16/05/2018
Cultura y Vida

La Banda Municipal de Cuenca y la importancia de la música en tiempos de guerra

Marco Antonio de la Osa presenta este miércoles a las 19:30 horas en el salón de actos de la Diputación su libro 'La banda municipal de música durante la Guerra Civil Española'

Marco Antonio de la Osa

El musicólogo Marco Antonio de la Osa presenta este miércoles a las 19:30 horas en el salón de actos de la Diputación su libro 'La banda municipal de música durante la Guerra Civil Española'. Es el el cuarto trabajo publicado por este investigador conquense, que sigue la línea de trabajo que comenzó con su obra sobre la música en la Guerra Civil española y que también guarda cierta relación con su título dedicado a Federico García Lorca: 'Ángel, Musa y Duende'.

"Me apetecía hacer algo dedicado a la Banda Municipal de Cuenca", confiesa el autor, que aprovecha este libro para contar también los primeros de dicha agrupación musical, que datan de finales del siglo XIX. Reconoce que un trabajo laborioso indagar en estos orígenes pero "la banda de Cuenca me ha ayudado mucho para acercarme a todos los estudios que hay sobre ella, que son poquitos". Tampoco se conservan fotografías de estos primeros años de la formación.

En este libro habla De la Osa, en primer lugar, del origen guerrero de unas bandas de música que ahora se asocian con actividades lúdicas. "Se crearon para ir acompañando a las milicias para dar energía al guerrero, introducirlo en la contienda, amedrentar al contrario, fortalecer una identidad propia... Son funciones que a veces se dejan de lado pero que son inherentes a la música".

En un primer momento en Cuenca había muchísimos festivales, aunque poco a poco fueron disminuyendo porque se veía como una falta de respeto a los soldados y milicianos

Eso hace que, cuando llega la Guerra  Civil, se dispare la actividad de la Banda Municipal de Cuenca: "Al haber muchísimos más batallones los músicos van a tener muchísimo trabajo y muchísimos de los componentes de la agrupación de Cuenca, que tuvo momentos que estaba prácticamente cesada, se fueron a distintos batallones para ganar dinero y para poder tocar allí". Recuerda que de esta forma también se libraban de la primera línea de fuego, "si tocabas un clarinete, no tenías que empuñar un fusil como otros compañeros de tu misma edad".

Una de la labor de la Banda de Música de aquellos años, en una ciudad como Cuenca, que estaba en la retaguardia y donde el conflicto "fue un poco más suave que en los lugares donde había frente de guerra", fue la de contribuir a la recaudación de fondos, participando en eventos como corridas de toros, partidos de fútbol y hasta inauguraciones de bares. "En un primer momento en Cuenca había muchísimos festivales, aunque poco a poco fueron disminuyendo porque se veía como una falta de respeto a los soldados y milicianos que estaban en el frente que en la retaguardia la gente estuviera bailando y de fiesta", relata.

En esos años hubo músicos de la Cuenca que se fueron a Madrid para ponerse a las órdenes del maestro Pablo Sorozábal. "Como Madrid era frente de guerra, marcharon hacia la zona de Levante y recaudar fondos para la guerra en la capital madrileña", explica De la Osa, que destaca que cada agrupación tenía su función, "como la banda de la Legión Cóndor nazi, que actuaba en todos los pueblos que iban siendo tomados por los nacionales y los regulares marroquíes también tenían su propia banda". Cree que la música ejercía, en ese sentido, una función "apaciguadora"; de calmar los ánimos.

Conforme fue avanzando la reyerta los dos bandos comenzaron a llamar a soldados cada vez más jóvenes y eso hizo también mella en el número de componentes de la Banda de Música de Cuenca, que eran llamados a filas. "Generalmente se insertaban como músicos, a veces también entraban como camilleros o sanitarios pero su función principal era interpretar música y en cierto modo tuvieron suerte, porque vivieron la guerra en primera persona pero no en primera línea de fuego como otros compañeros".

También hubo músicos que se cambiaban de bando "y eran recibidos bastante bien por el rival; a veces se nos cuenta la guerra como muy heroica pero imagínate un pastor o ganadero de la Serranía de Cuenca al que lo llevan al Frente de Madrid con 17 años. ¡Podías tener tus ideas pero no llevadas a este punto!".

Supone el autor que en Cuenca había numerosa gente que solamente deseaba que la guerra acabase "aunque en realidad aquí fue más dura la posguerra y pasamos más hambre, porque somos una provincia agrícola y ganadera y la mayor parte de nuestras materias primas se iban a otros sitios; en la guerra no tanto porque había pequeños lugares de subsistencia, como los huertos, para conseguir un poco de alimento".

Finalizada la contienda llega el momento de las depuraciones, que no fueron especialmente duras con los componentes de la Banda de Música de Cuenca. "Se pusieron pequeñas multas", explica De la Osa. Entre los 'castigados' con estas leves sanciones estuvieron el maestro Jesús Calleja y Nicolás Cabañas, director y subdirector de la banda, con la que que durante la guerra interpretaron en Cuenca marchas dedicadas al Frente Popular. lo que no les impidió permanecer en la banda al finalizar la guerra".

El libro de De la Osa recoge cómo eran los interrogatorios a los músicos, que de pronto se definían como falangistas de toda la vida. "¡Todos se declaraban afines y decían que habían hecho propaganda de las ideas del movimiento! Lógicamente, si nos ponemos en situación, había que salvar el pellejo".

Su vinculación con la Semana Santa ayudó a Nicolás Cabañas a librarse de la depuración

En el caso de Nicolás Cabañas, el libro cuenta que le ayudó a librarse del castigo su vinculación con la Semana Santa, ya que pertenecía a varias hermandades y había compuesto marchas procesionales. El alcalde franquista también intercedió por Cabañas, que fue además uno de los impulsores de la construcción en los años 20 del kiosko del Parque de Canalejas, hoy Parque San Julián, nacido para acoger precisamente actuaciones de la Banda de Música de Cuenca. "Le pusieron un año y poco más, dijeron que para cuatro músicos que había lo mejor era que siguieran tocando y que nos olvidáramos de todo".

También tuvo un leve castigo Jesús Callleja, que había ocupado el puesto de Nicolás Cabañas tras una oposición y que era "uña y carne" con su predecesor. "Tocaban en la banda y luego tenían una orquestina con la que tocaban en cines y en bailes, estaban siempre tocando juntos".

En el último tramo del libro Marco Antonio de la Ossa repasa algunos de los himnos que tocaban durante esos años bélicos las bandas de música: Marcha de Riego, Cara al Sol, La Internacional, El Novio de la Muerte... Muchas de estas partituras se pueden encontrar en el archivo de la Banda Municipal de Música de Cuenca "y es curioso que haya un Himno de Riego, porque del 36 al 39 desapareció documentación como los partes de asistencia, que fueron arrancados ". Se salvaron de ser arrancadas o quemadas una partitura del himno republicano y una Marsellesa, que también era entonada en aquellos años. Aprovecha De la Osa para alabar el archivo de la Banda de Música, "tiene unas partituras muy bien conservadas y guardadas, me fue muy fácil encontrar todo".

La primera vez que se interpretó el Cara al Sol fue en Quintanar de la República, hoy Quintanar del Rey

El autor esta parte del libro para repasar, a través de los himnos, la historia del conflicto bélico, la vida de algunos de sus personajes más destacados. "La música va muy unida a la política y la sociología y el Himno de Riego va aparejado con unas situaciones en España". Igual ocurre con el Cara al Sol, "que prácticamente se compuso en Quintanar del Rey, entonces Quintanar de la República, porque fue allí en 1935 la primera vez que se interpretó". Recuerda también que Primo del Rivera y Franco quisieron presentarse por la provincia de Cuenca en las elecciones del 36. "La historia de Cuenca de aquella época es muy representativa ya que fue en esta provincia y en Granada donde se repitieron las elecciones que dieron el triunfo al Frente Popular", subraya.

En este libro Marco Antonio de la Osa defiende que la Guerra Civil Española es una época más de la historia y que hay que estudiarla como tal, sin prejuicios y sin miedo. "Es una época de España horrorosa y horrenda, se mire por donde se mire pero es algo que se puede estudiar desde su punto de vista científico", considera el escritor, que siempre dice que "se habla mucho de que hay muchas películas de este conflicto, ¿pero cuántas hay de los nazis? ¡Hasta en la sopa!". Insiste en que hay que acercarse a esta época de la manera más científica posible, "dejando de lado los sentimientos, porque todos tenemos familiares que han estado en uno u otro bando y con una perspectiva de mirar adelante".

'La banda municipal de música durante la Guerra Civil Española' está en su segunda edición. En la actualidad el musicólogo investiga los lazos de la llamada Nueva Canción chilena y la de la Guerra Civil Española. "En Chile tomaron parte del cancionero de la Guerra Civil para los mítines y manifestaciones y Pablo Neruda fletó un barco, el Winnipeg, que se llevó unos 3.000 exiliados republicanos a Chile, que fueron muy bien recibidos por parte del pueblo chileno, por otra no tanto". Estos españoles "se integraron y hacían reuniones todos los años, cantando las canciones de España que gustaron a los chilenos y que fueron adoptadas por Víctor Jara, Rolando Alarcón, Quilapayún...". Todavía se siguen interpretando estas músicas que fueron "de ida y vuelta", ya que las canciones chilenas también fueron entonadas en los años 70 por los cantantes de España, en los estertores de la dictadura y el advenimiento de la democracia.

 

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