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Voces de Cuenca | Contraportada
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12/11/2010 - Cuenca de mis olores.-En busca del olfato perdido
Por Juan Clemente Gómez

Veo los puestos de las castañeras en Elche y me acuerdo de Cuenca, huelo el agradable tufillo a ahumate y cáscara tostada al carbón y me viene al olfato la visión del tren castañero de los Hermanos Velasco, en la esquina de Mantequerías “La Paloma”, (Ahora librería Almudí) delante de la librería Evangelio, cuando aún no existían semáforos en Cuenca, en pleno cruce neurálgico del vaivén bullanguero de Carretería.

Uno, que vive en Elche exactamente 33 años y tiene el corazón dividido entre Cuenca que le vio crecer y Elche que le vio nacer a la literatura y al periodismo, no sabe a veces cuál es su verdadera madre si la natural o la de adopción . Si con el trenecito de los Velasco o con las paraetas ilicitanas.
 

Con una peseta rubia de paga dominguera pocos milagros podía hacer este olismero aficionado en su infancia de pantalón corto por encima de la rodilla, o castañas en Velasco o futbolín en los billares, (ahora Tintorería Azul),junto al cine España.
Si tenías propina extra la fiesta era completa, con un cucurucho de castañas a jugar al futbolín. Nada más entrar al local había una vitrina con dos boxeadores, mi juego preferido, más allá una mesa de palas de metal que te dejaban los dedos hechos cisco, futbolines con trampa incorporada y billares. Tarde de domingo pasadas por el aroma fiel de las castañas asadas en la máquina de vapor de los hermanos Velasco.
 

Otras castañas andan colgadas de tus neuronas olfativas, como las de tardes invernales en la Olmedilla, en la estufa de los abuelos, cubierta de tierra en la parte superior, lugar ideal para asar este humilde fruto, o la sartén mágica de mamá Amelia en la Calle de la Moneda para pasar en plan familiar la velada del domingo en casa.
 

Por quedarme me quedo, sin embargo, con el tren de los Velasco. Alguien debería pensar en hacer una estatua homenaje a esta familia, presente en varias generaciones de conquenses. No estaría mal un Velasco manipulando el trenecito en un paseo del parque de San Julián, algo así como el monumento al nazareno de la plaza de Cánovas.
 

Dicen que la flor del castaño se llama candela, soñar con un castaño simboliza protección y las castañas, anuncio de trabajo que asegura el futuro. Nada mejor pues, en esta época de paro galopante que soñar con castañas crujientes y sabrosas, echando humillo y vapor celeste, pero mucho cuidado con las castañas pilongas, duras como una piedra que le pueden romper un diente al más pintado.
Sin embargo hay que andar con cuidado que le den a uno un par de castañas y especialmente de pegarse un castañazo, sería ya el colmo; aunque lo más heroico en esta vida, es sacarle a alguien las castañas del fuego, como lo hacen tantos santos anónimos .Hay quienes tienen la facultad de verlos por las calle con un halo celestial sobre sus cabezas, y entonces se acuerdan de lejanas y torcidas intenciones infantiles, propias de niños desperrados, alineados frente a los futbolines de Carretería:
 

La trampa consistía en trucar ( a espaldas del dueño) el depósito de las bolas que caían una y otra vez, sin necesidad de echar monedas, claro que eso era pasarse de castaño oscuro. El dueño que no tenía más castañas que estar ojo avizor tarde o temprano descubría el pastel y entonces tocaba salir pitando como hace el hermano Antonio al pie de la letra, entre pitos y flautas.
Ahora que las canas campan por mis sienes aún me veo empujando el tren de los Velasco, cuesta de santo Domingo arriba, mientras le canto a mi nieto Marcos aquello de ¡Palmas palmitas ,higos y castañitas…..! ¡Toma castaña!
 

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