Lunes, 06 de Septiembre de 2010
 
Presos y culpas
 
 

El premio a los mejores rascacielos eVolo 2010  ha sido concedido este año a un proyecto muy especial: una cárcel que trata de rehabilitar a los presos desde su misma concepción arquitectónica. Esta cárcel ha sido denominada “Prisión Vertical” y es un proyecto de los malasios Chow Khoon Toong, Ong Tien Yee y Beh Ssi Cze. Entre tanto nombre raro se esconden ideas muy originales.

Esta “Prisión Vertical” recibe este nombre por ser una cárcel situada sobre la ciudad donde esté instalada. Decimos “sobre” porque está totalmente encima. La cárcel reposa sobre el cielo de la civilización, creando una ciudad para presos donde puedan trabajar por hacer la ciudad de “abajo” un lugar mejor. En la misma aparecerían campos para agricultura, oficinas, talleres y otro tipo de instalaciones para el trabajo.

La idea de esta cárcel es que los internos puedan ver lo que han perdido justo ante sus ojos sin dejar de sentirse “libres” viviendo en otra ciudad, pero no en una cárcel al uso. Desde esta prisión vertical podrían ver la ciudad y a la gente que vive en ella, creando en ellos la sensación de paraíso perdido. Los reclusos trabajarían por crear lo necesario para la vida en la ciudad de abajo sin dejar de tenerla presente. En nuestras cárceles actuales creamos una barrera física entre los presos y nosotros que no se vive sólo en los muros de estas prisiones. Aquí, además de poder ver lo que hay fuera, podrías sentirlo al estar junto a todo aquello.

En nuestra sociedad las cárceles son un instrumento que aleja a los sujetos que consideramos peligrosos lo más posible y durante un tiempo que dé sensación de seguridad a quien ejecuta la pena, pero su verdadero fin debería ser el buscar la rehabilitación. Cuando los creadores del proyecto dieron vida al mismo, pensaron justo en eso: un lugar que permitiera una verdadera rehabilitación, para evitar los delitos en exconvictos y hacer de las cárceles una auténtica solución y no un remedio temporal.

En España, que somos más espabilados que nadie, no se nos escapan este tipo de conceptos, y en lugar de crear prisiones verticales, tenemos a delincuentes de andar por casa. O mejor dicho, presuntos delincuentes de andar por casa. El pasado viernes, en “Sálvame Deluxe”, Julián Muñoz, expareja de Isabel Pantoja y también exconvicto, además de exabulense y ahora auténtico cazador andaluz (lo deduzco por la ropa que llevaba en el programa), soltó una perla que me parece destacable: algo así como que si un juez dictaminase condena contra sus supuestos delitos, él los reconocería y diría que ha robado. Es curiosa la dignidad del ser humano, que, hasta que un juez no le pide que la saque a relucir, está mejor escondida.

No deja de ser curioso que Julián Muñoz no se considere delincuente pero avise de que se reconocerá como tal si un juez le manda otra vez para chirona. Mario Conde, por poner un ejemplo diferente, recobró algo de dignidad a base de aplausos en directo en “La Noria” y publicando un libro. Esperemos que Julián Muñoz también escriba un libro algún día, porque sus memorias pueden ser espectaculares. Si fuera así, supongo que dejará las 20 últimas páginas a disposición del juez, lo que me parece un alarde creativo sin precedentes. En todo caso no le culpemos: sabiendo que no hay rehabilitación posible en las cárceles, su inteligencia demuestra esconder la dignidad por si llegan a tiempo las prisiones verticales.

Esta semana podríamos hacer un ejercicio doble: por un lado, pensemos en qué personas mandaríamos a una cárcel de este tipo para que nos vean desde lo alto y se rehabiliten; por otro, preguntémonos qué culpas llevamos a nuestra espalda y no nos atrevemos a reconocer. Cuando lo hayamos resuelto, mejor no decir el resultado a nadie, que nos pueden acusar de mentirosos, o peor: tramposos. En fin, hemos llegado a un punto en que la palabra de Dios es la palabra del juez y las cárceles sólo sirven para dar miedo. Pues ni dioses ni jueces: mandamos nosotros mismos y nuestra dignidad es la que debe medir la gravedad de nuestros actos, pero en lugar de eso nos olvidamos y sólo nos exponemos a condena si un dios que no existe o un juez que no nos conoce nos insta a ello. Sería muy fácil aprender y ser honrados, pero, siendo realistas, prefiero desear que lleguen las cárceles verticales pronto.