16/12/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Papel vs pantalla

Tras el artículo en el que se decía que Finlandia, referente en el mundo educativo, iba a eliminar la caligrafía de su currículo, y aunque luego se ha visto que no era tan radical la cuestión, muchos somos los que nos hemos quedado algo inquietos ante este profundo cambio. Y es que, aunque es cierto que se va seguir trabajando la letra escrita, la alarma me ha despertado de cierto letargo educativo: la necesidad de trabajar también la escritura a nivel digital.

Sin embargo, ¿está esta necesidad reñida con la capacidad de escribir a mano? Y no hacerlo de cualquier manera: que sea ortográficamente correcta y, por supuesto, legible. Si no, qué sentido tendría. ¿Es realmente cierto que los ordenadores y tablets van a acabar desterrando a los folios y cuadernos? Quizá estoy algo oxidada y anclada en este sentido, pero la verdad es que creo que se utilizan para cosas distintas y no sólo son recursos compatibles, sino complementarios; por lo que podrán seguir conviviendo unos cuantos años más. Al menos yo creo que mis hijos, y los hijos de los hijos de mis hijos, aún sabrán qué es y cómo se utilizan un  bolígrafo de tinta y un papel. Y que no serán piezas de museo, sino que aún formarán parte de su vida cotidiana. Pero quién sabe, lo mismo en 10 años tengo que comerme mis palabras una por una y la que parecerá una pieza de museo seré yo…

El caso es que a día de hoy, como siempre ocurre al hablar del futuro,  habrá que arriesgarse y tomar ciertas decisiones. Considero que no hay que olvidarse de la competencia digital que tan bonita suena en nuestros currículos y que quizá haya que trabajar más y mejor. Incluir en las aulas el manejo de tablets y ordenadores como algo cotidiano, no sólo a nivel de contenidos sino a nivel instrumental, puede dotar a los alumnos  de una herramienta de gran utilidad para su futuro: saber escribir, moverse con facilidad por una pantalla táctil, dibujar, elaborar gráficos y mapas conceptuales con la misma soltura con la que manejamos un lápiz de toda la vida.

Pero no creo que por trabajar estas destrezas haya que restarle importancia a saber hacer eso mismo con los recursos tradicionales. En mi opinión, como ya he dicho, son habilidades complementarias y que ambas han de ser trabajadas en las aulas y fuera de ellas.
Una vez más, el equilibrio es la clave.

Para terminar me gustaría compartir con vosotros una cotidianidad que también me hace reflexionar sobre esto, independientemente de lo que Finlandia trabaje o no con sus alumnos. Mi hijo de casi tres años me pide muchas veces el i-pad con insistencia, para tocar un instrumento musical virtual, colorear imágenes, jugar… Hay que reconocer el potente atractivo de la tecnología. Y yo muchas veces reacciono con cierta resistencia ofreciéndole papeles y mil pinturas de colores, su tambor, etc. Confieso que prefiero que coloree con pinturas y papeles reales, que juegue con los instrumentos de siempre pero, ¿es que acaso lo digital no es real? Lo es y mucho.  A partir de ahora, trataré de ser consciente de que ambos recursos son útiles, buenos y necesarios y seré consecuente con ello, no siendo tan reacia, aunque siga fomentando el uso de las cosas de toda la vida.

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