16/03/2017 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Escuchar para educar, de César Bona

Ése fue el título elegido por César Bona para la charla que impartió en Cuenca hace tan sólo unas semanas. No pretendo en este artículo hacer un resumen exhaustivo de lo que dijo, puesto que fuimos muchos los interesados en temas de educación los que allí nos dimos cita para escucharle, por lo que gran parte de vosotros dispondréis de la fuente primaria, que sin duda, siempre es más auténtica que la secundaria. Por tanto, sólo pretendo compartir con vosotros las reflexiones que en mí han despertado tras su testimonio.

            Lo primero de todo el título: “Escuchar para educar”. Me encanta. Escuchar… Parece que como padres o profesores hemos de tener el don de la palabra adecuada en todo momento, de los que se espera que llevemos la voz cantante en el proceso y así es muy fácil relegar nuestra capacidad de escucha, que como toda capacidad es entrenable, aprendible y mejorable, a un segundo plano en el que lo habitual es que las dudas y preguntas vayan al final y no cuando realmente surjan, la asamblea caiga en desuso una vez estrenada la primaria, y en las clases se aspire a que el silencio sea sinónimo de nuestra eficaz disciplina en el aula. Y, sin embargo, César nos habla de escuchar a nuestros alumnos, a nuestros compañeros de trabajo y que precisamente sea ése nuestro punto de partida. Para escuchar debemos dar, en primer lugar,  voz al otro; y luego cuidar nuestra disposición y actitud de escucha, la cual pasa por cualidades y valores como el respeto o tener una mente abierta.

            Otro aspecto en el que me quedé pensando mientras hablaba y que permanece en mi cabeza dando vueltas, fue cuando dijo algo así como: “no sé quién se inventó ese estúpido conflicto entre innovación y tradición como si todo lo nuevo fuese bueno y todo lo antiguo, malo; hay cosas que por muy novedosas que sean no me funcionan, y otras que se llevan haciendo años que son absolutas maravillas y que a los chavales les continúan enganchando año tras año”. Y ahí está este asunto rondando mi cabeza porque a veces me sorprendo a mí misma usando recursos, llamemos tradicionales y sintiéndome por ello algo avergonzada, como si no avanzara; mientras que otras veces trato y trato de meter con calzador nuevos recursos o actividades con los que yo ni mis alumnos acabamos sintiéndonos cómodos. Tan negativo me parece tener la mente y el aula cerrada a la innovación, al cambio, (y ojo, aquí no se habla sólo de tecnología), como desechar algún recurso o actividad por el mero hecho de ser tradicional. Tengo compañeros  a los que sólo un par de años les separan de la jubilación y de los que estoy aprendiendo “trucos”, haciendo mías sus ideas y sugerencias porque realmente me parecen brillantes. Pero hasta ahora poco había leído en rescate de lo tradicional en el ámbito educativo, aunque claro está no todo lo tradicional me vale, por supuesto, y hay, probablemente más que cambiar que rescatar, pero no caigamos en el error de meter todo en el mismo saco.

            Sin duda, otro asunto que me llevo y eso forma parte de mi vida en el aula, y, obviamente en casa también, es lo esencial que es cuidar lo emocional, lo afectivo, como elemento clave del buen clima que se debe respirar en nuestras casa o en nuestras aulas. Para mí, este curso en el que estoy de tutora en un aula unitaria está siendo un lujo porque nos hemos convertido en una comunidad de aprendizaje, una pequeña familia en la que aprendemos y crecemos codo con codo. César propuso una canción con la que daba comienzo su día a día, yo comparto otra: cuando llego al cole suelo poner “Cuando me siento bien” de Efecto Pasillo y conforme van llegando ya se dejan enganchar con esta melodía, bailotean, tararean, se quitan los abrigos con ritmo y para cuando la canción ha acabado ya estamos todos con una medio sonrisa en la cara dispuestos a comenzar la asamblea. ¡Funciona!

            ¿Y a vosotros qué es lo que llamó vuestra atención de esta charla? ¿Hay algo que particularmente os funciona con vuestros chicos? ¡Soy todo oídos! Bueno, más bien ojos, para leeros y escucharos de esta manera…

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