24/09/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Por favor, no miremos hacia otro lado

Hace unos días leí una reflexión que no me dejó indiferente. Ante el desfile de corrupción, violencia, egoísmo y engaño, que tan lamentablemente y con tanta frecuencia, caracteriza a la pasarela de nuestra sociedad actual, la autora del texto se preguntaba en qué momento un niño alegre, sano y feliz se convertía en un adulto amargado, corrupto, mentiroso, egoísta o violento. No fue tanto la pregunta, sino la respuesta inmediata que me vino a la cabeza, lo que me estremeció, porque precisamente ese momento trascendental por el que se preguntaba en ese artículo es la infancia y adolescencia.  Y parece increíble que, cuando más se habla de educación en valores en el ámbito educativo, esté sucediendo esto…


Sin dejarme llevar por un pesimismo amargado, creo firmemente que hay más buena gente que mala,  pero tratando de no cerrar los ojos a una realidad que nos salpica por varios frentes, bien sea el político, el económico o incluso nuestro entorno más cercano, en el que nos encontramos con personas egoístas que no ven más allá de sí mismos, de lo que pueden conseguir para sí, sin importarle quien caiga detrás, el sufrimiento ajeno, etc. ; quiero que esta entrada del blog sea una llamada a no mirar hacia otro lado, a no centrar el discurso en si la educación en valores corresponde más a las familias que a los centros escolares, o a la sociedad en general, si son temas transversales o asignaturas en sí mismas… Centrémonos en hacer algo porque es urgente. Como madre no puedo desentenderme de mi responsabilidad como educadora de mis hijos, pero es que como maestra, profesora, u orientadora, tampoco. No importa qué nombre reciba, lo ajetreado del ritmo de vida que llevemos, la cantidad de materia que tengamos que impartir, lo retrasada que lleve la programación o lo cansada que vuelva a casa del trabajo. Educar,  ya nos  lo han dicho mil y una veces, es asunto de todos. Por eso, sea cuál sea nuestro rol o papel en la sociedad no debemos mirar hacia otro lado, pero si encima somos padres y/o trabajamos en el ámbito educativo, nuestra responsabilidad es aún mayor.

No podemos mirar hacia otro lado si en clase pasamos por alto algún conflicto surgido a raíz del egoísmo o el engaño porque si dedicamos tiempo a esas cosas no avanzamos. Avanzar es  afrontar el reto y trabajar con nuestros alumnos medidas de reconciliación, en las que haya justicia y solidaridad, en la que todos  seamos respetados y tratados con dignidad.

No podemos mirar hacia otro lado ante ciertos comentarios y comportamientos basados en el egoísmo, en el desprecio al otro y hacer como si no hubieramos escuchado nada porque estamos cansados o porque, abatidos creemos que lo que digamos por un oído les entra y por otro les sale. Bien sabemos que en el fondo esto no es así.

No hay que esperar a que se conviertan en adultos para llevarnos las manos a la cabeza y decir lo mal que está la sociedad para identificar actitudes, comentarios y comportamientos que no son sanos y que, de no ser corregidos y reconducidos, se convertirán en patrones de conducta establecidos, cuyas consecuencias son las que ya hoy podemos apreciar con tan sólo encender la tele, leer un periódico, escuchar la radio u observar con detenimiento la realidad más cercana que nos rodea. Todos somos conscientes de que darles todo lo que piden, enseñarles a que el engaño o la mentira pueden estar justificados en algunas ocasiones, pasar por alto detalles que no son nobles ni respetuosos con el prójimo, alimentar la competitividad no deportiva, transmitirles que han de pensar sólo en ellos mismos si quieren llegar a ser algo en la vida  y dejarse de compañerismos que no les llevarán a nada, escucharles criticarse unos a otros y no hacerles ver que es una falta de respeto, si no decimos nada cuando por la calle vemos que no respetan la naturaleza, ni a las personas mayores… Si ante estas situaciones, miramos hacia otro lado, ¿de qué nos sorprendemos?

Esos niños y adolescentes serán mañana los adultos que nos representan, compañeros de trabajo, ciudadanos, y no se habrán convertido en personas generosas, amables, solidarias y respetuosas por arte de magia, a no ser que en su camino se haya cruzado  alguien que con valentía y dedicación haya decidido no mirar hacia otro lado y hacer algo por ellos.

 

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