10/02/2019

Apropiación cultural

La interpretación que hizo Rosalía en la gala de los Premios Goya del inmortal 'Me quedo contigo' de Los Chunguitos ha vuelto a poner sobre la mesa la supuesta apropiación cultural que hace la cantante catalana con la música gitana. Cuando digo "poner sobre la mesa" quiero decir que cuatro o cinco tuiteros, haciendo mucho ruido en esta red social para que alguien les haga algo de caso, han construido esta polémica artificial. En cualquier caso, con eso me basta para animarme a escribir unas pocas líneas sobre este tema.

Lo cierto es que el debate sobre las bondades de eso que llaman apropiación cultural se puede zanjar de un plumazo: Keith Richards y Mick Jagger querían tener el mejor grupo de música negra de Inglaterra, así nacieron los Rolling Stones. Una apropiación cultural que cambió la faz de la tierra. Victoria por KO. No hay más preguntas, señoría, hasta aquí la columna. ¡Un aplauso para Huerta!

En realidad, podríamos seguir ahondando en ejemplos similares al de los Stones. El rock'n roll no hubiera llegado hasta donde llegó sin el empeño de los productores discográficos en poner a blanquitos a imitar lo que estaban haciendo los músicos de color. Fueron tocando teclas hasta que acertaron con la adecuada, un chaval de Tupelo llamado Elvis Presley. Al final el propio mercado musical terminó dando espacio a los artistas negros porque era muy difícil encontrar a tantos paliduchos que fueran capaces de hacer lo que hacían tipos como Chuck Berry, así que  tanto discográficas como oyentes dejaron de lado los prejuicios raciales y los asimilaron. El  resto, de nuevo, es historia: la del rock'n roll desde la década de los sesenta hasta nuestros días.

Tenemos otros  ejemplos con los que demostrar que servirse de los sonidos de una cultura diferente para enriquecer la música propia puede dar fantásticos frutos. Por ejemplo en el flamenco, donde los Smash, desde Sevilla, se pusieron a hacer rock piscodélico, abriendo con su Garrotín un camino que seguirían después gente como Triana, Raimundo Amador y el propio Camarón. Y en el jazz, con Miles Davis jugando a improvisar sobre composiciones de Joaquín Rodrigo, Manuel de Falla y La Alborada de Vigo. ¡Una saeta suena en este disco grabado en Nueva York y nadie en su sano juicio acusaría a Davis de apropiación cultural!

Ni Rosalía está robando nada a los gitanos por hacer flamenco ni Raimundo Amador está robando a los americanos al versionar a B.B. King. Y no hay robo porque la cultura y el arte no están al servicio de razas ni de naciones, son un buffet disponible para que todos cojamos lo que nos apetezca y combinar nuestros platos como queramos. Los resultados de las mezclas pueden ser en algunos casos discutibles. No es ese el caso de Rosalía, que puede despertar ciertos recelos por estar escoltada de una maquinaria comercial muy poderosa, pero que es una enorme artista y una de las irrupciones musicales más interesantes de lo que llevamos de siglo, precisamente por mezclar esa cosa que llaman trap con el flamenco y lograr que tenga sentido.
Tampoco se sostiene la argumentación de que Rosalía está robando foco a otros artistas flamencos, más bien gracias a ella se acercará a este género un tipo de público que era alérgico a las bulerías y soleares. Sus críticos deberán buscar mejores argumentos para atacarla, porque en su caso hablar de apropiación cultural puede considerarse un elogio.
Qué mejor manera de terminar esta columna que con el Me Quedo Contigo. Pero en la versión apropiada culturalmente por Manu Chao, que siempre me ha encantado...

Promedio (0 Votos)
La valoración media es de 0.0 estrellas de 5.
comments powered by Disqus