27/12/2019

Navidad sin sol

It's christmas time. Navidad de bombillas y atascos, de muecas y gritos en televisión. Navidad anglosajona de noeles, atracones y euforia por decreto, el placebo del consumismo funcionando a toda máquina con la excusa de un recién nacido que vino al mundo en la indigencia. Mientras encargamos el cordero y congelamos el marisco para los días clave, el banco de alimentos nos permite engañar a la conciencia ingresando en sus arcas unos kilos de arroz.

La felicidad de nuestras pascuas depende de atravesar estas fechas con la miopía de la saciedad en la mirada, las injusticias de nuestro entorno aplazadas gracias a un rutilante velo de espumillón. Ayuda mucho cultivar los ritos ancestrales, despilfarrar en lotería creyendo que en la quimera de un décimo premiado puede hallarse la dicha, sepultar bajo una montaña de regalos la intolerancia a la frustración de nuestros hijos, sacar al abuelo de la residencia para que al menos por una noche, no le abrase el frío de la soledad.

Colocamos con boato el nacimiento en el lugar principal de nuestras casas y repitiendo la historia que el pesebre conmemora, ignoramos al sintecho, al inmigrante, al marginado. Deberíamos escuchar villancicos en agosto por ver de mantener nuestro sentido de la solidaridad en otras épocas del año y no sería malo que los Reyes Magos nos visitaran cada fin de semana para que la bondad impostada que aprendimos desde niños, siga maquillando nuestro egoísmo en la edad adulta, el narcisismo y la limosna conviven sin complejos  para seguir alimentando la hipocresía de la sociedad.

Afortunadamente, el sistema se ocupa de alumbrar el vecindario para que la profusión de luces nos haga mirar hacia arriba y nos impida fijarnos en la corrupción que repta entre el muérdago y el acebo. Los informativos también contribuyen lo suyo al encubrimiento y las noticias sobre la llegada a las casas de un fantoche lapón dejan para después de las fiestas los escándalos cotidianos, los periodistas de tribunales han trasladado su guardia a la puerta del mercado para preguntar a las amas de casa por el precio abusivo de las compras de última hora. Cuando por fin has conseguido olvidar la última traición del gobierno a sus promesas electorales, te asalta un anuncio de unos grandes almacenes en el que se tararea una absurda cancioncilla sobre un elfo y comprendes que todo está perdido.

A los escasos lectores que hayan llegado hasta aquí resistiendo la tentación de cambiar de pantalla para dejar atrás el enésimo artículo contra la Navidad, quiero desearles un feliz solsticio, a pesar de todo. La traslación de la tierra alrededor del sol es un motivo de celebración más a tono con los tiempos que nos ha tocado vivir.

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