26/03/2015 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Ayudar no es hacer (primera parte)

Hace unos pocos días me serví un buen plato de discusión y debate sobre un tema que, para mi sorpresa, genera gran diversidad de opiniones y actitudes en los padres: los deberes. Surgió, como tantas ocasiones, a raíz de un post que leí en algún lugar de internet, en el que una madre se negaba a ser la agenda de sus hijos. La idea llamó mi atención y lo leí confirmando mis sospechas: hay una tendencia a crear grupos de whatssapp con todos los padres de la clase de los hijos para estar comunicados y echarse una mano unos a otros, pudiéndose facilitar así los deberes que han mandado para el día siguiente, las fechas de los exámenes, o incluso hacer fotos de las tareas que se mandan y realizan… Lo que en principio nació para ser una ayuda a los padres acaba convirtiéndose en una fuente de cierta esclavitud que convierte a los padres en secretarios de sus hijos, y cuyo resultado acaba siendo perjudicial para ambos: para los padres porque acaba saturándoles y para los hijos porque les quitamos la oportunidad de aprender a ser responsables de su propio trabajo. Son ellos los que tienen que aprender a organizarse, a saber qué tienen que hacer y para cuándo, de qué herramientas se pueden servir para recordarlo y lo más importante: a gestionar su propio tiempo.

Esto no es fácil ni sencillo, ni se consigue de un día para otro. Y por supuesto, padres y profesores, debemos ayudar a los niños y adolescentes en esta conquista hacia una verdadera autonomía. Pero ayudar no es hacer, es decir, ayudar no es que el profesor anote en cada una de las agendas los deberes para el día siguiente, ayudar es que reservemos un tiempo en nuestras clases para que los alumnos tomen nota de lo que hay que hacer, lo dejemos apuntado en la pizarra por si hay algún despistado o rezagado y supervisemos que todos lo han anotado. Insisto en la idea: como padres ayudar a nuestros hijos no es decirles “ahora mando un whatsapp para saber cuándo tienes que entregar el trabajo”, ayudar es reforzar el hábito de apuntar las cosas en la agenda, que previamente les hemos comprado, revisándolo a diario, apuntar las fechas de exámenes y trabajos en un calendario, tener su horario a la vista en el lugar donde hagan los deberes, utilizar códigos de colores, ayudarles a planificarse hasta que ellos mismos se conozcan lo suficiente para ir gestionando poco a poco y ellos solos su tiempo y aprendan a organizarse cumpliendo los plazos. Esto son sólo un par de ideas, y las hay más modernas que incluso pueden resultar más atractivas para los niños y adolescentes, como pueden ser las aplicaciones en móviles y tablets,  sírvase a gusto del consumidor.

Dependiendo de cada niño nos costará más o menos conseguir que en esto también sean autónomos, pero no olvidemos que ésta es la meta, y aunque sea más fácil tirar de whatsapp, les hacemos un flaco favor solucionándoles el problema de hoy sin pensar en el mañana. ¿O es que también nos vamos a incluir en los grupos de whatsapp (o lo que sea en el futuro) cuando vayan a la universidad? Sé que suena algo exagerado y muchos pensarán que en ese momento, los hijos ya habrán alcanzado la madurez suficiente para encargarse ellos solos; pero la realidad es que estas cosas no suelen llegar por el simple hecho de cumplir años y muchos, aunque no lo creáis, fracasan sus primeros años de estudios superiores precisamente por eso, por no saber gestionar el tiempo.

Estrechamente relacionado con esto, el debate hiló con el tema de los deberes: cantidad, plazos, necesidad de academias de apoyo o refuerzo educativo, implicación de los padres, etc. Y como la segunda parte de la conversación fue tan interesante como la primera, también me gustaría compartirlo con vosotros en el siguiente artículo, que prometo no tardará tanto en llegar como éste. ¡Hasta pronto!

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