04/02/2014

Miguel Zapata, pintor y escultor (Cuenca 1940- Madrid 2014)

El pintor conquense Jesús Mateo, creador de las pinturas murales de Alarcón, dedica unas palabras de despedida a su amigo Miguel Zapata

Miguel Zapata, pintor y escultor.

El pasado 3 de febrero murió en Madrid el pintor y escultor español Miguel Zapata. Nació en la bella y mágica ciudad de Cuenca. En ella aprendió la historia de la tierra y de sus bichos, conoció las formas de la cristalización de los minerales y sus tablas de valencias. Sus maestros le enseñaron que el átomo, como su nombre indica, era indivisible. Aprendió griego y latín, y la famosa aventura de los Diez Mil en su lucha contra los persas le sumía en estados de profunda ensoñación. Supo de los  trágicos y de los estilos arquitectónicos, de los escritores clásicos y hasta llegó a componer algún que otro soneto... Con este bagaje cultural y con un buen puñado de oleos y lienzos salió de Cuenca para comerse el mundo. Y el sueño se cumplió.

Su obra llegó a los cinco continentes. Colecciones de Estados Unidos, México, Japón y Europa acogieron la obra madura y enérgica de aquel muchacho conquense, impetuoso e inteligente.

Zapata fue fiel a unos principios de libertad e independencia. Un cierto aire anarquista individualista rodeó a Miguel en el ámbito personal y profesional. Descreído, irónico y radical, no toleró nunca la mentira y la banalidad que rodea nuestro tiempo al llamado mundo del arte y a la cultura. Luchó contra la mediocridad y la ignorancia en el lugar equivocado. Por eso, posiblemente, se marchó a Estados Unidos.

De Miguel Zapata destacaría tres características: bondad, talento e inteligencia. Fue un hombre bueno y eso lo distingue como persona y como artista. Poseedor de un talento natural para el dibujo y la pintura poco común, supo aportar a su trabajo una yuxtaposición de idiomas estéticos más que interesante. Y fue un pintor inteligente, culto y con una formación humanística impecable. Una rareza en la "profesión del arte" que, sin duda, aprovechó y tradujo a tablas y telas.

Realizó el retrato del su majestad el Rey de España, Juan Carlos I, para la Hispanic Society de New York. En su ciudad natal trabajó en las puertas de la Iglesia de El Salvador y en la escultura de Alfonso VIII que preside los jardines del palacio de la Diputación Provincial.
Su última obra puede disfrutarse en la Universidad de Texas. Unas puertas en bronce donde se rememora la historia de la independencia de Texas. En breves fechas tendría que haber ido allí a inaugurarlas.

Nunca llegó a marcharse del todo de su ciudad. Adquirió una bella casa-estudio del siglo XVI en el barrio medieval de San Miguel, en el corazón del casco histórico y con vistas a la Hoz del Júcar.

Zapata compró un billete de ida y vuelta. El retorno a su infancia, a su patria, a la ciudad que le vio nacer, fue recurrente y le persiguió toda su vida. El viaje por la vida podría haber sido más largo pero llegó a su fin demasiado pronto. Miguel ha regresado a Cuenca para quedarse entre nosotros, para siempre. Las vistas desde el antiguo cementerio de San Isidro, en lo más alto de la ciudad antigua, son únicas. Lugar querido por pintores como Fernando Zóbel, Antonio Saura o Bonifacio Alfonso.

Allí descansarás, amigo entrañable, junto a ellos y a otros ilustres hermanos, artistas y amigos.


Por Jesús Mateo, pintor y creador de las pinturas murales de Alarcón. UNESCO.
 

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