30/12/2013 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
¿Qué estamos haciendo bien?

Debo reconocer que el primer título que me ha venido a la cabeza para este artículo ha sido precisamente el contrario: ¿Qué estamos haciendo mal? Y esto era justo lo que quería evitar: ese pesimismo que contagia el ámbito educativo, que nos hace hablar una y otra vez de todo lo que estamos haciendo mal padres, educadores, la sociedad en general, en lo que se refiere a educación de niños y adolescentes.

Ahora que termina el año y que todos nos sentimos inclinados de manera inevitable y natural a hacer balance del año que termina, de lo vivido a nivel personal y profesional; es un buen momento también para reflexionar sobre lo que estamos haciendo como padres, maestros, profesores o educadores. Pero para evitar caer en el foso de lo negativo, quiero centrarme en aquello que considero que sí estamos haciendo bien, que es positivo, para que sirva de base para nuevos propósitos educativos del año que empieza.

En primer lugar, resalto el papel protagonista, prioritario, que se da al niño a día de hoy. No digo que los niños no fueran lo primero y más importante para padres y educadores de años atrás, pero las actuales corrientes educativas hacen mucho hincapié en esto: situar al niño en el centro del proceso educativo, protagonista de su propio aprendizaje. Por otro lado, los niños en la familia también ocupan un lugar especial: son lo primero, adaptamos nuestros horarios, costumbres, mobiliario del hogar, etc., para poder satisfacer sus necesidades. Por tanto, si nuestros hijos y nuestros alumnos son lo más importante, esto nos llevará a querer darle lo mejor de nosotros mismos, a mejorar, a esforzarnos, a formarnos; en definitiva, a ser mejores padres, educadores, personas.

Además, el ritmo de vida rápido y cambiante al que nos han acostumbrado los rápidos avances tecnológicos, entre otros factores, nos han hecho más conscientes de la necesidad de seguir formándonos a lo largo y ancho de nuestra vida. Nuestra formación inicial es un recurso base, la llave que nos abre una puerta al conocimiento, pero pronto descubrimos que tras esa puerta que conseguimos abrir al terminar un módulo formativo, una carrera universitaria, la decisión y el regalo de ser padres, aparecen ante nosotros muchas más puertas que abrir, surgen nuevos interrogantes a lo largo de nuestra tarea educadora que necesitamos ir resolviendo, nuevas situaciones en las que las herramientas que poseemos no nos dan buen resultado. Esto nos convierte en mentes más inquietas, capaces de aprender con y junto sus hijos y alumnos.
Otro aspecto que resaltaría como positivo es que nos hemos dado cuenta de la necesidad de colaboración entre las diferentes instituciones educativas. Vayas teorías educativas confirman esta hipótesis. Baste como ejemplo la Teoría Ecológica de Bronfenbrenner, quien sostiene que el individuo se desenvuelve en diferentes contextos (sistemas): la familia, el colegio, el parque, etc., y que no sólo todos ellos influyen en su desarrollo como persona, sino que además la interacción entre dichos sistemas también influye en dicho proceso. Por ello, es necesario que caminemos todos en la misma dirección, que colaboremos mutuamente en esta difícil tarea de educar. Hoy en día se cuida la relación familia- escuela, existen diferentes alternativas de educación no formal que tratan de fomentar una sociedad educadora.

Con este artículo no quiero decir que todo se esté haciendo bien en materia educativa, ni mucho menos. Sólo pretendo resaltar aspectos positivos que pueden animarnos a empezar el 2014 con muchas ganas de seguir educando, de esforzarnos por hacerlo cada día mejor apoyándonos en nuestros puntos fuertes. Ya habrá tiempo de hablar de lo no tan bueno…

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