30/10/2017 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Espacios que dicen mucho

Los lugares también hablan, nos cuentan mucho de quien los habitan y nos hacen sentirnos de una manera u otra: cómodos, relajados, motivados, saturados, tensos, angustiados, o también, neutros, indiferentes. Últimamente estoy tomando más consciencia de todo esto y ando dándole vueltas a eso del espacio, de mis espacios, mi clase y mi casa; y siento que necesito renovarlos, darles unas mil vueltas más, reinventarlos. Así que aquí estoy inmersa en un proceso de cambio, compartiendo con vosotros mis primeras reflexiones y algún pasito que otro ya dado con la ilusión y esperanza de que me hagáis llegar vuestras sugerencias y experiencias.

Siempre ha habido en mí ciertas incoherencias internas en cuanto al orden: soy algo desordenada y sin embargo, me gusta que las cosas estén ordenadas. De hecho, de vez en cuando me entran unas ganas locas de ordenarlo todo y se podría decir que hasta disfruto haciéndolo. Además, soy una “acumuladora” empedernida: guardo y guardo sin remedio. Que si esto tiene valor sentimental, que si aquello quizá pueda reconvertirlo en otra cosa, que tal vez mañana necesite aquello… Y así, me cuesta desprenderme de muchas cosas que, aunque algunas de ellas sí que puedo aprovechar o realmente me hace ilusión mantenerlas, la mayor parte me pasan desapercibidas o no vuelvo a usarlas, ni me acuerdo de lo que tengo. Sin embargo, luego me agobio cuando veo mis cajones, estanterías y cajas repletos de cosas; compro más cosas chulas de almacenaje y ya tengo la excusa perfecta para seguir almacenando…

La primera lucecita que encendió en mí la necesidad de repensar sobre los espacios que yo construyo de manera directa, fue leyendo “Reduvolution” de María Acaso. Hay un capítulo en el que habla de la necesidad de “habitar el aula”, de darle importancia al “espacio pedagógico”, a la manera en que lo definimos, desde el tipo de relaciones que queremos que se establezcan en él, hasta la decoración que, en apariencia puede no tener importancia, pero que al fin y al cabo, todo cuenta. Hasta ese momento siempre que pensaba en “espacio pedagógico” me limitaba a decidir cómo colocar las mesas de los alumnos y, a lo sumo, qué pósters iba a poner en las paredes, o cómo iba a decorar el aula según las estaciones. Pues no, es mucho más, de hecho la decoración del aula condicionará el vínculo de los que la habitan, esto es, nosotros y nuestros alumnos. La autora ofrece sugerencias para mejorar ese espacio, hacerlo más nuestro, más de todos, que sume y aporte a lo que queremos que sea nuestro día a día en las aulas.En estas reflexiones andaba yo cuando comencé a oír hablar de Marie Kondo y su revolución del orden. Tiene libros, vídeos en youtube, conferencias, cursos y talleres, y no sé cuántos clientes que corroboran que su técnica les ha cambiado la vida. Así que comencé a leer la “Magia del Orden”. Desde las primeras páginas pensé que merecía la pena probar el cambio, que podría ser interesante reordenar mi espacio para reordenar mi vida pero también fui consciente de que me iba a suponer tiempo y esfuerzo, así que decidí leerme el libro entero y tratar de ponerlo en práctica al acabar. Quince páginas me quedan y estoy más convencida aún que al principio. Os resumo un poquito: se parte de la idea que ordenar no es sinónimo de almacenar; lo primero que hay que hacer es desechar, deshacernos de todo lo que no nos haga feliz o ya no nos aporte. Comenzar por una categoría, y no hacerlo por ubicación, sino juntar todos los libros, o toda la ropa, e ir separando lo que queremos mantener y lo que no. La autora afirma que el impacto visual de ver todo lo que tenemos nos ayuda a ser más selectivos. Una vez que nos hemos deshecho de aquello que ya no nos aporta, se ordena. Ella propone un orden a seguir, incluso: ropa, libros, papeles, objetos y objetos con valor sentimental. A partir de ahí plantea diferentes pautas para almacenar y ordenar las cosas, bastante claras y algunas de ellas, sorprendentes, ¡hasta la forma de doblar la ropa! Si bien es cierto que hay cosas que no acabo de creerme o convencerme, hay cosas que sí estoy dispuesta a aplicar tanto en casa, como con las cosas del cole, y el aula.

¿Alguien lo ha puesto ya en práctica? ¿Cómo organizáis vuestra clase? ¿Alguna sugerencia? En 15 páginas comienzo el proceso, que con todo lo que tengo acumulado y el poco tiempo disponible, lo mismo me lleva todo el curso…¡Ay! El tiempo… Pero de eso, hablaremos en otro artículo, que tiene también lo suyo.

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