13/05/2015 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Educación emocional

“Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más posibilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida.” (Dr. Daniel Goleman)

Muchas cosas se dicen y escriben sobre la felicidad: que se trata de un estado personal,  más que de una situación; que se trata de un camino, más que de una meta; que está dentro de nosotros y no fuera… Todo esto refleja una preocupación universal a la que tratamos de dar respuesta, dándonos pistas, compartiendo experiencias y reflexiones para ayudarnos a ser felices. Lo que ya de por sí es bonito. Por eso, yo no quería pasar por alto un tema que me apasiona: la educación emocional.

Y es que todas o al menos la inmensa mayoría de las teorías sobre cómo alcanzar la felicidad tienen un denominador común: las emociones, como la clave para alcanzar ese estado tan deseado. Las emociones nos acompañan a diario, muchas veces ni somos conscientes de ellas, pero siempre están ahí, ¿no os parece? Unas veces nos hacen sentirnos capaces de todo, y otras capaces de nada, son un motor o un freno, el botón de encendido, apagado o simplemente de pausa. Pero ahí las tenemos, como parte inseparable de nosotros mismos, y que además parecen jugar un papel fundamental en nuestra capacidad de ser felices, ¿no os parece que deberíamos prestarles más atención? Seguro que a más de uno le ha venido a la cabeza su grupo de niños, su tutoría, el equipo al que entrena, o sus propios hijos. Pero en realidad este artículo está pensado para todos, y, de una manera especial, a nosotros mismos, puesto que son habilidades y recursos que una vez interiorizados los llevaremos a todos nuestros mundos: el laboral, el personal, el familiar, el de ocio… Por eso, no trato en este artículo de reivindicar la importancia de trabajar la educación emocional en las aulas y en casa, cosa que, si me permitís, ya doy por supuesta, aunque estaría también encantada de debatirlo con aquellos que creen que eso es sólo cosa de los padres. De lo que se trata hoy es de compartir algunos conceptos sobre educación emocional que podemos incorporar a nuestras vidas para enriquecerlas, y  de ahí a todos lados.

Howard Gardner desarrolló una teoría que revolucionó la forma de entendernos a nosotros mismos y que debería haber revolucionado también nuestro sistema educativo: la Teoría de las Inteligencias Múltiples, en la que reconocía que en el ser humano no hay un único tipo de inteligencia, sino varios, y no todos están igual de desarrollados en cada uno de nosotros, ni nos motivan e interesan por igual, pero es necesario que todos sean trabajados y potenciados para lograr el desarrollo integral de los individuos. Esta teoría tiene también mucho que ver con el “elemento” del que habla Ken Robinson, que quizá habéis oído o leído algo sobre ello. Pero todo esto bien merece otro artículo, centrémonos hoy en dos  tipos de inteligencia de entre los ocho que propone Gardner: la intrapersonal y la interpersonal. Estas dos conforman la inteligencia emocional, en la que entra en juego otro autor relevante llamado Goleman (añado los nombres por si alguien está interesado en el tema y quiere profundizar más).

La inteligencia emocional es la capacidad que nos permite reconocer, expresar y gestionar las emociones propias (nivel intrapersonal), por un lado; y por otro,   conocer y reconocer las emociones de los demás, utilizando este conocimiento para mejorar nuestras relaciones con los demás (nivel interpersonal). Estas habilidades pueden tener cierto componente innato, al igual que otras, pero lo asombroso es que, de nuevo al igual que otras, también se pueden aprender. Por tanto, tiene sentido hablar de educación emocional, como puerta que nos acercaría un poco más a nuestra felicidad. ¿Quién no quiere eso para sí mismos, sus hijos o sus alumnos? ¡Pues manos a la obra! Empecemos por conocer cuáles son las habilidades a nivel práctico que hay que poner en marcha: en el nivel del yo, intrapersonal, serían la autoconciencia (identificar y conocer nuestras emociones), la autorregulación (control emocional) y la motivación; mientras que el nivel interpersonal, hacia los demás, serían las habilidades sociales y la empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro).

Para trabajar estas habilidades por separado y en conjunto hay muchos recursos a nuestra disposición, puesto que el tema ha despertado el interés de muchos profesionales. Yo conozco algunos de ellos pero día a día descubro nuevas iniciativas y propuestas que estaré encantada de compartir con vosotros y, más aún, de descubrir gracias a vosotros, ¿empezamos?

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