30/10/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Modificación de conducta

Sé que el título de primeras puede no sonar nada atractivo, incluso anticuado. ¿Quién escribe hoy sobre esto? Está mucho más de moda escribir sobre educación desde perspectivas más innovadoras: pedagogía en y para la libertad, respetando sin coaccionar en nada al educando. Sin embargo,  ¿están realmente reñidos? ¿son incompatibles ambos postulados?

En mi opinión, no lo están en absoluto. De hecho creo que una estrategia meramente conductista no podría considerarse auténtica educación, pero tampoco podríamos hablar de educación en un aula, una familia, o cualquier otro contexto que pretenda ser educativo, si no reina un buen clima que nos permita trabajar. Y de verdad que con este clima que menciono, no pienso en niños sentados, calladitos, de brazos cruzados, sino en un ambiente en el que todos se sientan seguros y cómodos, incluido el profesor, y en el que se puedan plantear y desarrollar diferentes tipos de temas y actividades para lograr un aprendizaje lo más significativo posible. En el que no hay miedo a opinar y a equivocarse, y en el que pueda tener lugar un proceso personal, libre y autónomo. Pero no se puede negar que para que este clima sea posible, los niños han de haber interiorizado ciertas normas y límites necesarios para poder convivir y desarrollar todas sus dimensiones en armonía.


Desde este punto de partida, planteo el tema que quería compartir con vosotros hoy, ya que es algo con lo que me enfrento a diario, tanto con mis hijos, como con mis alumnos: ¿cómo lograr eliminar conductas no adecuadas y potenciar aquellas que sí lo son?

No pretendo iniciar un debate de qué consideramos inadecuado, al igual que tampoco es el objetivo de este artículo entrar en una revisión de las teorías educativas que tratan este aspecto, quiero enfocarlo desde un plano real, cotidiano y práctico Pero como siempre, estoy atenta a vuestros comentarios y estaría encantada de profundizar en este asunto en  tertulia virtual o presencial, que seguro será interesante y enriquecedora.

Lo primero que tenemos que tener claro es cuál es nuestro objetivo, es decir, qué pretendemos corregir o, por el contrario, fomentar. Porque no es lo mismo y por tanto, no debemos actuar de la misma manera.  Si lo que queremos es eliminar una conducta inadecuada, no deseada, nos serviremos del castigo, puesto que eso es lo que en teoría pretendemos conseguir con él. Mientras que si lo que queremos es reforzar una conducta, que ésta se mantenga, el refuerzo positivo es nuestra mejor opción. Pongamos un ejemplo: supongamos que nuestro hijo o un alumno ha tirado un papel al suelo y le castigamos por ello a limpiar el aula o su habitación (que yo creo que el concepto de “consecuencia educativa” definiría con más precisión esta alternativa, aunque sobre eso me gustaría escribir con más detalle en otra ocasión). Nuestro objetivo aquí sería conseguir que este niño no tirara más papeles al suelo, pero puede guardárselos en el bolsillo, tirarlos en otro lugar sin que le veamos, etc. Mientras que si lo que pretendemos es que aprendan a tirar los papeles a la papelera, reforzaremos positivamente cada vez que se dé esta conducta en el niño, para que ésta se repita y se convierta en un hábito. Este refuerzo no tiene por qué ser algo material, puede que un elogio sea suficiente. Al igual que ocurre con el tema de los castigos, hablar sobre tipos de refuerzos da, como poco, para otra entrada del blog, así que ¡ya tenemos tema de para la quincena que viene!

De momento, quedémonos con esta idea y decidamos qué enfoque queremos dar a nuestras intervenciones educativas; siendo conscientes y fieles a esto, probablemente seamos más eficaces. Yo, por mi parte, quisiera compartir con vosotros mi opinión personal: me convence mucho más cogerlo por el lado positivo, es decir, prestar atención y reforzar aquellas conductas buenas que quiero que se mantengan en mis hijos y alumnos. Los resultados son más significativos, una inversión a largo plazo. Sin  embargo, he de reconocer que en determinadas ocasiones, un buen castigo, coherente y como algo excepcional, también puede sernos de utilidad a la hora de corregir determinados comportamientos. Y es que, una vez más, creo que en la búsqueda del equilibrio podremos encontrar la solución que nos permita lograr lo que nos propongamos…

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