07/10/2015 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Lo natural es más sano

Puede que este título os lleve a pensar que voy a escribir sobre hábitos de alimentación pero, aunque no descarto que hablemos sobre esto algún día, en realidad me refiero, una vez más, a la salud emocional. Y es que en esta faceta, lo natural también resulta ser lo más sano.

Sin querer aburriros con anécdotas de madre, sí que me gustaría compartir con vosotros uno de esos momentos con los niños en los que te enseñan muchas cosas y te hacen pensar. Estando de vacaciones este verano mi hijo Alejandro de 3 años se hizo una amiga en la piscina algo mayor que él, Sara,  tendría unos 5 años. Hicieron buenas migas y cuando coincidían jugaban juntos. Un día, Sara apareció en la piscina con un parche en el ojo, de ésos que mandan poner los oftalmólogos. Yo en cuanto la vi, pensé “espero que Alejandro no le diga nada que le haga sentir incómoda con su parche” y traté de explicárselo antes y evitar así los temidos comentarios que la sinceridad de los tres años podían provocar. Pero no llegué a tiempo, Alejandro y Sara se saludaron de la siguiente manera:

  • “Llevas un parche en el ojo.
  • Sí, mira.
  • ¿Es como de pirata?
  • De pirata sirena.
  • ¿Y cómo ves?
  • Veo.
  • Ah, vale, ¿jugamos?”

Y se pusieron a jugar. Fin del problema, afrontado el asunto con naturalidad, el parche de Sara no tuvo la menor relevancia. Quizá si yo hubiera logrado hablar con mi hijo a tiempo, aunque cargada de buena intención, hubiera complicado la situación y entonces sí que hubiera sido un encuentro más peliagudo.

No digo que a los niños se les deba enseñar a decir lo primero que piensan sin pensar en si eso hace daño o molesta a los demás. Pero creo que desde el respeto mutuo, la sinceridad y la naturalidad son valores que se deberían fomentar. Para respetar al otro, hay que conocerlo, aceptar las diferencias entre nosotros, los problemas y dificultades que cada uno pueda tener, y también las potencialidades. Y a ese conocimiento no se llega ocultando la diversidad, dando rodeos para afrontarla, maquillándola o colmándola de tabús. Los niños ven esa diversidad, perciben esas peculiaridades individuales y tienen gran capacidad de aceptarla, de valorarla. Sólo hemos de ir cultivando estos valores, sin girar la cabeza hacia otro lado, sino afrontando esos pequeños encuentros con los obstáculos, los complejos, los prejuicios, etc., con naturalidad, y así, podremos seguir “jugando” todos, flexibilizando reglas, redefiniendo el juego según las necesidades personales.

 

Comentarios
comments powered by Disqus