22/01/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
¿Prudencia o miedo?

El tema de hoy despierta en mí cierta incertidumbre, el desasosiego de no saber qué dirección tomar en este asunto. He compartido esta inquietud en varias conversaciones, mantenidas con gente que me ha aportado diferentes puntos de vista: padres y madres, profesores, policías, psicólogos… Y lamentablemente no he encontrado un punto de unión que aportara luz en este asunto: Con nuestros hijos o alumnos, ¿somos excesivamente protectores o simplemente prudentes tal y cómo están las cosas hoy en día? ¿Es prudencia o miedo?  Ese miedo que paraliza, que bloquea y que puede llegar a limitar nuestra autonomía, o en este caso, la de los niños y adolescentes que tenemos a nuestro cargo.

No sólo nos preocupan los nuevos peligros que han surgido en los últimos años: internet y las redes sociales especialmente, sino que éstos parece que han agravado aquellos riesgos que desde siempre podían encontrarse en la calle: peleas, robos, o incluso secuestros, entre otros. Y ahora tenemos miedo, pánico  a que a los niños les pase algo cuando se desplazan solos de un sitio a otro, cuando se bajan a jugar a la plaza o al parque, cuando salen a dar una vuelta con sus amigos. Si hablas con gente de más edad, padres que ahora son abuelos, profesores y policías jubilados, te comentan que ese miedo ha estado siempre y que antes también había padres excesivamente protectores o excesivamente descuidados. Sin embargo, yo creo que ese miedo, se convierte ahora en pánico cuando escuchas ciertas noticias en la televisión, y ese pánico nos bloquea como educadores, sin saber qué dirección tomar: ¿qué estamos haciendo? ¿Proteger en exceso o simplemente limitar cierta autonomía de los niños por prudencia? Definitivamente, estos casos, lamentablemente demasiado frecuentes en la actualidad, de abusos, palizas, secuestros, etc., no nos dejan indiferentes. ¿Qué podemos hacer? ¿Dónde está ese término medio, ese punto de equilibrio entre proteger y cuidar a nuestros hijos y alumnos sin dañar con ello la necesaria autonomía e independencia necesaria para seguir creciendo?

Hay que ser prudentes, no olvidar una de nuestras principales labores: cuidar y proteger a la infancia, pero sin descuidar otra función esencial como educadores: ayudarles a crecer, a ser cada día más autónomos, a que sepan valerse por sí mismos. No se puede vivir con miedo…,  pero la situación asusta. Supongo que éste, al igual que ocurre con otros miedos, será algo que tenemos que superar…

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