29/10/2015 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
La Ciudad de los Niños (Francesco Tonucci)

He pensado que podría ser interesante incluir en el blog artículos sobre libros de temática educativa que haya leído, y compartir así con vosotros mis impresiones sobre los mismos. No se trataría de hacer un resumen, sino más bien, un intercambio de ideas e inquietudes que su lectura haya podido despertar en nosotros. Además, os invito a que añadáis sugerencias, si un libro nos lleva a otro y así sucesivamente, iremos confeccionando un camino muy interesante y enriquecedor.

Hoy voy a echar mano de un libro que tengo relativamente reciente, ya que lo leí este verano, y que además, forma parte de esa lista de temas que fui apuntando durante las vacaciones y que no querría dejar en el tintero. La Ciudad de los Niños, de Francisco Tonucci, es una obra dirigida a políticos pero que educadores y padres también estamos invitados a leer por el propio autor. Reconozco que ha habido alguna parte en la que se me ha hecho algo pesado, por lo que recomiendo enfocar su lectura sin prisa, aprovechando el corte natural de los capítulos, porque merece la pena leerlo e ir adaptando sus ideas a la realidad de nuestros espacios, quizá no tanto nuestra ciudad porque no tenemos esa competencia, pero sí, nuestra casa, nuestra escuela o nuestra aula.

Como pedagoga, maestra, educadora en general, me quedo con una idea fundamental: incluso los espacios que son diseñados para los niños, han sido pensados desde la perspectiva de los adultos, y eso muchas veces tiene consecuencias desagradables: los niños molestan, nos vemos obligados a sobreprotegerlos ante los peligros de la ciudad, se portan mal, rompen, estropean mobiliario u otros recursos, se aburren y desmotivan, etc. Pensemos en parques, plazas, calles, salas de espera, restaurantes o tiendas. Pero concretemos un poco más: pensemos en nuestros colegios, institutos, en nuestras aulas. ¿Hemos tenido en cuenta sus necesidades e intereses? ¿Han participado en su diseño, planificación u organización? ¿Les hemos preguntado y escuchado su voz? Quizá tienen algo que decir al respecto, algo que aportar. Un cambio de perspectiva del adulto al niño podría ayudar a resolver ciertas situaciones problemáticas, conductas disruptivas, falta de motivación, etc., quizá puede que alguno de nuestros problemas más comunes en el día a día con los alumnos no llegaran a existir. Pienso no sólo en los espacios como tales, sino en su organización, en el diseño y desarrollo de las actividades, en definitiva, en nuestra programación. Si uno lee el libro, sueña con esa “ciudad de los niños” y suspiramos porque no está del todo en nuestra mano (aunque podemos hacer más de lo que nos pensamos), pero sí está en nuestra mano que nuestro quehacer diario mereciese llamarse algo así como la “programación de los niños”.

Como madre me hago las mismas preguntas pero adaptadas al ámbito familiar, me gustaría que mi casa, mi hogar fuera realmente también de los niños, de mis hijos, en el que puedan ser ellos mismos, sentirse cómodos, seguros y desarrollarse plenamente. Pero a todo eso, el autor le añade un “tirón de orejas” a los padres: ¿estamos dispuestos a bajar esas barreras que el miedo ha levantado? Miedo a la ciudad, a salir a la calle, a la autonomía e independencia de nuestros hijos. Creedme si os digo que a mí también me da vértigo pensar en mis hijos yendo solos al colegio dentro de unos años, bajando a jugar al parque, a la plaza sin la presencia de un adulto que los cuide y proteja. Y es ahí donde está la clave: la ciudad cuidaría de ellos, una ciudad habitada por ciudadanos (valga la redundancia) responsables y comprometidos con el bien de todos. Así aparecen las figuras del policía, comerciantes, viandantes, conductores, etc.,  como cómplices de una ciudad segura para todos y en la que todos cuidan y, en definitiva, educan.

¿Creéis que esta idea de ciudad roza la utopía? Confieso que yo también lo pensé en un primer momento, pero en el libro se detallan ejemplos concretos de ciudades en lo que todo esto se va haciendo realidad y entonces comencé a soñar con una Cuenca de los niños…

¿Creéis que los padres dejaríamos de sobreproteger o limitar la autonomía e independencia de nuestros hijos si se pudiera confiar de nuevo en la ciudad? Porque ésa es mi gran pega como madre: lo haré cuando vea que es seguro hacerlo. Me comprometo a ser valiente y apoyar este tipo de iniciativas desde el minuto cero, pero necesito ver que hay esas iniciativas. No quiero meterme en política, pero quizá podría regalarle el libro a alguien…

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