01/02/2018

Atentado contra nuestros recursos turísticos

Biólogo y empresario turístico (EcoQuijote)

El negocio de la producción intensiva de carne (no voy a llamarlo ganadería), tiene serias implicaciones éticas, medioambientales e incluso de sistema productivo. Se podría hablar mucho de sufrimiento animal o de lo que puede significar la contaminación de nuestros suelos y acuíferos, pero me voy a centrar en las consecuencias que esta actividad puede tener para un sector tan importante para la provincia conquense como es el Turismo.

En mi experiencia como guía de recursos turísticos en nuestras zonas naturales y rurales, me he encontrado muchos choques de intereses entre las actividades turísticas y otras actividades económicas. Es normal que esto ocurra, y por lo general se llega a un punto en que ambas actividades tengan cabida, los turistas puedan disfrutar de una experiencia gratificante, e incluso, a veces pueden llegar a complementarse ambas actividades. Pero hay iniciativas que hacen que las actividades turísticas sean directamente inviables. Eso es precisamente lo que puede ocurrir con la instalación de macrogranjas en nuestra provincia, ya que su imagen, malos olores y el significado negativo que para muchas personas tienen, puede espantar de la zona a los potenciales turistas. Lo más sorprendente del asunto es que la administración esté dispuesta a jugar incluso con la imagen de algunas de las joyas más emblemáticas del turismo provincial.

Aunque ya tenía conocimiento de la problemática de las macrogranjas, fue hace tan solo unos meses, cuando me di cuenta de las implicaciones que podía tener directamente para el turismo conquense. Fue durante una visita a la maravillosa mina de Lapis Specularis de la Mora Encantada. Uno de los visitantes me dijo: "¿Es cierto que quieren poner una granja de cerdos en este pueblo? Creo que sería una muy mala idea". Entonces comencé a informarme más profundamente... y la relación de nombres que comenzaron a salir mareaba, no eran un par de casos, sino decenas de proyectos de macrogranjas, con su imagen, y sus olores, principalmente en zonas rurales y en entornos con un alto potencial turístico. Lo mas sorprendente es que en esa relación salieron lugares que ya tienen un nombre en el mundo del turismo, nombre que las macrogranjas podrían manchar (literalmente). Así, a Torejoncillo se sumaban lugares tan emblemáticos como Fuentes, Cañete o Priego. Afortunadamente, también leí que, pese a los supuestos cantos de sirena de los beneficios económicos, a los ecologistas se suman vecinos, empresarios y, en muchos lugares, los propios ayuntamientos, en la lucha por proteger sus pueblos y sus recursos.

Hace tan solo unos días leí la más que preocupante noticia de, que a pocos kilómetros del mismo yacimiento de la Ciudad Romana de Segóbriga, también se quiere instalar otra de estas macrogranjas. Para una zona que sigue luchando por la ampliación de la ZEPA de la Laguna de El Hito y contra la construcción del Cementerio Nuclear, la aparición de esta nueva amenaza es un verdadero jarro de agua fría.

Con ocasión de la última feria de FITUR y de otros eventos recientes, he escuchado a los principales representantes políticos autonómicos alabar el turismo como motor económico de la provincia de Cuenca y, decir que la apuesta por su desarrollo de forma sostenible es una de las mejores garantías para incentivar la economía y fijar población en la provincia. Pero entonces... ¿Cómo es posible que permitan y fomenten que lugares tan emblemáticos como Segóbriga, Priego, Cañete, Fuentes, la Laguna de El Hito o las minas de Lapis puedan ver ensuciada su imagen con macrogranjas? Parece incomprensible y sinceramente espero que se recapacite y se ponga freno a este atentando contra nuestros recursos turísticos.

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