29/12/2013 La Alacena y El Anaquel
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
El Anaquel del 29 de diciembre

“Bat Pat 1. El tesoro del cementerio”.-Roberto Pavanello.-Editorial Montena 

 

La primera aventura de Bat Pat, el murciélago escritor más famoso de la literatura, en una edición conmemorativa de lujo:  “Una noche, en el viejo cementerio, vi a un 

encapuchado de aspecto muy sospechoso. Después de pensarlo un par de segundos, llegué a la conclusión de que sólo tenía dos posibilidades: ¡esfumarme a toda ala o lanzarme

 de cabeza hacia el peligro! ¿Sabéis cuál de las dos elegí?” (A partir de 7 años)

 

 

 

 

“El País de los Cuentos”.-Ana Alonso .-Editorial Anaya

 

Clara nunca había sospechado que la biblioteca ocultase una puerta hacia un mundo diferente. Se trata del país de los cuentos, un lugar donde no se comercia con dinero, sino con historias, y donde la gente consigue hacer realidad sus sueños gracias al poder de la imaginación. Además de disfrutar de la lectura, repasarás los antónimos y a

prenderás a utilizar distintos recursos para crear tus propias historias. (A partir de 8 años)

 

 

 

 

 

 
 
 

“Sanada 1- La conquista del Imperio”.-Esteban Martín.-Editoria Edebé

Fue el gran samurai Akechi Yukimura, defensor del Emperador, quien encontró al bebé entre 

 

los restos calcinados por el ataque de los bandidos. El niño tenía los ojos muy redondos; unos ojos como nunca había visto, y su piel, un tono pálido que le 

pareció insano. Sí, era un niño extranjero, y sin embargo, Akechi lo adoptó como hijo. Le puso por nombre Sanada.
Y Sanada creció feliz, con su hermana y sus padres adoptivos, hasta convertirse en un joven, sin saber que los Libros Antiguos habían anunciado ya su destino. Por eso Akechi lo envió a formarse en el camino de la perfección y de la espada con su maestro Oda Hideyori. Eran tiempos de guerra y eran muchos los peligros que le esperaban… Pero no estaría solo en su aventura. (A partir de 12 años)

 

 

 

 

DIFUSIÓN/ESPIRITUALIDAD

“Confío.Comentario  al Credo cristiano.-José Ignacio González Faus S.J.-Editorial Sal Terrae

Este comentario al Credo complementa un libro anterior del autor: Herejías del catolicismo actual. Los rasgos decisivos de la identidad cristiana, que en aquel se presentaban como desfigurados, se formulan ahora en positivo, desgranando los artículos del Credo. Estos no son una lista inconexa de verdades abstractas, sino una narración de la historia en que Dios ofrece su amor a los seres humanos. De la aceptación de esa oferta brota una actitud de confianza radical que capacita para amar y orienta en esa dirección toda la vida humana. El comentario va precedido por una colección de testimonios que muestran la

 pregunta, la esperanza y las dificultades que nos constituyen como seres humanos y a los que responde la oferta creyente, de modo que no cabe decir que la fe sea una colección de respuestas a preguntas inexistentes. Cierra el libro una serie de paráfrasis y de apéndices: las primeras buscan nuevas formas más inteligibles y más actuales de

 formular lo mismo que los credos quieren decir; los segundos ofrecen algunas reflexiones sobre los presupuestos y los funcionamientos del acto y de la actitud creyente, como contribución al llamado “año de la fe”.

REVISTAS

 

VIDA NUEVA Nº 2876

Lo más destacado:

Lampedusa: por la globalización de la fraternidad

Apenas llevaba cuatro meses calzando las sandalias del Pescador cuando Francisco evidenció hasta qué punto llega su compromiso con quienes sufren, a causa de la inequidad, en las “periferias existenciales”. Fue el 8 de julio cuando arribó a la isla de Lampedusa, la puerta de entrada a Europa a la que miles de inmigrantes africanos anhelan llegar desde las costas de Libia y Túnez. En su primer viaje por Italia, el Papa argentino, originario de una familia que tuvo que emigrar desde la misma Italia, quiso imprimir un sello pastoral alternativo. Y es que, en su encuentro con cientos de inmigrantes llegados hasta Lampedusa, la gran mayoría eran musulmanes. De un modo integral, Bergoglio mostró a las claras que el compromiso de cualquier cristiano ha de estar con todas las víctimas de la injusticia. Y lo hizo de dos formas. Primero, con una visita que se saltó los cánones habituales y apostó por la sencillez (salvo la alcaldesa local, se pidió desde el Vaticano que no acudieran más representantes institucionales, teniendo todo el protagonismo las personas atendidas y los habitantes de la isla). Y, segundo, a través de la palabra rotunda, con una de las denuncias específicas que han marcado este inicio de pontificado: la vigencia de la “globalización de la indiferencia”.

Así, haciendo referencia a los numerosos casos en los que las pateras de los inmigrantes acaban naufragando (según Fortress Europe, cerca de 7.000 personas han muerto en las aguas de Lampedusa desde 1994), el Papa clamó apelando a la fraternidad, para lo que se inspiró en el episodio evangélico por el que Dios interpela a Caín tras asesinar a su hermano Abel: “‘¿Dónde está tu hermano? La voz de su sangre grita hasta mí’, dice Dios. Esta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros. Esos hermanos y hermanas nuestros intentaban salir de situaciones difíciles, para encontrar un poco de serenidad y de paz; buscaban un puesto mejor para ellos y sus familias, pero han encontrado la muerte. (…) Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto: hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna. (…) La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en unas pompas de jabón que son bonitas, pero no son nada; son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros o, mejor, lleva a la globalización de la indiferencia”.

Si entonces estas palabras sonaron como un aldabonazo en la conciencia de una Europa que en gran parte se sostiene con el peso de la comunidad migrante, los responsables políticos –a los que el Papa rogaba que Dios les concediera “la gracia de llorar” por “la crueldad que hay en el mundo”, ocasionada en gran parte por “decisiones socio-económicas que producen situaciones que llevan a dramas como estos”– no pudieron mirar para otro lado el 3 de octubre, cuando una patera en la que viajaban unas 500 personas se hundió y causó la muerte de al menos 360. Entonces, cuando un emocionado Bergoglio resumió lo sucedido tachándolo directamente de “vergüenza”, los 28 jefes de Estado que los días 24 y 25 iban a reunirse en la Cumbre de la Unión Europea (UE), incluyeron la inmigración como uno de los temas principales a abordar en su asamblea. Sin embargo, ocurrió algo parecido a la contradictoria respuesta de Italia (que otorgó la nacionalidad a título póstumo y organizó funerales de Estado para los muertos, a la vez que expulsaba a los supervivientes) y, en vez de buscar medidas de protección de la vida de las personas y desarrollar acciones de apoyo al desarrollo en sus países de origen, se acabó plasmando una división entre los estados del Norte y el Sur de la UE, con España, Grecia e Italia reclamando en vano la adopción de una política común. El “fracaso” de la Cumbre de la UE, como lo tildaron en un comunicado conjunto Cáritas y el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), tuvo su principal déficit en la imposibilidad de alcanzar un consenso de mínimos que asegurase aspectos esenciales, a su juicio, como la “abolición de la detención indiscriminada de inmigrantes irregulares”, la “apertura de canales para la migración legal por motivos de trabajo” o “el enjuiciamiento de las redes criminales que se lucran mediante la explotación y la tortura de los migrantes”.

Cuchillas por respuesta

Pero aún se fue más allá y, en el caso de España, se emprendió una respuesta específica que apostó por el extremo contrario, recuperándose las cuchillas y las mallas antitrepa que había instalado (y retirado) el anterior Gobierno en Ceuta y Melilla. Desde entonces, además de las críticas de las fuerzas de la oposición, el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha tenido enfrente a numerosos colectivos cristianos que han tachado la medida como una “vulneración de los derechos humanos”.Entre las voces que con más fuerza se oponen a esta política, que agudiza el drama de los inmigrantes, destaca por su claridad y valentía el arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, cuya diócesis cuenta con un amplio programa de apoyo a las cerca de 20.000 personas que, provenientes desde numerosos países del Subsahara, se encuentran varadas en Marruecos, sin documentación y a la espera de poder “dar el salto” hasta España. En este sentido, ante la muerte en Tánger, en el transcurso de una redada de la policía marroquí, de un joven camerunés de 16 años cuyo cadáver apareció tras caer de un cuarto piso, se produjo semanas atrás un hecho muy sintomático: cientos de compañeros se atrevieron a manifestarse por las calles denunciando lo que consideraron un crimen y reclamando un cambio en el modo en que son tratados. Entonces, desde Vida Nueva, Agrelo no dudó en tachar de “holocausto” un fenómeno en el que Europa mantiene un silencio y una inactividad “cómplice”. Ante el 2013 que concluye, es de esperar que el año próximo suponga un antes y un después en un drama profundo del que Lampedusa, Ceuta y Melilla son solo sus últimos reflejos. Ante el anhelado nuevo paradigma, sería necesario que toda la sociedad, empezando por los responsables más directos, se dejaran interpelar por los pastores que piden despertar ante una herida nacida de la injusticia y se dejaran abrazar por la globalización de la fraternidad.(Miguel Ángel Malavia)

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