas a los que no puede echar de su  complicada vida sentimental:

-Los fantasmas seguían en mi alma, torturándome, metiendo su dedo en mi herida, infectando mis recuerdos y prolongando el suplicio inevitable.

-Los fantasmas me perseguían sin cuartel, respiraban el mismo aire que yo y lo convertía en un oxígeno difícil de respirar.

Como paradigma de esta bruma oscura y atosigadora que cubre gran parte del relato/diario íntimo destaca  el film Tierras de penumbra con sus palabras claves  “El dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora”.

La clave del dolor es la interpretación de ese entonces, ya en el epílogo final, se mezcla de nuevo entre la bruma y el misterio una   interpretación del tiempo muy particular, dejándonos en la duda de una felicidad que será completa cuando ELLA llegue, o la felicidad actual basada en   el dolor antiguo, paraíso habitado por el amor, y enmarcado en el Cantábrico “ya no quiero estar en ningún otro sitio” , otra de las frases claves de la película nos hace pensar que Lucía Noray ha encontrado la felicidad, siguiendo la pista del epílogo desde la ventana al  mar  como si fuera un  cuadro que cuelga en su habitación recordándole el ayer, paisaje de tierras verdes con fondo montañoso y olor a sal.

Es aquí donde la autora hace un guiño al público lector dejándonos   entre la bruma de la incertidumbre ¿Quién es ella?

Ella, prototipo de la felicidad que vendrá en agosto, cuando las flores de la primavera ya estarán marchitas, la primavera que Lucía siempre odió, el verano como contraste, de nuevo el recurso del antagonismo…ella envuelta en dolor, desolación, luchando con la insignificancia del ser, con la sensación confusa del éxito como pintora sensible, ella cerrando el ciclo narrativo que comienza al otro lado de la ventana y termina con el mes de octubre entristeciendo la ciudad y asomada a otra ventana desde la que contempla el mundo verde y espera el mes de agosto, cuando vivirá de nuevo.

¿Nuevos fantasmas? Nuevo volver a empezar, ¿Nuevo ciclo de autoalimentación y autodestrucción urobórica?

Finalmente, con este epílogo abierto a diversas interpretaciones, con un futuro entre brumas, es preciso destacar la palabra vaho, palabra que Paz  escribe con frecuencia:

-El espejo vertía las lágrimas de aquel rostro oculto tras el vaho.

-La boira que tanto amo, cubriendo los cristales de vaho a su llegada.

-Por el espejo y los azulejos del baño resbalaban las gotas sólidas del vaho.

Palabra que refleja el sello personal de esta obra  en la que navegan límpidos relatos eróticos, marcos de una batalla más profunda, una batalla de amor y desamor entre el vaho de los espejos, el resuello de los fantasmas, de los pinceles como silfos, del  padre Cantábrico como dios eterno.

28/04/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard Literario Conquense: Cuba, Grito en el paraíso

CUBA: Grito en el Paraíso.- Grisel Parera.-Editorial Dulcinea

Podríamos decir que en Cuba hay cantineros que aún siguen bebiendo aguardiente para olvidar… Podríamos decir que quienes  salen de Cuba,
dejan su  vida, dejan su amor, dejan  enterrado su  corazón. Podríamos decir que de la Habana ha llegado un barco cargado de…cocoteros, mangos, guayabas y  uvas caleta…o  que en su cubierta conviven manatíes, sinsontes, tocororos, zunzuncitos, caracoles  cobo… o quizás los cantineros hayan cambiado  el aguardiente por daiquiris y mojitos;  podríamos decir tantas cosas de este libro…calificarlo como autobiográfico, ensayo, novela…diario vital, literatura denuncia, espejo en el que se verán reflejados cuantos cubanos consigan leerlo de corrido, haciéndoles vibrar sus caribeñas entretelas, temblores de rabia, de amor, de nostalgia, de malecón anclado en el alma.

Desgranadas en sus páginas aparecen palabra típicas como:

Mecaniquear – Aguinaldos – Yares – Guagua – Bagazo– Guajiro –Guambo – Chicharro –   Ranchón   –   Jabas  – Vola  – Tamal – Hayaca– Humitos – Jinetear –Fulas– Reportes – Mi´jita  

Perlas del refranero popular:

-Mal de muchos, consuelo de tontos
-Quien se ríe el último ríe mejor
-El que por su gusto muere, la muerte le sabe a gloria

O frases sonoras, con gran contundencia semántica:

-Estar de pinga
-Echar un majá
-Hacer una diligencia
-Hacer una caldosa
-Comerse un cable

Como muestra de la poesía que Grisel Parera lleva en sus venas nos encontramos esta bella metáfora:

“En el sortilegio de sus brazos, me dormí”

Aunque este no es un libro precisamente poético, sino un grito agónico que expande dardos acusadores  en todas direcciones, flechas lingüísticas cuyo diana será el lector ávido de descubrimientos interiores, de otras vidas  cercenadas desde el principio de su nacimiento solo por haber nacido prisioneras de una cultura encorsetada y anclada en una isla cuajada de lastres inverosímiles.

Aparecen escenas de gran impacto socio-literario, excelente oportunidad para hipotéticos directores cinematográficos:
-Los pollos mudos
-Ceremonias de superstición y ritos africanos

El lector,   envuelto en el mágico ensueño    semántico de flora y fauna   marco  formal de la obra,   se encontrará con un fondo amplio de significado crítico-social, reflejo de la situación política cubana:

HIPOCRESÍA

-“Se veía mal que hubiera sirvientas, para el régimen era denigrar al ser humano, es según ellos: la explotación del hombre por el hombre, sin embargo en las casas de los dirigentes, sí había criadas, pero les daban otros nombres, como compañeras de apoyo, pero hacían lo mismo”.
-“Greche…yo maté a mi hijo…me daba vergüenza que todos se enteraran que me acostaba con un hombre casado y supe que no me quería cuando estaba embarazada, porque me dijo que no era suyo y por rabia, aborté”. 

EXTORSIÓN PSICOLÓGICA

“Cuando cursaban la escuela primaria, sus maestros los llevaron a realizar actos de repudios. A tirar piedras y huevos a casas de compañeros de clase que sus padres determinaron irse al extranjero, y esos maestros frente al portal del niño que había sido su alumno gritaban: ¡Gusano, gusano asqueroso! y le decían al grupo de menores: ¡Repitan, repitan conmigo! todos repetían, gritaban y tiraban piedras y huevos tratando de hacer puntería en los cristales o en una ventana abierta. Si algún niño se quedaba inmóvil por el miedo, porque muchos se asustaban, los maestros le decían:
-Cecilia ¿qué pasa?”

DENUNCIA SOCIAL

-Presos de conciencia
El doctor Oscar Elías Biscet denunció el problema del aborto en Cuba, como un atentado contra el derecho a la vida, en febrero de 1988 fue expulsado del sistema Nacional de Salud y se le prohibió practicar su profesión, en marzo de 2003 fue detenido, juzgado y condenado a cumplir 25 años en prisión. Es un preso de conciencia que cumple la condena en condiciones infrahumanas.
-Invasión de la intimidad
Los órganos estatales lo habían hecho viajar para poder alambrar su casa y hacerle películas hasta cuando iba al baño, así controlan a los ciudadanos en mi país.
-Homofobia
“A los pocos días de su  regreso del extranjero, la seguridad del estado lo citó para mostrarle vídeos y grabaciones donde aparecía hablando mal de la revolución y además era homosexual, dos cosas intolerables en Cuba”.

-Pobreza energética

“El llamado apagón se ha hecho parte de las noches cubanas. Durante horas quitan la electricidad y las ciudades se quedan totalmente oscuras…Los dirigentes tienen generadores para no carecer de electricidad…pero los afectados, que es el pueblo de Cuba, solo puede renegar y quejarse del sistema”.
-Prostitución encubierta
“Aunque la prostitución en Cuba es ilegal, el gobierno la permite porque mantiene la entrada de divisas al  país. La policía hace la vista gorda cuando se encuentra con las jineteras, ellas pagan a veces a los policías, para poder seguir trabajando con los extranjeros, así la policía perpetúa el jineterismo y hasta algunos son sus chulos. Las jineteras y el sistema trabajan de forma coordinada”.

--Inseguridad ciudadana

“En las guaguas las personas viajan hacinadas y es frecuente el carterismo, pero por las calles también es común. Otra variante es que los ciclistas les arrebaten a las mujeres sus bolsos y se pierdan  a gran velocidad; en las tendederas, las ropas lavadas si no se tiene la precaución debida corren el riesgo de ser robadas, en los portales de las casas no se puede dejar nada, ni macetas con plantas, porque se las llevan…”

–Coacción de culto o persecución religiosa

“Aída iba diariamente a la iglesia y le fueron cerrando muchas puertas, porque el régimen repudiaba la religión, todas, pero especialmente la católica…Solo nos quedaba bajar la cabeza y desear que pasara la etapa, porque ni a Dios le sabíamos pedir, también nos lo había quitado”.

–Doble moral

“Para sobrevivir, los cubanos hemos adoptado la doble moral, por eso no sorprende que los “comunistas” más connotados, cuando se les presenta la oportunidad de huir, lo hagan”.

Amor pasional de juventud, amor maduro, amor filial, amor fraternal, amistad desamor, desencanto, van desfilando por la obra en un tono enérgico y suave a la vez, rebelde ante lo inevitable y fiel a los valores adquiridos en la infancia.

Finalmente, esta epopeya vital queda enmarcada entre la figura paterna, por la que la autora siente una especial predilección y cuyos consejos marcan su comportamiento moral:

“Los dolores no existen, si tú crees en ellos, hay dolor, pero si no crees, nada te dolerá…Quien te quiere no te hará sufrir, quien te haga sufrir no te quiere…Nunca te quejes, la queja no resuelve nada…Cuando algo se acaba, se acabó….No le temas a los muertos, los muertos no hacen daño, los vivos, sí…”  y el desconcierto interior, generado por la presión y el acoso autoritario del régimen cubano:

“Ya no sé qué es el bien, ni donde está el mal,…no juzgo a nadie, aborrezco este régimen que ha quebrado la moral de la familia…”

Una de las características de toda obra ensayística es la de  nacer en tensión con el ambiente socio-cultural  donde se desarrolla  y    trascenderlo al hacer del ser humano punto de partida y destino a la vez:

Infancia feliz, adolescencia fugaz, madurez  itinerante entre el amor y la zozobra, desconcierto anímico y lanzamiento a una nueva vida, con el horizonte abierto en otras latitudes, esperanza eterna.

Queda el  lector como juez de las afirmaciones surgidas en   Cuba, grito en el paraíso,  con la gran  oportunidad de disfrutar  con  una obra reveladora,  y existencial, escrita con jugo de uvas : las uvas de la ira , de Steinbeck  y con carmín encendido, como la guajira de Guantánamo.


 

02/04/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard literario conquense: 'La muerte tendrá mis ojos'

La muerte tendrá mis ojos.-Pilar Narbón.-Colección El Hocino del Huécar.-nº 13.-Edición Raúl Torres

*Juan Clemente Gómez

Llama la atención  de  esta novela su título tan sugerente, inspirado en los versos de Cesare Pavese: una muerte con ojos o los ojos de la muerte que ronda a través de  un   complejo escenario  por el tratamiento del ritmo y del tiempo en su concepción narrativa.

En la primavera de 1936 Kichizo Ishida y su amante Sada Abe,  protagonizaron un maratón orgásmico y pasional–seis días en la cama– que desembocó en la asfixia erótica y consentida de Kichizo y con sus genitales cercenados.  Sada Abe  fue  arrestada mientras vagaba por las calles con los genitales de su amante guardados en  un  bolso, disimulado y envuelto entre os pliegues de su kimono.  La historia   trascendió con míticos matices y   de ahí nació la legendaria película “El imperio de los sentidos”  que adaptó la historia real de la antigua prostituta Sada Abe, arrestada.

Los ojos, aparecen como una obsesión reiterativa,  ojos que subyugan, que escrutan, que atenazan: originando bellas metáforas de gran impacto poético:
–“Los ojos rasgados como almendras, pupilas desafiantes, que despedían chispas como pavesas”.
–“Ojos como imanes  que traspasaban los suyos con dardos al rojo vivo”.
–“La rodeó con sus brazos y se ahogó en el verde lago de sus ojos traspasándolos con el fuego de sus pupilas incendiarias”. 
–“Los ojos tenían la forma y el color de las almendras amargas”.  
–“Ojos dilatados y elocuentes  cuyos iris esmeraldas  chispeaban como el carbón herido  bajo el sol rutilante”. 
–“Sus ojos  parecían bosques emboscados en tenebrosos secretos”. 
–“Sus ojos evasivos parecían haberse asomado  a ese abismo solo accesible a los espíritus selectos”. 
–“Verde lago cernido de tormentas”. 
–“Refrendan tus ojos  un hálito de misterio capaz de detener el aire”.  
–“La mirada de Diana era un bosque en llamas, un vasto incendio en el que  Julio se quemaba “.

Son precisamente las metáforas  la figura de lenguaje que más abunda en la obra no  en vano por  las venas de  Pilar Narbón  corre un tumultuoso torrente de poesía  en estado puro:

–“Cuerpo ondulante, como un campo de mies”.
–“Las fragantes esencias de las flores se enredan en el susurro del céfiro salobre de la costa”. 
–“Entre las ondulaciones que agitan la sobrehaz del mar, revientan blancos remolinos de espuma”.
–“Bajo el ufano platear de la brisa, su piel refulgía bruñida. Reverberaba esquirlas nacaradas”. 
–“En la voz de Alejandro  se había apagado el rescoldo de la ira. Era una voz calcinada a cenizas”.
–“A Paula le sorprendió la hermosura de aquellos ojos envueltos en una telaraña de agua”.
–“Tenía el aire sutil de un océano de flores, la ingravidez   de un mar de nubes y una mirada felina que centelleaba fuego”.
–“Su piel dorada emanaba briznas  nacaradas de nardo y de jazmín”. 
–“El aire incendiaba las bruñidas hojas de los álamos chopos y sauces. Inmisericorde, la brisa rizaba el agua de fosforescentes burbujas”. 
–“Atrás quedaban  los sauces que mecían su quejumbre con sonido de alas rotas”.
–“Sus labios ardían como una  fogata  de hojas secas”.   
–“Bajo la luz nacarada del flexo los logaritmos bailaban un inescrutable aquelarre”. 
–“La alcoba se llenó de reverberos de polvo estelar  y todo el rocío de la mañana estalló en un amanecer  de perlas”. 
Tal cantidad de carga poética solo tiene explicación si es enmarcada en

Goelia, ciudad nacida para coronar el  éxtasis y sumergirse en una espiritualidad alada. Decir Goelia es decir Cuenca, concierto universal, espadaña nítida, ciudad alada:

–“Ciudad somnolienta abandonada a su suerte”. 
–“Ciudad sumida en un soporífero letargo”.
–“Sostenida en un costoso equilibrio sobre una coraza de piedra”.
–“Bella sirena herida de sol sobre una roca”.  
La acción transcurre por  lugares entrañables  conquenses, poetizando calles y rincones:
El Escardillo-Puente de la Trinidad - Cueva de la zarza - Cerro de la majestad - Parque de santa Ana -Río Júcar -Piedra del Caballo-Calle Pilares  Plaza Mayor - Hoz del Júcar - Los Paúles -Recreo Peral –etc…
Convirtiendo  a Goelia en una ciudad esotérica revestida de  misterio:
“El viento silbaba letanías de muerte pausadamente en los cristales y la niebla, que envolvía a Goelia, se convertía en aliento de duendes”.   
El tratamiento lingüístico está salpicado de palabras cuya sonoridad trasciende nuestros oídos:

Inextricable  -  sobrehaz -   reloj de leontina  -  iracundia- camándulas - ojeras lívidas y abohetadas - trémolo de emoción - respiración de sátrapa   aguadillas - temperamento salaz  - arúspice  -pegollo de piedras

Como perla escondida entre los hoyos de las rocas encontramos la palabra sartal olvidada en el vocabulario popular, pero  plena de fuerza semántica, capaz de llenar ella sola una  alacena de poesía esplendorosa:

sartal de preguntas - sartal de desconfianzas - de amargura -  sartal de adversidades  -sartal de recursos básicos para sobrevivir  -  sartal de logros   - de confidencias   - de carencias afectivas

Son precisamente estas carencias afectivas las que van a pulular, como marea envolvente  y obsesiva entre los personajes de la obra, cuyo principal exponente se concentra en  Paula, la dulce Paula: “Dulce  muchacha de lánguida mirada , de curvas suaves y un cuerpo ondulante, como un campo de mies”, ingenua, y melancólica que lentamente se va transformando en Diana, contrayendo un doble papel, un  morboso   desdoblamiento de personalidad : DIANA La cazadora , la ninfómana, la sacerdotisa de la sensualidad, que :  “Se convierte en vengativa y quería vengarse de sí misma pero sobre todo   de los hombres, del dolor que le habían infringido los dos hombres más importantes de su vida”.

Una de las causas principales de este desdoblamiento es el padre de Paula:    impenitente don Juan que iba desperdigando un reguero de bastardos; basten estas líneas para confirmar a Pilar Narbón como pluma magistral  en la descripción de personajes:

“Su  padre era un hombre impulsivo propenso a la exhibición de la ira. Cuando se enojaba sus ojos se inyectaban en sangre. Como un demonio poseído por la rabia secretaba una espumosa saliva que se posaba amenazante en la comisura de sus labios. Proclive a los exabruptos,  vociferaba insultos sin desdeñar un vocabulario prolijo en la blasfemia. Enfadado tenía el aspecto fiero de un orangután, aunque su lengua era ofidia y sinuosa como una víbora. Envilecido por la ira, el sudor le corría por la piel  como gotas de un ácido corrosivo…”

Un padre que en lugar de generar amor, produce a su alrededor   no solo    aborrecimiento sino asco, un asco sublimemente escalonado en progresión geométrica:

Asco de aquel tacto…   asco de aquel rostro…  asco de aquellos ojos…   asco de su cinismo…   

La segunda persona que marca a Paula con dramática impronta es    Alejandro, su primer amor, que rompe en mil pedazos   la esencia   de  un amor puro y sincero.
El fatal comportamiento de estos dos hombres origina un cambio atroz en la protagonista: 
Paula abandonó definitivamente la adolescencia y nació Diana 

En   El laberinto de la soledad, Octavio Paz afirmó que: “Creación y destrucción se funden en el acto amoroso; y durante una fracción de segundo el hombre entrevé un estado más perfecto.”
Nada más cierto, a partir del nacimiento de Diana la novela se   balancea   en  una  sinfonía de amor y muerte y una  abrasiva anarquía de los sentidos.

De forma sutil, se hace extensiva la presencia letal del padre ante el resto de la familia, sus hermanos  “gemían ateridos contra la escarcha de los cristales: vi la consternación y el estupor, pintados en los ojos de mis cuatro hermanos”.

En La muerte tendrá mis ojos  preside  el fatalismo como  tema central   la imposibilidad de escapar del propio destino se cumple fatalmente no solo en Paula, sino en todo lo que con ella se relaciona:

–Javier se ahorca  colgándose de la viga del techo de su habitación.
–Pablo,   su primera víctima planeada  se agitaba con movimientos espasmódicos, como pez fuera del agua. Antes de partir, sus ojos atinaron a mirarla asombrados por el pavor.
–Julio Medina de los Monteros muere en un siniestro accidente.
–Fabián, el hijo de la posadera, muere en accidente de tráfico.
–Germán: Deseó con vehemencia seguir viviendo pero le faltaba el oxígeno. No podía respirar…entregó su alma sin saber que estaba purgando culpas no cometidas, infamias que a otros incumbían…
–Félix: El estertor final del hombre fue apenas un líquido y exhausto gemido. Cuando cesaron las convulsiones de sus miembros, Diana dejó de apretar la garganta con el vistoso foulard…”
–Alejandro: Al acuchillarlo con saña me estaba cobrando, uno por uno, cada infortunio, cada ultraje y cada vileza; los que me habían infligido y los que había perpetrado…
Alejandro y todas las víctimas anteriores  mueren  porque están destinados  a morir, y ese destino es irrevocable.  
El Fatalismo aparece registrado en numerosos párrafos:
–Nadie puede ahuyentar la condena que le ha sido asignada por el destino, la de Alejandro estaba marcada por el fatalismo de  una maldición.
–Estás atrapado en el mismo maleficio  y en él habremos de sucumbir. 
–Consciente del fatalismo que planeaba sobre su existencia  como un buitre carroñero  derivó sus pensamientos…
–Renegaba de su estirpe marcada por el malditismo, no sabía que la fatalidad iba a enseñorearse con ella, no sabía que al otorgar su odio estaba desencadenando el cataclismo que había de condenarla para siempre.
–Me zahería la insensata certidumbre de que había sido maldecida desde el mismo principio de mi alumbramiento una oscura maldición marcaba mi herencia genética.
–Por mi sangre corrían la iracundia, la promiscuidad y la locura.
–Los signos del oráculo oscuro confabulaban para condenar a Paula de nuevo a la postración.
–Antes de nacer supe que el infortunio me estaba reservado. Aguardaba agazapado en el sortilegio impronunciable de un tatarabuelo chamán maldijo a mi padre con el auguro de un castigo que vendría de su propia sangre.  
–Llevaba en las venas el delirio de un desorden psicótivo grave y severo  siguió el dictado de unos genes homicidas.

El rencor atávico y el desprecio a la vida, el amor convertido en odio y el odio convertido en amor, fatal quiasmo, alumbran un ser  innombrable, atroz y trágico el tándem Paula&Diana, ángel y a la vez demonio exterminador, que destrona al propio Dios para erigirse ella en la máxima autoridad divina, hasta decidir quién debe o no vivir, ejerciendo un sacerdocio vocacional de mantis cruelmente religiosa.

Fatalismo literario, sutil herencia de García Márquez, dosificado poéticamente por Pilar  Narbón, en esta novela de gran fuerza narrativa, en la que  el lector se ve embrujado por una implacable  reiteración sintáctica que bien pudiera desgranarse en versos sonoros, convirtiendo a La muerte tendrá mis ojos en una fructífera narración poética o en una interminable poesía narrativa:

–Una sorda zozobra se enredaba en el aire tibio y enlutado de aquel anochecer infausto (pg 231)

Podría convertirse en:

–Sorda zozobra enredada en aire tibio,
–Aire enlutado en anochecer infausto….
En el delirio abrumador de la hirsuta floresta, Paula encontró motivos para seguir respirando libre (Pg 194)

¿Por qué no?:
–Delirio abrumador de la hirsuta floresta
-Donde Paula respira…
Y Pilar habita entre sábanas de ojos, donde la muerte  queda enmudecida.

05/03/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard literario conquense: 'La hija del alfarero'

La hija del alfarero.-José Luis Perales.-Editorial Plaza Janés

*Juan Clemente Gómez

1.-LA FORMA

Después de La melodía del tiempo, José Luis Perales  regala nuestra sensibilidad lectora con esta novela ambientada en la España de los sesenta, en la que el telón de fondo se reparte a parte iguales entre el ambiente popular,  que bien pudiera enmarcarse en la alcarria conquense, y una Valencia cercana, prototipo de la gran urbe que en aquellos años recibía ingente mano de obra de nuestros pueblos; hombres y mujeres jóvenes deslumbrados por  las oportunidades de una vida mejor que en su  lugar de origen nunca llegarían a conseguir. Este ambiente popular se ve reflejado en las siguientes  formas literarias y lingüísticas: 

Refranes:

“Lo primero y principal oír misa y almorzar .Y si tienes mucha prisa almorzar sin oír misa”. “Cuando seas padre comerás huevos”. “En la mesa de san Francisco donde comen cuatro comen cinco”. “Dios aprieta pero no ahoga”.

Palabras populares

Abundan palabras con sabor a pueblo - pueblo, palabras ya olvidadas  que nos recuerdan  el contacto infantil de otra  época  ya pasada y que nunca se debería olvidar:  Lendrera  -  sillas de anea  -  pella de barro - buitrera  trébedes- calzoncillos de felpa  -  engrudo  -  poza  -  cochiquera     husmerías …etc… alternan con estas palabras sonidos inconfundibles propios del ámbito rural:  ladridos de perro- pasos de burro y el típico ¡Arre!  de  los arrieros.

Y como buen conquense, José Luis Perales brinda a  sus personajes palabras  y expresiones típicas: como ser un  echao palante ,  jódete que yo he cruzao primero , o eso son   tontás , sin faltar el  hay que joderse  que podemos escuchar en los bares y tertulias, sin ir más lejos.

Le gusta comparar situaciones, hechos, objetos y personas con elementos naturales, así: Como un gato escaldado- Como un sapo - Como un burro- Como la muleta de un torero…

Abundan por toda la obra  numerosas frases hechas que imprimen a la misma un ritmo ágil, revisten de autenticidad castiza a sus personajes y son  prueba de la  aguda observación del autor, como: 

Dar una cal y otra de arena  -  Llevársele a uno los demonios - Andar por  las ramas-  Costar  Dios  y ayuda-  Darle a la lengua  -  Dar un palo al agua-  Traer por la calle de la amargura -  Estar en ascuas - Tomar el toro por los cuernos - Correr a gorrazos  -  Remover las bilis.

Como ropaje literario  nos encontramos gratamente  con dos estampas llenas de colorido y sabor rural:

a) Estampas populares

La vestimenta de Justino, el alfarero, padre de Francisca, la protagonista:  “pantalón de pana negro, aun en el verano, camisa blanca de rétor, chaqueta de pana , abarcas y calcetines de algodón tejidos por Brígida, su mujer en los días de invierno al calor de la lumbre”.

Rito del aseo: Justino y su hijo se turnaban junto a la palangana para lavarse las manos, los brazos, las axilas y  el pecho, después de frotarse la cabeza, peinarse y ponerse colonia barata…en primer lugar el padre, mientras el hijo esperaba su turno sentado en el borde de la cama…”

b) Comidas

Sartén con gachas huevos fritos con patatas a lo pobre - Huevos con puntillas -   Rebanada de pan con aceite y azúcar - Torta dulce de cañamones.
Demuestra su amor por la naturaleza sembrando  flores  y aves en los ambientes adecuados: claveles rojos en la ventana, geranios, alhelíes, glicinias….grullas, gaviotas, cigüeñas…

Escenarios literarios:

a)Destaca  el alfar   como lugar mítico, donde Justino baila ablandando el barro, baila siendo joven y muere estando ya falto de fuerzas, envuelto en el barro, hecho barro en la poza del alfar.

b)El tren juega un papel apenas perceptible, pero de gran emotividad, en él se va Francisca, con el estigma de “Vete pero no vuelvas nunca más a esta casa”; en él llega a Valencia, símbolo del progreso; en él vuelve ya amansadas las aguas del rencor paterno; en él marcha con su hijo a estrenar una nueva vida, abierta a un futuro de mejor fortuna.

El tren, que toma forma casi humana, genial metáfora: “Cansado de atravesar la noche bajo la lluvia, el pequeño tren de madera  saludó al amanecer al llegar a El Espejuelo con un silbido poco habitual…” y sobre todo una de las frases más poéticas de la novela  donde, ahora sí, el tren se personifica: El tren al llegar a la estación silba tres veces como señal de respeto al muerto.

Y como especiales metáforas  costumbristas, propias de una gran capacidad  de observación: 

a.-Sartén con gachas calientes en las trébedes de hierro:  Las cucharas yacían en el suelo bajo la sartén ya lamidas por los gatos para ahorrar agua en el fregadero.

b.- Gafas heredadas de Justino cuyas patillas: en otro tiempo metálicas, habían sido sustituidas por dos hebras de algodón. 

c.-El entierro de Justino: al  que asistieron todos los habitantes de El  Espejuelo y algunos perros que siguiendo a sus dueños llegaron hasta el cementerio.

Abundando en la  recreación costumbrista popular figuran personajes típicos como:
-El cartero: con su cartera de cuero marrón aguarda  en un rincón de la cantina y recoge la saca del correo.
-El pregonero, con el pregón    estrambótico, surrealista y socarrón: Quien haya encontrao un saco con los trastos de amolar se le dará por el saco lo que sea regular…

Y fugaces pinceladas de otra época:

-Escuela mixta-unitaria  a la que asistían seis niños y cuatro niñas  con el crucifijo  y los cuadros de Franco  y José Antonio, presidiendo la estancia.
- Exaltación nacional con las canciones  “montañas nevadas, banderas al viento…”
-Religiosidad popular, con   velas   encendidas ante el cuadro de la virgen del Perpetuo Socorro; Brígida que se acuesta con el rosario en la mano; el tema del luto o    los rosarios por la muerte del difunto que es ateo de nacimiento, para mayor gloria de Dios, así como las procesiones  populares de la época.

2.-EL FONDO

Varios son los temas que subyacen tras los adornos literarios y poéticos:

a.-ACOSO SEXUAL y ELUSIÓN DE RESPONSABILIDAD PATERNAL
Es el tema central de la novela, la aceptación  de una maternidad   prematura   por parte de la hija del alfarero  que rechaza el aborto propuesto y decide tener a la criatura, actitud valiente y comprometida por el rechazo social, el qué dirán y la consiguiente incertidumbre ante  un futuro oscuro.

b.-ROL FEMENINO , PASIVO, DE SEGUNDO ORDEN
“Brígida, que conocía bien a su marido, y percibía el momento en que necesitaba de sus caricias, dejaba de rezar, ponía el rosario sobre la mesilla de noche y se entregaba sin palabras, como el cordero que se ofrece en sacrificio a la forma más primitiva del amor, sin la ternura que le habría gustado encontrar en sus caricias….pero el amor no era protagonista en el corazón de Justino, que solo veía en ella el muro donde estrellar sus iras y sus pasiones más bajas…”
La mujer tiene  escasa importancia social, en El Espejuelo, en un entierro: “Las mujeres no van al cementerio”.

c-CRÍTICA SOCIAL  
Centrada en el pueblo de El Olvido, donde se hace referencia velada  a “alcaldes  que calientan la silla…. meapilas que solo piensan en vaciar las pobres arcas del ayuntamiento y que después de los años, cuando terminan su mandato se van y nos dejan preguntándonos qué es lo que han hecho por el pueblo en  todo ese tiempo y dónde ha ido el dinero de nuestros impuestos…”

Y de una forma directa, en boca del Vinagre, al alcalde Policarpo Anchuelo:

“Estas obras están haciendo rico al novio de tu hija    y también a ti con ese tres por ciento que graciosamente recibes por cada pedido de material que le haces…

Otros temas aparecen en planos más lejanos, levemente tratados, como la diferencia de clases, bien delimitada por  una línea roja, una clase a un lado y otra al otro: al principio de la novela: La línea roja de la frustración por ser pobre, representada  en el alfar de Justino y su familia, y al final de la obra: los privilegios de ser cada vez más ricos, reflejados en la nueva familia del hijo de Justino, el heredero que romperá con la tradición (padre labrador, hijo labrador, padre herrero, hijo herrero, padre pastor, hijo pastor, padre alfarero, hijo alfarero)  pesada losa de siglos que desaparece junto con El ESPEJUELO, pueblo fantasma a favor de El Olvido, encarnación de Villar del Río, el pueblecito protagonista de Bienvenido, Míster Marshall.

“La hija del alfarero” es pues una novela eminentemente costumbrista, delicadamente tratada, con   sensibilidad  y ternura de   poeta,  que refleja problemas desgraciadamente  tan actuales  como la violencia de género, el acoso a la mujer, la lacra de políticos furtivos  y que deja un rictus de simpatía y buen sabor, con un futuro abierto a la esperanza ,especialmente en la consideración de la sociedad ante el sufrimiento de la mujer que se ve abocada al qué dirán y a la indigencia moral: Y aunque no están casados ella le llama marido … me voy acostumbrando  a verles tan felices , que cada vez empieza a importarme menos saber quién es mi verdadero padre. Es cierto que el  amor lo comprende todo. (Fragmento de la carta del  joven Justi a su abuela Brígida)…por cierto, la abuela Brígida  particular personaje  de la novela que muere  mientras leía estas emotivas  líneas de su nieto. ¿Habrá muerte más dulce?

11/02/2014 Boulevard literario conquense
Lucio Mochales
Lucio Mochales
Adiós, Mr. Hoffman

Resulta difícil aceptar que en un suspiro un talento deslumbrante desaparezca de este mundo. Todas las muertes son iguales, suponen el final de una existencia que no volverá a repetirse, el drama humano de la finitud que pasa su inexorable factura. Pero, a qué engañarnos, no todas las muertes las recibimos igual. No es comparable el fallecimiento de una persona anciana que ha vivido largamente y desarrollado todas sus facultades y entendimientos, que la desaparición de quien tiene todavía mucho que ofrecerse a sí mismo y a sus congéneres según los estándares de la longevidad humana.

Por eso hay muertes que a uno le producen un cierto sentimiento de orfandad. El pasado 2 de febrero moría en la ciudad de Nueva York, víctima de una sobredosis de heroína, uno de los actores más extraordinarios que ha dado el cine americano en los últimos 20 años, Philip Seymour Hoffman.

No era una estrella, al menos en ese sentido hollywoodiense que convierte en iconos comerciales a intérpretes en ocasiones intrascendentes dotados de un atractivo físico notable.

Seymour Hoffman era bajito y rechoncho, de ojos pequeños, y con un pelo rubio pajizo que dejaba ver el cuero cabelludo en incipientes entradas, o sea que no era gran cosa físicamente, pero tenía unas dotes interpretativas difícilmente igualables por cualquier actor de su generación, eso que los ajedrecistas llaman un “natural”, alguien a quien no le costaba ningún esfuerzo enfrentarse a papel alguno, fuera cual fuera el registro requerido.

Nacido en 1967 en el seno de una familia de clase media-alta del estado de Nueva York (su madre es juez y su padre ejecutivo de una compañía multinacional) Hoffman se decantó por la interpretación desde muy joven y fue construyendo una sólida carrera fundamentalmente en producciones de cine independiente estadounidense. Su gran talento le llevó a trabajar con algunos de los más notables nombres del panorama cinematográfico indie americano: Todd Solonz, Cameron Crowe, Anthony Minguella, Spike Lee, Robert Benton, David Mamet o los muy consagrados hermanos Coen fueron algunos directores con los que trabajó a lo largo de su carrera. Pero además de todos estos y algunos más, hay un director indefectiblemente ligado al actor neoyorquino, Paul Thomas Anderson, que contó con él en cinco de sus seis películas: “Sydney”, “Boogie Nights”, “Punch, drunk, love”, “Magnolia” y “The Master”. Rara vez soy capaz de elegir una película cuando me preguntan cuál es mi favorita, pero sí tengo claro que hay algunos títulos que me han marcado especialmente; “Magnolia” es uno de ellos. En ella Seymour Hoffman interpreta a un enfermero que cuida de un enfermo terminal de cáncer (el no menos  magnífico Jason Robards) con el que se implica emocionalmente hasta el punto de buscar al hijo no reconocido del agonizante y propiciar su encuentro.

Aun así, su cénit interpretativo no lo alcanzó con Anderson, o al menos desde el punto de vista de los premios recibidos, porque es muy posible que sea por su magistral interpretación de Truman Capote por la que Seymour Hoffman sea mayoritariamente recordado. Pocas veces se ha aprehendido psicológicamente a un personaje tan poliédrico como el escritor americano como en el maravilloso rol que lleva a cabo Hoffman en “Capote”. La película cuenta la gestación del más conocido libro del escritor de Nueva Orleans, “A sangre fría”, y la dicotomía entre el trabajo periodístico de Capote sobre un asesinato de una familia completa en una pequeña ciudad de Kansas y la magnética atracción que ejerce sobre el escritor el principal acusado del crimen, detenido en la cárcel local. La gesticulación, la impostación de la voz, la manera de dominar el plano y una extraña sencillez interpretando a un personaje histriónico hasta la exageración, convierten el papel de Seymour Hoffman en “Capote” en algo más que un biopic al uso, dotándolo de identidad propia, más allá de la celebridad a la que representa. Un trabajo tan magnífico no podía pasar desapercibido para la Academia de Cine de Hollywood, que lo premió con el Oscar al mejor actor principal del año 2006. Además de este premio, fue nominado en otras tres ocasiones al Oscar al mejor actor de reparto por “La Guerra de Charlie Wilson”, “La duda” y “The master”.

Aunque su filmografía se ha interrumpido tan dramáticamente, resta el consuelo de que en breve podremos ver sus dos últimos proyectos aún no estrenados: “God’s pocket” y la que se dice que es una fabulosa interpretación “A most wanted man”, un thriller dirigido por Anton Corbijn.

Debo confesar que cuando conocí la noticia de su muerte sentí una sincera sensación de pérdida. Uno, que como cualquier cinéfilo tiene sus fetiches, esperaba recibir todavía un buen puñado de momentos inolvidables ante una pantalla de cine de alguien con tanto talento como Hoffman, y de pronto me di de bruces con la inalterable certeza de que eso no volvería a ocurrir. Quedan sus trabajos anteriores, suficientes para recordarlo como un auténtico fenómeno de la interpretación, pero también el regusto amargo de ver cómo una carrera a la que le faltaban todavía muchas etapas queda truncada e incompleta. Philip Seymour Hoffman no se convertirá en un mito popular por haber muerto joven, como James Dean o Kurt Cobain, ni en un icono de una generación, pero en cualquier escuela de cine, un día, cuando un profesor quiera mostrar a sus jóvenes pupilos cómo es una interpretación a imitar, escogerá una de las innumerables secuencias magistrales de Philip Seymour Hoffman y no tendrá que añadir ni una sola palabra más para enseñar a sus alumnos lo que es un actor.

28/12/2013 Boulevard literario conquense
Lucio Mochales
Lucio Mochales
El topo

Confieso que desde hace unos años me resulta difícil emocionarme en el cine. No me refiero a la emoción lacrimógena que hace que uno derrame un tierno sollozo ante un amor imposible, una sentida muerte o un nacimiento deseado, una secuencia épica o un discurso que llega al corazón. Me refiero a lo que hace al gran cine diferente del buen cine a secas, a esa sensación de que cada fotograma está en su sitio, de que cada personaje, por pequeño que sea, es imprescindible, de que la banda sonora se funde con las imágenes hasta crear un todo indisoluble, de que cada línea del guión tiene su sentido, de que cada plano es una imagen que habla por sí misma y, por supuesto, a la sensación de que además de todo eso, y con carácter imprescindible, detrás de la cámara hay alguien que ha nacido para contar historias a través de ese arte que los anglosajones llaman “motion picture”.

Insisto, me cuesta emocionarme, quizá mi disco duro de emociones cinematográficas está a punto de completar sus gigas de memoria ram, hasta el punto de que hay años en los que cuando hago memoria recapitulativa no encuentro una película que realmente considere digna de estar junto a las realmente buenas, o a las que a mí me parecen realmente buenas.

Pero de vez en cuando ocurre, a veces sin esperarlo, que te encuentras frente a una peli que deja una muesca en tu memoria, que se abre paso en esa atiborrada base de datos para situarse al lado de las que te marcan, para siempre.

Eso me ocurrió con “El topo”. Para quien no la conozca debo indicar que es la quinta película del director sueco Tomas Alfredson, aunque en realidad sea la segunda para el gran público ya que las tres anteriores sólo tuvieron repercusión mediática en su país natal. Alfredson ya me había deslumbrado con la extraordinaria “Déjame entrar”, una historia sobre la amistad entre una niña vampira y un chico inadaptado sin amigos y perseguido por una panda de energúmenos en el colegio.

“El topo” es la adaptación de “Tinker, tailor, soldier, spy” (“Calderero, sastre, soldado, espía”) una de las novelas más célebres del escritor por excelencia del género de espías, John Le Carré. Eso sí, quien esperara una película de espías al uso pinchó en hueso. No hay escenas de acción especialmente reseñables y su ritmo es calmado de principio a fin. Sin embargo no recuerdo haber visto en mi vida una película sobre el mundo del espionaje tan veraz, y desde luego ninguna en la que me haya implicado sentimentalmente tan a fondo. La película es una reflexión magistral sobre el bien más preciado que puede existir en un mundo como el del espionaje dual por naturaleza, la lealtad. Y ahí Alfredson nos demuestra su verdadero calibre como director, porque rápidamente teje un argumento en el que se trenzan la búsqueda de un topo en el servicio de contraespionaje británico con las circunstancias personales de los personajes más significativos del film. No es mi intención revelar en este artículo ni los detallas del argumento ni por supuesto el desenlace final, porque si alguno de los que lo lean no han visto la película lo que tienen que hacer es correr a verla en el formato que sea, pero no me queda  más remedio que señalar las bondades de esta magnífica cinta, aquello por lo que la considero una obra extraordinaria.

En primer lugar su director, Tomas Alfredson (Suecia, 1965). Hay que seguirlo porque es canela en rama. Y además va sin prisa, de momento esta es su última película estrenada, aunque ya se ha confirmado que dirigirá una nueva, “The Brothers Lionheart” una adaptación de un cuento de Astrid Lindgren, sí la de Pippi Calzaslargas. Se espera su estreno a finales de 2014.

Es increíble cómo Alfredson, aun siendo sueco, construye una película británica por los cuatro costados, cómo es capaz de revestir a las imágenes de un feísmo que las hace pura verdad (ayudado en ello por la extraordinaria fotografía de Hoyte van Hoytema), cómo combina momentos pasados con presentes en impecables jump cuts para construir una acción que atrapa al espectador sin escapatoria posible. Pero sobre todo demuestra una extraordinaria maestría a la hora de contar una historia de sentimientos tan universales como personales y de convertirlos en el centro de la acción y en la razón última de todos los comportamientos de los personajes por el encima del tronco argumental que se presume fundamental, la caza del topo, o quizá porque dicha caza implique desnudar emocionalmente a cada personaje que tenga cierta transcendencia en el argumento. Del escandinavo se ha dicho que recuerda a Bergman, pero no sé por qué tengo la impresión de que cada vez que un director sueco despunta le cargan el sambenito de parecerse a Don Ingmar.

Y qué decir de la dirección de actores. Es cierto que cuando se cuenta con una nómina como la que tiene Alfredson puede parecer sencillo que las interpretaciones resulten bordadas, pero estoy harto de ver supuestos repartos de lujo que acaban naufragando porque cada uno hace la guerra por su cuenta. En “El topo” cada uno borda su papel, y eso es mucho decir cuando en la película aparecen Gary Oldman, un crepuscular pero no por ello menos atrayente Smiley, el personaje fetiche de Le Carré, Colin Firth, magnífico, elegante, ambiguo, John Hurt, breve pero impactante, Toby Jones, sólido como una roca, Mark Strong, contenido pero brillante como el diamante, y dos jóvenes que deslumbran junto a tanto actor consagrado, Benedict Cumberbatch, leal hasta las últimas consecuencias, y Tom Hardy, el único que realmente interpreta a un espía de los que estamos acostumbrados a ver en el cine, y que nos muestra la cara más vulnerable de los que parecen hechos de hielo.

La banda sonora del español Alberto Iglesias introduce un tono sosegado que le va como anillo al dedo a le película, mientras que algunas canciones escogidas con un enorme acierto ponen el contrapunto en algunos momentos del metraje.

No sé si les he convencido, pero mi intención es que, si todavía no lo han hecho, vean esta película como sea, véanla y disfruten con ella, no tengan prejuicios y saboréenla despacio, tranquilitos, y sobre todo no se pierdan ni una décima de segundo del desenlace, la última secuencia es de lo mejor que he visto en mucho tiempo, quizá desde el día en que vi en un cine perdido de Madrid “Muerte entre las flores”, y eso es mucho decir.

17/12/2013 Boulevard literario conquense
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El pueblo de El hombre tranquilo

El título de este blog es una declaración de intenciones. Para los que no lo sepan Innisfree es el pueblo donde se desarrolla El hombre tranquilo, mi película favorita del más grande, John Ford. En realidad Innisfree no existe, ni existía cuando Ford rodó la película. Es un lugar imaginario, una arcadia feliz, el recuerdo de un paraíso perdido, la idealización de la Irlanda en la que Ford no nació pero en la que le hubiera gustado nacer. Un lugar idílico que reúne todas las virtudes del amable pueblo hibernio, poblado por personajes arquetípicos de los que resulta inevitable enamorarse desde el primer fotograma. Por eso es la mayor creación de John Martin Feeney, el auténtico nombre de Ford, un lugar que no era tal y que desde entonces es tan real como los recuerdos y la imaginación del ser humano.

Así que Innisfree será un reducto personal; que nadie espere un blog de actualidad cinematográfica, dedicado exclusivamente a analizar los últimos títulos de la cartelera nacional e internacional. Naturalmente habrá espacio para lo más importante de la cinematografía actual, o al menos si así se lo parece a mis cortas entendederas, pero Innisfree será una proyección de mis gustos, de mis odios, de mis alegrías y mis decepciones relacionadas con el arte que más obras maestras ha regalado a la Humanidad desde que se creó allá por el final del siglo XIX. Un homenaje a los odeones de un níquel, esos mágicos lugares donde millones de personas, han reído, llorado, gritado, cantado, aplaudido y que sé yo cuántas cosas más durante más de un siglo.

Por estas páginas pasarán, sin orden ni concierto ya les aviso, títulos, directores, actores y actrices (no siempre grandes celebridades), guionistas, directores de fotografía, bandas sonoras, diseñadores, o cualquiera que de una u otra manera haya supuesto una influencia en mi ya largo viaje de la mano del cine. Así que podremos pasar sin solución de continuidad de una entrada sobre el último blockbuster de las taquillas americanas a una reseña de una película muda de Eisenstein, Griffith o Gance. O de la biografía de Lillian Gish a la banda sonora de la última película de los hermanos Coen.

Confío también en que este sea un lugar de encuentro con todos ustedes, que aporten cualquier opinión que les venga en gana, elogiosa (algo que agradeceré sinceramente) o ácidamente crítica (que apreciaré todavía más por lo que supone como acicate para mejorar)
Pero sobre todo Innisfree será un lugar para los que aman el cine, para los que todavía no pueden, ni quieren, evitar que un pálpito de emoción les asalte cada vez que se apagan las luces de una sala de proyección, para aquellos cuyos recuerdos están salpicados de películas que han marcado su vida, para los que no reprimen un aplauso al final de una de esas proyecciones que te dejan boquiabierto.

Hoy no les abrumaré más, no fuera a ser que huyeran despavoridos el primer día, pero prometo volver pronto y entrar en materia sin más preámbulos que esta presentación que aquí termina.

Saludos.
 

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