04/12/2017 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Escucha activa

Hace unos días tuve la oportunidad de abordar este tema con un grupo de voluntarios, que tienen  ante sí el reto de tener delante a una persona a la que apenas conocen y han ser capaces de comprender su situación, su problema para tratar de ayudarle, de ofrecerle una respuesta que sea un paso adelante en el camino de la solución. Y como todo lo que me resulta interesante, quiero compartirlo con vosotros, este tema no va a ser menos…

La escucha activa se define como la capacidad de escuchar al otro, comprendiendo la totalidad del mensaje y haciéndole saber y sentir que está siendo escuchado y comprendido. Además, suele concebirse como parte de un camino, en el que la persona que es escuchada comienza a comprenderse mejor a sí misma y puede empezar  a buscar sus propias soluciones o alternativas a sus problemas.

Por tanto, todo aquel que trate con personas en su día a día, es decir, todo el mundo, puede beneficiarse del desarrollo de esta habilidad de escuchar, que es todo un arte, que puede aprenderse y mejorarse con la práctica, bien sea como amigos, pareja, padres, maestros, educadores, etc.

La escucha activa enlaza de manera directa con dos conceptos de los que ya hemos hablado en algún artículo anterior del blog: la empatía (la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de ver la realidad desde su perspectiva, calzando sus zapatos, sin llegar a identificarnos y dejarnos arrastrar por su situación, su dolor o su problema) y la validación emocional (que supone la aceptación de las emociones del otro sin juzgarlas ni menospreciarlas). Conviene aclarar aquí que mostrarse empático y validar sus emociones, en definitiva escuchar y comprender a la persona que tenemos delante, no significa estar de acuerdo con lo que el otro dice, hace o siente. Comprender no es sinónimo de estar de acuerdo. Y, sin embargo, a veces nos cuesta escuchar al otro, comprenderle porque queremos dejar claro por encima de todo que no pensamos de la misma manera. Esta es una de las primeras barreras que debemos salvar: escuchemos al otro sin pensar de manera inmediata en la respuesta que creemos debemos darle, asegurémonos primero que le estamos comprendiendo y cuando llegue el momento ya daremos nuestra opinión, nuestro consejo, o quizá, ni nos lo están pidiendo…

Por medio de la escucha activa, pretendemos comprender al otro y hacerle sentir que está siendo comprendido.
¿Cómo podemos mostrarle al otro nuestra empatía, nuestra validación emocional, que le estamos escuchando y tratando de comprender? Todo en nosotros comunica, nuestro lenguaje verbal, pero también el corporal. Por eso debemos cuidar ambos: mantener contacto visual, no estar haciendo otras cosas a la vez, silenciar el móvil, etc. Y, además, este tipo de frases pueden resultarnos de gran ayuda:

“Parece que te sientes… porque…”
“Te molesta/ agrada/ preocupa… que…”
“Cuando… te sientes… porque…”

De esta manera relacionamos las emociones y las conductas que las provocan pero somos capaces de diferenciarlas, haciendo consciente que una misma conducta puede generar diferentes emociones.

Para no alargarme demasiado, termino con una serie de conductas que NO son propias de una escucha activa, para que reflexionemos sobre ellas y conociéndolas, tratemos de evitarlas:
- Juzgar, criticar, valorar.
- Ir elaborando nuestra respuesta conforme la otra persona nos está hablando.
- Interrumpir constantemente, acabar las frases por la otra persona.
- Contar nuestra propia historia o experiencia.
- Minimizar la trascendencia del asunto.
- Escuchar de forma selectiva: solo aquello que en principio nos interesa.
- Acribillar a preguntas.
- Lanzar una tormenta de consejos antes de asegurarnos que hemos comprendido la situación o que la otra persona los quiere.
¡Ahí lo dejo! Yo confieso que debo escuchar más y mejor…
 

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