Introducción
Esta mañana me ha pasado lo que casi todas. Me dirigía al trabajo con la bici, como de costumbre, a eso de las 8.45. En la rotonda del Brico King me adelanta un coche a toda velocidad.
-Corre, corre -le dije en mi interior- que llegas el primero al semáforo en rojo.
Cuando yo llegaba a ese semáforo en rojo, cambió a verde, y entonces, el coche de antes salió otra vez con el pie a fondo, haciendo alarde de ruido y humo que me tocó tragar.
-Corre, corre -me repetí- ¿no ves que el siguiente está en rojo otra vez?
Se le puso en rojo, y justo antes de que yo llegase hasta allí, cambió a verde, y volví a escuchar mucho ruido y a respirar mucho humo. El proceso se repitió hasta el Xúcar, donde por fin desvió su camino del mío.
En cambio, durante todo este proceso, yo llevaba un coche detrás. La sensación de impotencia y ansiedad de su conductor se mascaba en el ambiente, ya que no podía desatar los caballos de su coche para adelantarme y llegar antes que yo al siguiente semáforo en rojo.
Pero tuvo suerte. No pudo adelantarme, y me siguió durante casi todo el recorrido. No se si se dio cuenta de que cruzó la ciudad a la misma velocidad media que el coche de delante. No sé si se dio cuenta de que durante la parte del trayecto que me acompañó, gastó menos gasolina, hizo menos ruido, condujo a una velocidad más segura y su coche sufrió menos esfuerzo y desgaste mecánico por aceleración-parada que el coche de delante.
Curiosamente, no me lo agradeció. Debe fastidiar que alguien sea más rápido que tú cuando no se ha gastado tanto dinero en un vehículo, ni tiene que pagar impuestos de circulación, ni seguro obligatorio, ni gasolina... ni contamina.
Pompa
Hoy empieza a señalizarse la Zona 30 dentro de nuestra ciudad. Y eso es algo bueno. Reducir la velocidad siempre es bueno. ¿Por qué?
- Se reduce el ruido. No sólo el motor hace ruido, también el rozamiento de las ruedas con el asfalto, y del coche con el aire. Reduciendo la velocidad, se reducen estos rozamientos, y por tanto el ruido en la ciudad... que no es poco.
- Se reduce la contaminación. Menos velocidad, es menos energía necesaria, por tanto, menos combustible quemado. Cuenca apesta a humo, y con la bronquitis lo noto más que nunca. ¿El truco para consumir todavía menos? A treinta, la marcha correcta, es la tercera.
- Reducción de riesgo de accidentes. Más despacio, más tiempo de reacción. Leí en este medio hace un tiempo los atropellos que se produjeron el año pasado en Cuenca, y son demasiados.
- Reducción de los atascos. Una de las causas de los atascos, aparte de que en Cuenca ya sobran coches, es que cuando el semáforo se pone en verde, la fila de coches necesita mucho tiempo para comenzar a moverse. Yendo más despacio, muchos coches llegarán a la cola más tarde, cuando esta ya haya empezado a moverse... que es lo que me pasa a mí con la bici.
Además sabemos que la velocidad media de un coche que circula por el centro de Cuenca no llega ni por asomo a los 30kmh. No se trata de superar la barrera del sonido entre semáforos, se trata de aumentar la fluidez, y pienso que reduciendo la velocidad máxima, aumentará la fluidez.
Circunstancia
Claro que las cosas hay que hacerlas bien. De nada sirven unas señales si no están acompañadas de sanciones a quienes no las respeten. A saber:
- De 34 a 50 kmh, 100€ de multa.
- De 51 a 60 kmh, 300€ y dos puntos del carnet.
- De 61 a 70 kmh, 400€ y cuatro puntos.
- De 71 a 80 kmh, 500€ y seis puntos.
- De 81 kmh en adelante, 600€, seis puntos, y dos meses sin carnet.
Todos hemos visto a alguno de los del último grupo, y símplemente, no merecen otra cosa. Así que aprovecho para pedir a quien corresponda, que se le de uso, y mucho, al nuevo vehículo-radar de la policía.
Y al Ayuntamiento, palmadita en la espalda. Por fin comienzan a poner coto al abuso de poder del coche. Pero ha pasado mucho tiempo desde que se dijo que la Zona 30 era algo inminente, y todavía quedan muchas muchas cosas por hacer.
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