Valdemeca, localidad de la Serranía conquense, festeja este 2 y 3 de julio las fiestas populares de la Virgen de Belén, unas tradicionales celebraciones que se remontan al siglo XVII.
Los vecinos veneran en estos dos días la imagen de la Virgen de Belén, procesionando por las calles de la localidad con su patrona. Una banda de música recogerá, uno a uno a los tres cargos elegidos el 3 de julio del año anterior, que además representan al poder civil, militar y religioso y que están simbolizados por un bastón, un pincho y una bandera.
Pasacalles, misa e invitación de los cargos para honrar a la patrona
Los cargos, engalanados con un sombrero de fieltro, el bastón, procesionan tras la imagen de la patrona por las calles del pueblo para acabar en la Iglesia parroquial, datada entre el siglo XIV y el XVI. Tras la misa y el canto a la patrona, los presentes acuden al edificio de las Escuelas, en el que los festeros o cargos agasajan a todos los vecinos con una productos populares, magdalenas, aperitivos y chocolate.
Posteriormente, los invitados vuelven a salir en procesión y la misma va dejando a cada cargo en su hogar.
Corrida de la Bandera
Cada 3 de julio se celebra la elección de los tres elegidos que serán cargos al año siguiente. Los vecinos llegan en procesión a la Plaza del Coso, lugar donde se celebrará la elección. Tras la vuelta al coso con el sombrero en el alto y saludando a sus paisanos, los cargos dejan el sombrero en el centro de la plaza y comienzan a bailar una bandera y a oscilarla en giros de 360 grados. Después de varias tandas entres los cargos, preguntan a los concurrentes en voz alta: ¿Hay algún voluntario para la Virgen de la Belén?”. En ese instante, los que optan al cargo saltan hacia el centro para gritar: “Viva la Virgen de Belén”.
Los tres cargos entrantes, convidarán al pueblo al año siguiente, se dirigen a la entrada del pueblo para presenciar la carrera llamada joya, que parte desde el paraje de Villarejo, lugar donde la tradición dice que la Virgen de Belén se apareció a unos pastores.
Las fiestas patronales concluyen con la celebración de la ‘Carne de Toro’ en el paraje de la Dehesilla, donde el pueblo acude a comer y espera que pase un año para volver a venerar a su patrona y continuar con la tradición.
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