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Voces de Cuenca | Contraportada
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08/10/2010 - CUENCA DE MIS OLORES
Por Juan Clemente Gómez

La leña tiene, como Sevilla, un olor especial, mezcla de resina, tomillo seco y sudor de monte, con flecos de invierno, cuentos al amor del hogar, estufa, castañas y saco de piñas cogidas en los llanos de Sotos , a tiro de piedra de Mariana. Es símbolo de recogimiento interior, de paz y armonía familiar, la leña me huele a gloria bendita, en especial la de los pinos lericios, camino de Beamud, Valdemeca y Tragacete rumbo a Albarracín.
En los años gloriosos de los cincuenta mi padre tenía gratis toda la leña del mundo, cuando había cortas por Las Majadas, Alejandro, “el guardeta”, le avisaba en plan fraterno y con sonrisa serrana, entre medioambiental y socarrona:

-Isidoro, hermano, que ya puedes mandar el camión, hay leña de sobra, ya sabes.

Isidoro, que estaba de vuelta cuando iban los demás a buscarse el chusco de cada día, se las pasaba ayudando al personal y cargando el camión para que sus retoños se calentaran a gusto en la calle de la Moneda. Lástima que antes de ir a la estufa la leña había que hacerla a base de hacha , hígado y maña; él la cortaba en la Muralla para no molestar a quienes pasaban por la calle de arriba; un día tuvo la mala fortuna de meter el hacha de través y un palo bravo salió rebotado hacia su frente, es decir que mi señor padre se llevó un buen leñazo, y una cicatriz de recuerdo para toda la vida.

El olor de la leña está unido también a la algarabía de los niños que íbamos a la preparatoria del seminario, en el antiguo edificio de Palafox, Instituto Viejo y origen de la Cáritas actual. El día que llegaba el camión era toda una fiesta para nosotros, a las órdenes del maestro D. Jesús pasábamos los leños cuanto más despacio mejor para alargar el día y no tener clase. En aquella escuela aprendí sobre todo orden, gusto por las cosas pequeñas y sencillas y la palabra “grumo”, asociada a la leche en polvo MADE IN USA.

-Tened cuidado y dadle vueltas a la leche, sin parar, que no se hagan grumos _decía D. Jesús, al tiempo que masticaba una imaginaria granilla de tomate_

Yo me asomaba al enorme caldero y veía con mis propios ojos aquellos entes pegajosos a los que el maestro llamaba grumos.

En los sesenta la Troupe Gómez nos fuimos a las Doscientas, inauguración a bombo y platillo por el señor Obispo D. Inocencio , bajo la tutela del maestro de ceremonias D. Emilio Lopez Drake y nos llevamos una grata sorpresa, teníamos una hermosa leñera para llenarla a nuestro placer. Pronto se vieron revolotear por el barrio bandadas de motocarros llenos de leña para el invierno.

La leña servía también como lazo de unión entre todo el vecindario:

-Si quiere le ayudamos a meter la leña_decía un vecino_

-Venga_decía el otro.

Mi sorpresa fue mayúscula al aterrizar, ya como maestro de Primaria, en la Escuela Unitaria de Puebla del Salvador, en el 1971 y encontrarme a los niños en fila, cada uno con dos palitroques en la mano, uno para la escuela y otro para el maestro.

Mi gusta jugar con las palabras y, aparte de dormir como un leño, decir cosas como “Tu canto me sabe a leña”,”A la leña de Dios” y ”Leña que no has de coger déjala correr”, lo que no me gusta es hacer leña del árbol caído ,repartir leña a diestro y siniestro, y mucho menos darle leña al mono ,aunque sea de goma. ¡Leñe!
 

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