12/08/2018
Cultura y Vida

El quiosco de Maribel, cuatro décadas de historia de Cuenca

Maribel Carrasco, dueña del emblemático quiosco de la Plaza Mayor desde 1976, cuenta anécdotas y cómo es tener un negocio en Cuenca durante más de 40 años

Una mañana en pleno agosto, la Plaza Mayor abarrotada de conquenses que en verano se dan el gusto de visitar el Casco Histórico a tomarse una cerveza en una terraza y de turistas que visitan la Catedral de Cuenca con sus hijos exhaustos por el calor que pasan a un desconocido -para ellos- quiosco ‘Maribel' a pedirse un helado. No saben que están entrando a uno de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad.

Al entrar, tapada por la muralla de cajones de chuches y cromos, sale Maribel Carrasco, dueña del quiosco desde 1976, que cuenta como después de estudiar para ser auxiliar de clínica, profesión para la cual consiguió plaza, decidió abrir el establecimiento con solo una veintena de años. Cualquier persona pensaría que Maribel en aquel momento, en la década de los setenta, no pensaba que en pleno 2018 seguiría trabajando en el mismo lugar y haciendo lo mismo pero ella explica que "si empecé a trabajar aquí era porque sabía que iba a estar toda la vida". Además habla de como la vocación de autónoma le viene en la sangre, "vengo de familia comerciante, mis padres tenían una carnicería".

Cuando se le pregunta el secreto de tener tanto tiempo en pleno siglo XXI un negocio que en los últimos años ve en peligro como se cierran quioscos responde que la clave es "ser cariñosa y simpática con la gente, dar sin esperar nada a cambio" y así lo demuestra con los clientes que entran al local a los que no duda en recibir con una sonrisa y darles conversación.

Uno de los rasgos característicos de este quiosco es la confianza que tienen los clientes, "la gente viene, pide una cosa, se la lleva y paga a los días siguientes. Este tipo de cosas hace que con el tiempo salgas ganando, en clientes y en buen humor", explica la quiosquera.

Tras 42 años en la Plaza Mayor, no hay persona más adecuada para preguntarle por cómo ha cambiado el Casco Histórico y la evolución del turismo. Maribel declara que "ahora se vende un poquito menos pero no me puedo quejar porque estoy en una zona donde siempre hay mucha gente".

Dentro del quiosco es difícil decidir entre que llevarse ante un océano de productos a la vista que llenan cada espacio libre, "me gusta tener muchas cosas y vender poco", bromea Maribel. Cuando se le pregunta por qué aconsejaría comprar contesta "a un turista siempre producto conquense: Alajú, ajoarriero o resoli. Si es de Cuenca, pues unos pestiños o unas pastas siempre sientan bien".

Durante la mañana de este jueves no para de pasar gente, la mayoría niños a por un helado, el de plátano y el de oreo son los que más triunfan, y Maribel, ella sola, da abasto para atender con sus 64 años a todos los clientes, "no quiero jubilarme, me gustaría seguir hasta que el cuerpo aguante, pero estoy mayor así que no me quedan muchos años trabajando aquí". Cuesta imaginar el quiosco 'Maribel' sin ella, pero ante el futuro del establecimiento manifiesta que le gustaría que sus hijas le relevaran, pero que si no lo hacen, lo alquilará porque "no se puede desperdiciar un local como este".

Sitio emblemático de la ciudad

Cuando se le pregunta cómo trata a clientes que no hablan el idioma, cuenta otra anécdota entre risas de cuando hace años había un seminario en el cual unos franceses daban conferencias cerca de la Plaza Mayor y cuando querían comprar algo entraban y "si por ejemplo querían huevos, me decían ‘quiquiriquí'".

Todos los ciudadanos de Cuenca han estado alguna vez en el quiosco de Maribel, que responde con humildad "no sé, es verdad que me conoce mucha gente", pero no solo en la capital conquense, sino en muchos lugares del mundo. La quiosquera cuenta como una vez llegaron unos turistas asiáticos con una revista de turismo de su país en la que salía, en primera plana, una reseña del quiosco, "no les entendía, me sacaron un librillo con imágenes de un montón de sitios de todo el mundo como Francia o Portugal, y ahí estaba yo, me quedé de piedra"

Pero no solo la gente conoce a Maribel, ella misma afirma que "conozco a tanta gente que me guío ya casi por familias, llevo tantos años que me cruzo con los abuelos, padres e hijos de una misma persona". Así lo corrobora una clienta que entra al local y afirma: "Llevo viviendo en Cuenca 40 años y no recuerdo ningún momento en el que Maribel no estuviera". Son estos, los clientes del barrio, a los que dedica las palabras más bonitas: "Me llevo bien con todo el mundo, son buena gente".

Gran devoción religiosa

Justo al entrar al quiosco, sea la hora que sea, se puede escuchar una misma emisora, Radio María. Maribel habla de su gran sentimiento religioso y como la Semana Santa es la celebración que más le gusta, aunque afirma que "me encantan todos los actos que se hacen en el Casco Histórico, no entiendo a la gente que se queja de que se hacen demasiadas cosas en él. Tenemos la suerte de vivir en un barrio precioso que tenemos que aprovechar".

Maribel es hermana de la Hermandad de la María Santísima de La Esperanza desde hace muchos años, sin embargo nunca llegó a salir de nazarena pero recuerda con nostalgia como "les cosía las túnicas a mis hijas y les preparaba las tulipas".

Pero su fe trasciende de la Semana Santa, para ella ser cristiana es "ser buena persona y darse a los demás ya que Dios te lo devolverá aunque no esperes nada a cambio". La quiosquera pone un ejemplo de ello: "He dado a una persona voluntariamente una limosna y eso ha hecho que después tenga más clientes. Dios me ha recompensado aunque yo no quiera".

Maribel termina la entrevista con una anécdota en la que un joven entró y se escandalizó al escuchar Radio María de fondo, "pegó un grito, en plan broma claro, yo nunca he tenido problemas, y dijo ‘gracias a Dios que soy ateo'. Yo me reí porque involuntariamente dijo gracias a Dios, él era creyente, pero no lo sabía".

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