05/02/2019

'Hijos del Viento' y 'Soleá'

Nueva entrega poética de 'Alajú, morteruelo y rock'n roll', de Rafael Coronado

I
HIJOS DEL VIENTO

"desde los cuatro puntos cardinales
me llegan todos los vientos
no sé lo que me pasa que tengo todos los aires
metidos en el cuerpo"

ROBERTO INIESTA. EXTREMODURO.

Hay un viento noctívago que suspira sonámbulo,
nocherniego jadeo que da aliento a la lucha,
y un clamor de la carne que en la noche profunda
ciñe amor con su abrazo como hijo del viento.

… y de pronto, un destello, una ráfaga, un vuelo:
la escollera del ritmo del embate deseo
cuenta instantes, a veces, sin que el tiempo lo sepa;
la muchacha te nombra y algo hondo eclosiona,
cuando estalla el amor en la lid encelada;
lúbrica sinfonía de la coda en scherzo,
la Rosa de los Vientos en nuestro único mapa,
y en las frentes, la vida, destila su nepentes (1).

Y, a veces, hay un viento que gira la veleta
y  mece soledades, si sólo trae silencio,
silencio hecho canción, como un hijo del viento:
las palabras más hondas, que habitan corazones,
el pensar de ida y vuelta entre amante y amada,
plenitud en la ausencia, la memoria más ancha,
lentitud de la danza, bailarina emoción:
como arriba es abajo; donde el haz, el envés.

Yo, entretanto, tañendo
musical soleá.


(1) NEPENTES.- Licor balsámico que bebían los antiguos que les aliviaba el dolor y la tristeza y que, es de suponer, contenía algún estupefaciente.
(trad.- del poeta Antonio Martínez Sarrión)

Rafael Coronado

II
SOLEÁ

"Me regaló una herida,
cierra de noche, abre de día;
no sufras, Prometeo-me dice siempre que la veo"
ROBERTO INIESTA. EXTREMODURO

Desde que tú no me quieres
me llaman Juan el Vinagre,
y a mi mesa en la taberna
ya no se acerca ni el aire.

Cuando dijiste "me marcho"
se cayeron las persianas,
sólo queda en nuestra casa
sombras, tiempo y telerañas.

Las noches de luna llena
bajo a la playa a escondidas,
pinto tu nombre en las barcas
y me pierdo por la orilla…

… al alba, los pescadores
regresan a la faena:
en tu nombre, velas blancas,
navegando está mi pena.

Desde que tú no me quieres
me llaman Juan el Vinagre,
y a mi sombra en la taberna
ya no se acerca ni el aire.

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