01/02/2019

Una obra inspirada en el ejemplo de Zóbel en las entrañas del monumento más emblemático de Cuenca

Los autores del proyecto de remodelación de las Casas Colgadas apuestan por homenajear al Museo de Arte Abstracto en sus espacios. El restaurante gana tres salas y nuevas vistas a la Plaza de Ronda y a los rascacielos de San Martín

Visita a las Casas Colgadas

Bajo la supervisión de los hermanos Redondo, rostros visibles del equipo de arquitectos e ingenieros que se encargan de la rehabilitación de las Casas Colgadas, los obreros trabajan en la transformación del monumento más emblemático de Cuenca en un espacio gastronómico contemporáneo.

Hay mucho trabajo por delante para dar forma a estas  estancias que hoy se encuentran repletas de escombro y suciedad; con maderas desgastadas, azulejos quebrados, mobiliario de cocina desmontado, baños destrozados e incluso objetos personales en de las antiguas dependencias que ocupaban los trabajadores del antiguo mesón. La falta de mantenimiento del local, abandonado totalmente tras finalizar la concesión de los antiguos gerentes añade dificultades a una labor que además debe ser muy minuciosa, ya que estará sometida a una vigilancia arqueológica especial al tratarse de un bien histórico de la ciudad.

"El edificio estaba en un estado casi precario, por fuera y por dentro", explica Javier Redondo. Además, el mesón había perdido una de las salas principales, cedida para la ampliación del Museo de Arte Abstracto. Los arquitectos han resuelto ese problema recuperando espacios que han ido descubriendo tras los muros del edificio, lugares nunca vistos por los conquenses y sacando máximo partido a la Casa de la Sirena.

Con esta remodelación el restaurante dispondrá de cinco espacios, tres de ellos nuevos: una pequeña cava de vino, la llamada 'Caja Pétrea' en la citada Casa de la Sirena, donde los clientes podrán ver cómo se cocina y la conversión en comedor de un espacio utilizado como vivienda de los trabajadores del restaurante.

Con el proyecto se recuperarán dos balcones que habían desaparecido pero que existieron en el pasado según han podido atestiguar con fotografías antiguas. Cuando finalice la obra el Mesón tendrá, además de la emblemática vista a la Hoz del Júcar y al Puente San Pablo, miradores hacia la Plaza de Ronda y los rascacielos de San Martín. Los clientes podrán comer en los balcones, que estaban en desuso, después de que se haya recuperado la carpintería para tratar las patologías que sufría la madera.

"Somos conscientes de la importancia que tuvo Fernando Zóbel en la ciudad y para nosotros ha sido la referencia a seguir"; apunta Miguel Ángel Redondo. El Museo de Arte Abstracto y el Grupo El Paso han sido fuente de inspiración. La Sala Negra, comedor principal que se construirá en la habitación en la que en su día estuvo la cafetería del mesón, homenajea al espacio homónimo del museo con el que comparte muros y particularmente a las arpilleras de Millares.

En el exclusivo Comedor del Rey, pensado para que no coman allí más de seis clientes, habrá un grabado con una frase de Fernando Zóbel inscrito en el suelo sobre una chapa de suelo troquelada con la que se pretende que el cliente se imagine levitando sobre la  roca.

Habrá también una Sala Blanca, que rinde tributo a la zona del Abstracto presidida por la Brigitte Bardot de Millares, en los arquitectos juegan con la madera y los materiales para intentar trasladar al comensal la sensación de que está comiendo en el propio museo.

Las obras de Oteiza o Chillida serán la inspiración de la Caja Pétrea, en la que quieren crear la sensación de que se está comiendo en el interior de una escultura.

Los artistas que abrieron el museo serán homenajeados con una fotografía y una escultura en el vestíbulo del mesón, que gana en accesibilidad para que las personas con alguna discapacidad física puedan llegar, al menos, hasta el comedor principal. En la entrada pretenden que el visitante sienta que está entrando en una roca y para ello utilizarán materiales pétreos en partes, suelos y techo, "con un despiece que recuerde a la entrada de luz en las esculturas de los artistas".

Los arquitectos han ido trabajando este proyecto "casi espacio por espacio, pero con una línea continuista. A la hora de redactar el proyecto han contado con el asesoramiento  de chefs y profesionales del equipamiento de restaurantes. Por ejemplo para el diseño de la Caja Pétrea han contado con ayuda de expertos que han diseñado restaurantes para los hermanos Adriá y Martín Berasategui.

La inversión final superará el millón de euros y busca convertir el edificio en un restaurante moderno en el que podrán comer hasta 120 comensales.

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