06/03/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Los buenos modales

Si hace unos cuantos años preguntabas a cualquiera qué era un niño educado, probablemente te respondería que aquel que tiene buenos modales: que saluda al llegar a los sitios y se despide al irse, que pide las cosas por favor y contesta con gracias cuando algo se le ofrece, que sabe comportarse en la mesa, etc. Pues bien, años después, ¿creéis que podríamos decir que nuestros niños están bien educados? Es cierto que ante esa pregunta, nuestra respuesta a día de hoy sería algo más completa y. por ejemplo, podríamos añadir a los buenos modales, que un niño bien educado es aquel que tiene las competencias necesarias para desenvolverse de manera autónoma en el entorno en el que vive, que conoce sus mecanismos e autorregulación y acceso al conocimiento, lo que le permite aprender a aprender, etc. Pero que seamos capaces de enriquecer nuestro concepto de “buena educación” no quiere decir que descuidemos lo básico.

Quizá en momentos puntuales somos conscientes de ello y tratamos de ofrecer a nuestros hijos y/o alumnos las pautas de los buenos comportamientos o buenos modales. Por ejemplo, quizá una de las normas de nuestra casa o clase sea no hablar a gritos o no satisfacer demandas cuando éstas no son seguidas de un por favor. Pero en el día a día, ¿pedimos nosotros las cosas por favor, damos las gracias, saludamos al pasar a una tienda, nos despedimos cuando nos vamos,…? Últimamente he estado observando a mi alrededor y estas pequeñas conductas parece que nos cuestan: es raro que alguien legue a un sitio y diga “buenos días” si no conoce a alguien (de hecho si saludas puedes notar que la gente se mira entre sí, extrañada, algo confundida, pensando “a quién habrá saludado, yo no la conozco”…); también parece que el “por favor” y “gracias” no son de uso frecuente en el día a día de familiares, amigos y compañeros ( sin más acompañamiento pedimos el pan, que nos acerquen una carpeta o cualquier otra cosa). Con estos modelos, los niños de hoy, tienen difícil encontrar un buen referente de buenos modales, ¿no os parece? 

Esto sin meterme en situaciones y conductas algo más complejas como puede ser comportarse en la mesa  (con todo lo que eso implica: no levantarse de la mesa mientras se come, masticar con la boca cerrada,…), respetar los turnos de palabra, no alzar la voz, saber esperar, hablar con respeto, preguntar a qué piso se va si se coincide con alguien en el ascensor, responder cuando alguien te hace una pregunta, etc. No puedo evitar tener la sensación de que a veces camuflamos estos comportamientos de nuestros hijos y/o alumnos justificándolos por su timidez, la edad, el estado de ánimo… Y aunque creo que esos factores sí que influyen, también creo que sin más, hemos descuidado un poco todo esto y los niños no lo hacen porque ni lo ven en los adultos de su entorno, ni le dedicamos tiempo y esfuerzo a educar también en buenos modales.

El artículo de hoy no es más que una reflexión sobre una realidad en la que, por supuesto, me incluyo y que os invito a mejorar: hagamos uso de los buenos modales a diario, aunque al principio nos cueste o incluso nos miren raro, y trabajémoslo en casa y en las aulas. La vida diaria nos ofrece muchas oportunidades de trabajarlo de manera natural. Y para empezar desde este mismo momento, me despido deseándoos a todos un buen día. ¡Hasta luego!

Comentarios
comments powered by Disqus